Psiquiatría

El insomnio es en realidad un mecanismo de supervivencia

Los cambios del sueño comunes con la edad pueden haber ayudado a nuestros antepasados a sobrevivir por la noche

El insomnio tiene una explicación en las conductas del ser humano
El insomnio tiene una explicación en las conductas del ser humanolarazon

Una noche sana de sueño se vuelve más difícil de alcanzar a medida que la gente envejece. Pero lo que algunos llaman insomnio en realidad puede ser un mecanismo de supervivencia milenaria, informan investigadores. Un estudio de cazadores-recolectores modernos en Tanzania encuentra que, para las personas que viven en grupos, las diferencias en los patrones de sueño comúnmente asociados con la edad ayudan a asegurar que por lo menos una persona esté despierta en todo momento, informa Europa Press.

La investigación sugiere que los horarios de sueño no coincidentes y las noches inquietas pueden ser un remanente evolutivo de un tiempo hace muchísimos años, cuando un león al acecho en la oscuridad podría tratar de comer a una persona a las dos de la madrugada. «La idea de que hay un beneficio de vivir con los abuelos ha existido durante un tiempo, pero este estudio extiende esa idea a la vigilancia durante el sueño nocturno», señala el coautor del estudio David Samson, que era investigador postdoctoral en la Universidad de Duke, en Durham, Carolina del Norte, en el momento del estudio.

Los habitantes de Hadza, en el norte de Tanzania, viven de la caza y la recolección de sus alimentos, siguiendo los ritmos de día y de noche, tal como lo hicieron los seres humanos durante cientos de miles de años antes de que comenzaran a cultivar y pastorear el ganado.

Los Hadza viven y duermen en grupos de entre 20 a 30 personas. Durante el día, hombres y mujeres van por caminos separados para buscar tubérculos, bayas, miel y carne en los bosques de la sabana cerca del lago Eyasi de Tanzania y sus alrededores. Luego cada noche se reúnen en el mismo lugar, donde jóvenes y ancianos duermen fuera junto a su hogar o juntos en chozas de hierba y ramas tejidas. «Son tan modernos como tú y yo, pero nos cuentan una parte importante de la historia evolutiva humana porque viven un estilo de vida que es el más parecido a nuestro pasado de caza y recolección», señala la coautora Alyssa Crittenden, profesora de Antropología en la Universidad de Nevada, en Las Vegas, Estados Unidos. «Duermen en el suelo y no tienen iluminación sintética o control de la climatización, rasgos que caracterizan el ambiente del sueño ancestral de los primeros seres humanos», dice Crittenden.

Como parte del estudio, 33 hombres y mujeres sanos de 20 a 60 años de edad aceptaron usar un pequeño dispositivo similar a un reloj en sus muñecas durante 20 días, con los que se registraron sus movimientos nocturnos minuto a minuto. Los investigadores detectaron que los patrones de sueño de los Hadza rara vez estaban en sincronía. En promedio, los participantes se acostaron poco después de las diez de la noche y se despertaron alrededor de las siete de la mañana, pero algunos tendían a retirarse tan pronto como a las ocho de la noche y despertarse a las seis de la mañana, mientras que otros se quedaron despiertos hasta las 11 de la noche y no se despertaron hasta después de las ocho de la mañana.

En el medio, despertaron del sueño varias veces durante la noche, dando vueltas y girándose o levantándose para fumar, ocuparse de un bebé llorando o aliviándose antes de dar una cabezada de nuevo. Como resultado, los momentos en los que todo el mundo estaba durmiendo al mismo tiempo eran raros. De las más de 220 horas totales de observación, los investigadores se sorprendieron al encontrar sólo 18 minutos en los que todos los adultos estaban durmiendo al mismo tiempo. En promedio, más de un tercio del grupo estaba despierto, o dormía muy ligeramente, en un momento dado. «Y eso es sólo de los adultos sanos, no se incluye a los niños, ni a las personas que estaban heridas o enfermas», detalla Samson, ahora profesor asistente de Antropología de la Universidad de Toronto en Mississauga, Canadá. Sin embargo, los participantes no se quejaron de problemas de sueño, añade Samson, cuyo trabajo se publica este miércoles en ‘Proceedings of the Royal Society B’. Los hallazgos pueden ayudar a explicar por qué los Hadza generalmente no envían centinelas para vigilar durante toda la noche, puesto que no es necesario, dicen los investigadores. Su variación natural en los patrones de sueño, junto con el sueño ligero o inquieto en los adultos mayores, es suficiente para asegurar que al menos una persona esté en guardia en todo momento. «Si usted está en una etapa más ligera de sueño estaría más en sintonía con cualquier tipo de amenaza en el medio ambiente», dice el coautor Charlie Nunn, profesor de Antropología Evolutiva en Duke. Estudios previos han encontrado patrones similares en aves, ratones y otros animales, pero ésta es la primera vez que se ha probado el fenómeno en los seres humanos, añade Samson.

Los investigadores encontraron que los horarios de sueño desalineados eran un subproducto del cambio de patrones de sueño común con la edad. Los participantes mayores de 50 y 60 años se acostaron antes y se despertaron antes que los de entre 20 y 30 años. Llaman a su teoría la «hipótesis del abuelo mal dormido», cuya idea básica es que, durante gran parte de la historia de la humanidad, vivir y dormir en grupos de edad mixta de personas con hábitos de sueño diferentes ayudó a nuestros antepasados a mantener un ojo atento y hacerlo durante la noche. «Cada vez que hay una población de grupos mixtos, algunos se acuestan temprano y otros más tarde --dice Nunn--. Si eres mayor, eres más bien una alondra matutina, si eres más joven eres más un búho nocturno». Los investigadores esperan que los resultados cambien nuestra comprensión de los trastornos del sueño relacionados con la edad. «Muchas personas mayores van a los médicos quejándose de que se despiertan temprano y no pueden volver a dormirse. Tal vez algunos de los problemas médicos que tenemos hoy podrían explicarse no como trastornos, sino como una reliquia de un pasado evolutivo en el que fueron beneficiosos», resume Nunn, quien también dirige el ‘Triangle Center for Evolutionary Medicine’ o TriCEM. EP