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Empresa y medio ambiente, obligados a entenderse

  • El objetivo de la Unión Europea es que nuestros hijos y nietos hereden un Planeta sin emisiones contaminantes
    El objetivo de la Unión Europea es que nuestros hijos y nietos hereden un Planeta sin emisiones contaminantes
C. Ruiz.  Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

25 de septiembre de 2017. 12:04h

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En el Consejo Europeo de marzo de 2007, se definieron algunas de las estrategias energéticas de la Unión Europea, que establecía, entre otras metas, los Objetivos 20/20/20. Dichas directrices pasaban por reducir en un periodo de 13 años un 20% las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) respecto al año 1990; conseguir que el 20% del consumo energético de la UE procediera de energías renovables, y aumentar en un 20% la eficiencia energética, de manera que el consumo se pudiera reducir en la misma proporción.

Sin embargo, los objetivos de este plan son más ambiciosos, sobre todo, a largo plazo, ya que establecen que, para cumplir con el Acuerdo de París, en 2050, se deberá ir hacia un modelo de descarbonización de la economía, en el que casi el 100% de la producción energética sea de origen renovable. El objetivo es que, hacia finales de siglo, carbón y petróleo formen parte del pasado, y que nuestros hijos y nietos puedan heredar un Planeta en el que no existan emisiones contaminantes.

Entre ambas fechas, la UE ha fijado un año intermedio, 2030, en el que plantea una bajada de las emisiones con respecto a 1990 del 40%. En dicha fecha, el peso de las renovables debe elevarse hasta el 27% y el ahorro energético también debe alcanzar este porcentaje.

Elevado coste

Se trata, sin duda, de una iniciativa ambiciosa que requerirá, además de un cambio de mentalidad y de costumbres, de importantes desembolsos. Para que España cumpla con los objetivos de reducción de CO2 establecidos por la Unión Europea para mediados de siglo, se deberían llevar a cabo unas inversiones por valor de entre 330.000 y 385.000 millones de euros, es decir, una media de 10.000 millones de euros al año, tal y como revela el informe elaborado por Monitor Deloitte «Un modelo energético sostenible para España en 2050».

Esta realidad requerirá de la implicación no sólo de las administraciones públicas y los ciudadanos, sino también de las empresas. Aunque el compromiso empresarial con el medio ambiente está fuera de toda duda, desde la Confederación Española de Organización Empresariales (CEOE) advierten de que las «reglas del juego» deben ser iguales para todos. Y es que hay que recordar que recientemente Estados Unidos se desmarcó del Acuerdo de París. «Si no todos los países cumplen los compromisos medioambientales, la competitividad de las empresas europeas, en general, y de la españolas, en particular, se puede ver erosionada», asegura Iván Albertos, responsable de Energía de la patronal empresarial.

Lo que sí es una realidad constatable es que la apuesta de las compañías españolas por los aspectos ambientales ha crecido de forma progresiva en los últimos años, y no sólo por las directrices de Bruselas. «En un comienzo, los esfuerzos en esta materia se hacían como consecuencia de la legislación ambiental emanada principalmente de Europa. Sin embargo, en la última década este compromiso es mucho más autónomo y parte del convencimiento de la importancia de estas cuestiones para el sostenimiento de la empresa», explica Carlos Martínez, presidente de IMF Business School. Si bien hace unos años todas las empresas contaban con un especialista en finanzas o en recursos humanos, hoy, es fundamental en cualquier compañía de tamaño medio, con una actividad industrial o que pueda tener un impacto en el medio ambiente, contar con un profesional que lleve esos temas y que esté adecuada y suficientemente formado. Actualmente, las cuestiones ambientales son un elemento de la gestión empresarial tan importante como las cuestiones económicas o las sociales. «La concepción de la empresa como un elemento aislado de su entorno está absolutamente fuera de contexto hoy en día. Así, la forma en la que nos interrelacionamos con el entorno puede resultar clave», asegura Martínez.

Una empresa más eficiente y menos contaminante es también más rentable. De hecho, en algunos sectores, las empresas más comprometidas con la sostenibilidad son las más competitivas. En este sentido, Martínez considera que cuestiones ambientales afectan de forma directa a los resultados en materias como la producción, la gestión de recursos, los ahorros energéticos, el control de emisiones o la generación de residuos. «Un control de todos estos elementos pueden suponer importantes recortes que faciliten la viabilidad económica de las empresas. Además, las más respetuosas con el medio ambiente son mucho más atractivas desde el punto de vista de la inversión, por lo que tienen más capacidad de acceso a financiación o ampliaciones de capital», añade Martínez.

Economía circular

Esta misma semana, la ministra de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, y el comisario europeo de Medio Ambiente, Karmenu Vella, firmaron el «Pacto por una Economía Circular: El compromiso de los agentes económicos y sociales 2018-2020», al que se han sumado 53 entidades, cuyo objetivo es impulsar la transición baja en emisiones a través de conjunto de acciones concretas. La Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC), la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) o Ecovidrio son algunas de las organizaciones que se han adherido al acuerdo.

Y es que desarrollo económico y medio ambiente, hasta hace poco años enemigos irreconciliables, han reconducido su relación y, hoy en día, más que nunca, están obligados a entenderse. Surge un nuevo concepto, el de la ecoeficiencia, una idea que significa añadir cada vez más valor a los productos y servicios, consumiendo menos materias primas, generando cada vez menos contaminación a través de procedimientos que sean ecológica y económicamente eficientes y previniendo los riesgos.

Sostenibilidad

Esta preocupación creciente ha dado lugar a la creación de índices de sostenibilidad, como el Dow Jones Sustainability Index, considerado por muchos la referencia del concepto sostenible y responsable para los mercados. Indra es una de las compañías españolas que forma parte del índice. De hecho, la empresas tecnológica ha renovado recientemente su presencia en el mismo, con lo que ya son doce años seguidos de permanencia. La compañía que presiden Fernando Abril- Martorell es una empresa comprometida con la eficiencia energética, la sostenibilidad y el medio ambiente. De hecho, algunos de los últimos proyectos en los que está trabajando están orientados hacia esta ecoeficiencia. Así, ha desarrollado junto a Repsol una tecnología única en el mundo para la detección automática y temprana de fugas de hidrocarburos en la superficie acuática, HEADS (Hydrocarbon Early Automatic Detection System). Asimismo, es una de las grandes impulsoras de las redes inteligentes («smart grid»), unas de las principales herramientas de eficiencia energética. Su solución permite la monitorización y control directo de redes de media y baja tensión, así como la integración eficiente de recursos energéticos distribuidos . Indra también se ha convertido en la empresa de referencia en España para que empresas y particulares logren la certificación LEED de construcción sostenible. La compañía ha logrado que el 100% de los edificios para los que ha prestado sus servicios de consultoría hayan sido certificados. Entre su proyectos, destaca la certificación LEED Oro del Centro de Proceso de Datos del BBVA en Tres Cantos (Madrid). Gracias a las mejoras implantadas con el asesoramiento de Indra, el edificio consumirá un 27% menos de energía y un 50% menos de agua potable.

Las renovables ganan peso

La renovables ganan, año tras año, peso. En 2016, el 40,8% del total de generación tuvo su origen en energías limpias, frente al 36,9% del año anterior, según datos de REE. Por tecnologías, la nuclear, con un 22,9%, encabezó la producción energética peninsular, seguida de la eólica (19,3%) la hidráulica (14,6%) y el carbón (14,4%), mientras que el restante 28,8% de la generación se repartió entre los ciclos combinados (10,5%), la cogeneración (10,4%), la solar (5,2%) y otras (residuos y otras renovables, 2,7%). Este aumento de renovable en el «mix» de generación peninsular se tradujo en un descenso en las emisiones de CO2 en relación al año anterior de un 18,3%, hasta 63,5 millones de toneladas.

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