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Cuando la vida te da una bofetada en el alma

Los Teatros del Canal estrenan «Un obús en el corazón» del libanés Wajdi Mouawad, autor de obras tan importantes como «Incendios», con la guerra del Líbano como telón de fondo

  • Hovik Keuchkerian protagoniza el largo e intenso monólogo de «Un obús en el corazón»
    Hovik Keuchkerian protagoniza el largo e intenso monólogo de «Un obús en el corazón»
Juan Beltrán.  Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

06 de enero de 2017. 02:30h

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Juan Beltrán.  Madrid. 6/1/2017

«Nunca se sabe cómo empieza una historia. Nunca se sabe. Quiero decir que cuando empieza una historia y esa historia te pasa a ti, tú no sabes cuándo empieza. Lo que quiero decir es que tú no vas por ahí andando tranquilamente por la calle y de repente dices, mira, ¡una historia que empieza! Quiero decir, no se sabe», con este inicio tan demoledor comienza Hovik Keuchkerian el monólogo de «Un obús en el corazón» de Wajdi Mouawad, que, traducido y dirigido por Santiago Sánchez, de L’Om-Imprebís, llega a los Teatros del Canal. El joven Wahab sale de casa; una llamada en medio de la noche lo ha alertado. Alguien, al otro lado del teléfono, le ha dicho: «Ven» y Wahab ha salido a una ciudad extraña abatida por la nieve para vivir la noche más fría de su vida. El frío hiela las pestañas y corta las mejillas como si fuera un cuchillo. ¿Quién lo ha llamado? ¿Qué va a ocurrir? Sube al autobús, va al hospital a ver a su madre enferma. Todo comenzó cuando tuvo que abandonar su país, su calor, el día que olvidó la forma del rostro de su madre... Ahora se encuentra errante en esta ciudad enfrentándose a sus miedos y a su pasado.

- Una vida de abandonos

Para Santiago Sánchez, «Mouawad es uno de los grandes dramaturgos del siglo XXI. Lo descubrí en Nantes en 2007. “Incendios” me deslumbró –posiblemente el mejor texto teatral de este siglo, el más interesante e impactante–. En 2008 encontré éste, adaptación de su novela «Visage retrouvé» («La cara reencontrada») y lo traduje como un placer. En 2009 lo tenía, pero no sabía quién podía interpretarlo, buscaba un actor especial y acabó en un cajón hasta que, casualmente, oigo en la radio el nominado al Goya al mejor actor revelación por “Alacrán enamorado”, Hovik Keuchkerian, doble campeón de España de boxeo, nacido en el Líbano, de padre armenio y madre navarra, que vive aquí. Además, me impacta su persona y su discurso. Me propuse conocerlo, hablamos, conectamos. Había encontrado al actor ideal para encarnarlo –literalmente–. Sería difícil encontrar a alguien más adecuado para esta obra. Para él, más que una obra era una experiencia particular y emocional. Eso aporta un plus de vida y sentimiento personal fundamental en esta propuesta», comenta.

Una obra autobiográfica con la guerra del Líbano de fondo y una imagen que lo marcó profundamente y también está en «Incendios». Con ocho años vio rociar de gasolina un autobús lleno de gente, prenderle fuego atrancando las puertas para que nadie pudiera salir. Algo tan bestial lo lleva a preguntarse «cómo seguir viviendo después de haber visto esto». Wajdi habla del exilio forzoso y de esa incomprensión de algunas decisiones de los padres. «Para mí –reflexiona el director–, no nos habla del problema concreto, su grandeza va más allá, habla de todas las pérdidas de nuestra vida, de todos los abandonos –ciudades, familia...–». Trasciende la anécdota para ir a lo humano. Su teatro puede definir como de gran humanidad. Esa cara reencontrada es la de su madre, una mujer hermosa, de pelo dorado, guapa, de ojos brillantes llenos de vida y alegría a la que este día descubre pálida, demacrada, con el pelo lacio, la mirada hundida... marcada por la enfermedad. Piensa que no es su cara, no quiere reconocerla. En el trayecto de su casa al hospital, después de vomitar y sacar todo su odio y rencor por esa mujer que lo sacó de su cálido país donde vivía plácidamente, está atravesando la noche más fría de su vida. En ese camino va a encontrar algo fundamental, el reconocimiento y el perdón con una madre que se va».

Wajdi escribe con sinceridad, en primera persona, desde el estómago, pero además, es un gran poeta, su lenguaje es pura poesía y esto provoca una conmoción estética. Emocional y sentimentalmente busca la catarsis que hace bien al espectador, identificado en sus propias experiencias. Como estudioso de la tragedia griega, hay catarsis final, pero con un halo de esperanza. Si se quedara sólo en lo trágico sería terrible, desolador. El perdón es su gran fuerza, el reencuentro, el poder abrazar a la madre muerta y decirle: «Nos ha faltado tiempo para decirnos te quiero, para conocernos mejor. Ahora entiendo tu sacrificio por mí, gracias a tu decisión estamos aquí». En ese momento –afirma Sánchez–, la tragedia se convierte en algo luminoso, emociona, alumbra. El espectador sale conmocionado, pero revitalizado por ese hálito positivo final. Es una obra de digestión tranquila, para verla, pensarla y asimilarla», apostilla.

- Enfrentarse a los miedos

Por otro lado, es curioso el paralelismo entre la vida del autor y del actor, Hovik Keuchkerian. «Nací en Beirut en 1972 y él en 1968. Los dos lo abandonamos por la guerra en 1975, él con seis años, yo con tres. Apenas tengo recuerdos, he oído historias de mi familia de cuando éramos niños allí y para mí es un viaje muy intenso. Yo nunca fui al teatro. Cuando Santiago me mandó el texto lo leí tres veces seguidas, me emocioné, lloré y le pedí hacerlo. Aparte de la guerra o la madre, habla de algo sencillo y complicado a la vez que, quieras o no, antes o después en tu vida tienes que encarar tus miedos, enfrentarte a ellos voluntaria o involuntariamente para crecer, reconocerte y renacer. Habla de la capacidad de reconstruirnos partiendo de nuestras oscuridades, de cosas que nos pasan en la vida sin elegirlas pero nos ayudan a ser mejores personas. Es una obra tan brutal, que no es suficiente con verla una vez. Te da una bofetada en el alma que te conmociona. Cada vez que la hago descubro cosas nuevas de mí y de la vida porque cahda verso te pega en un lugar diferente. El espectador encontrará una historia de liberación de esos miedos, una respuesta definitiva al dolor acumulado, quizá una redención», concluye.

Wajdi Mouawad, un fenómeno sin límites

Nació en Líbano en 1968 y se ha convertido en uno de los mayores fenómenos teatrales del mundo en lo que va de siglo. Con ocho años su familia huyó a París por la guerra civil. Posteriormente emigraron a Quebec. Allí estudió en la Escuela Nacional de Teatro de Canadá y obtuvo su diploma en 1991. Escritor, actor y director, ha creado varias compañías teatrales. Es un gran conocedor de Sófocles –al que ha traducido al completo–, y de la tragedia griega. Alcanzó renombre internacional con su tetralogía «La sangre de las promesas» –«Bosques», «Litoral», «Incendios» y «Cielos»–, que presentó en 2009 en el Festival de Aviñón. En 1910 «Incendios» fue llevada al cine por Denis Villeneuve y nominada al Oscar.

- Dónde: Teatros del Canal (Sala Negra). Madrid.

- Cuándo: del 9 al 29 de enero.

- Cuánto: desde 19 euros.

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