sábado, 19 agosto 2017
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Economía

¿Está España preparada para ser un país bilingüe?

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Los ponentes de la mesa redonda. De izquierda a derecha, Carlos Iglesias, Xavier Ballesteros y David Calafat
Los ponentes de la mesa redonda. De izquierda a derecha, Carlos Iglesias, Xavier Ballesteros y David Calafat

España es un país de acogida de extranjeros y con regiones que tienen dialectos propios, por ello en el territorio nacional conviven buena cantidad de idiomas. No obstante, hasta hace bien poco a los españoles les ha costado aprender lenguas diferentes a la suya, ya fuese por no comprender su necesidad, o porque el sistema educativo no estaba preparado. Ahora, los colegios, para ser competitivos, deben ofrecer enseñanza bilingüe, y los adultos se ven abocados a aprender idiomas para tener opciones dentro del mercado laboral. Pero, ¿se estudian adecuadamente las lenguas extranjeras? Para responder a ésta y otras preguntas, LA RAZÓN convocó un debate en el que participarton Xavier Ballesteros, jefe de Operaciones Regionales de Cambridge English; David Calafat, director de Comunicación de Infoidiomas, y Carlos Iglesias, director de Producto de Global Link Idiomas.

Cuando se debate sobre idiomas, el primero que viene a la cabeza es el inglés porque «es global, con 1.500 millones de personas que lo hablan y sólo 325 millones de ellos son nativos. Por lo tanto, cuatro de cada uno de quienes lo usan con regularidad no ha nacido en una país con lengua anglosajona», argumentó Ballesteros, quien aseguró la importancia de aprender de este idioma que se ha convertido en uno de los protagonistas de la educación española por la vorágine de los centros bilingües. En principio, esta clase de enseñanza sólo la ofrecían los colegios privados, pero las administraciones autonómicas ya han impulsado los programas de bilingüismo en los públicos, tendencia que, explica Calafat, «en Madrid comenzó en 2004 con más de 1.100 estudiantes que se presentaron el curso pasado a las Pruebas de Acceso a la Universidad, así que, por fin, tenemos los datos de la primera generación que ha completado una enseñanza bilingüe. Esos alumnos sacaron un 7,32 de nota media en la PAU, un punto más que el resto de compañeros». Un éxito académico que se lleva notando desde hace años y que ha supuesto que «en Madrid el 64% de los colegios públicos tengan una sección bilingüe», añade Calafat.

Claro que, ante el vacío de un plan estatal por la educación, ésta queda en manos de las comunidades autónomas, y los estudiantes de las más prósperas como la que alberga la capital, Cataluña o País Vasco tienen mayor acceso a colegios bilingües que en otras regiones que, por una cosa, la económica, u otra, la poca visión de futuro, no han puesto el énfasis en ese programa educativo. Así, se produce un desequilibrio entre los alumnos de unas CCAA que tienen más posibilidades de alcanzar una enseñanza consumada del inglés. Pero la escasez de recursos no sólo supone que en algunas regiones los estudiantes no posean las mismas ventajas, sino que el problema se traslada a la formación de los profesores que imparten materias bilingües, ya que «no están preparados», admite Iglesias. Se debe a que en los propios centros no se les otorga el adiestramiento necesario. Para solucionarlo, Iglesias reclama «medidas estatales», y una revisión de las establecidas porque las pioneras «se realizaron a golpe de martillo y son un poco populistas», buscando un efecto de choque que, eso sí, se ha producido, logrando que «en los últimos 15 años en este país se haya ganado algo de la conciencia social que nos faltaba de tener un segundo idioma», comenta.

Calafat también señala la mentalidad española como uno de los factores que han impedido que la enseñanza del inglés crezca a mayor ritmo. Según él, «tenemos un complejo a la hora de expresarnos en público, y peor si debemos hacerlo en otro idioma». Obstáculos que no sólo proceden de la identidad nacional, sino de la ausencia de exámenes orales o de la enseñanza de la retórica en las aulas en un sistema educativo que, en cuanto a los idiomas, «está en proceso de transición», asegura Calafat, y aporta datos optimistas: «En el ranking de países con mejor nivel de inglés de la Unión Europea España ocupa el 19º puesto, mientras que países de nuestro entorno como Francia, es 24º, e Italia 21º. Si esta lista hubiese salido hace 10 años a lo mejor estábamos detrás de ellos». Y es que los colegios han cambiado la metodología para enseñar lenguas extranjeras. «Cada vez se le da más importancia a la comunicación y no tanta a la gramática», indicó Ballesteros. «Además, habría que darle más intensidad al aprendizaje, es decir, aumentar el número de horas». Aunque también señala que «los alumnos se deben exponer más al idioma y aprovechar que nunca hemos tenido tantas oportunidades para aprenderlo desde casa, viendo series en versión original subtituladas, por ejemplo».

Si se prefiere aprender con ayuda de un profesional en lugar de hacerlo por iniciativa propia en el hogar, existen numerosas opciones, como los cursos de verano en países anglosajones o los años académicos en el extranjero. En caso de escoger esta alternativa, Iglesias comentó que «4º de la ESO es el curso ideal para irse a estudiar fuera y conocer otro idioma y la cultura que lo comprende». En este sentido, reflexiona que «los precios de un plan anual de estudios en colegios públicos de Estados Unidos son bajos, entre 8.000 y 9.000 euros, gracias al visado J1 que ofrece ayudas a alumnos extranjeros. La crisis ha provocado que estos programas crezca bastante porque los padres, ya que van a realizar una inversión alta, quieren que su hijo la aproveche de verdad». La recesión económica también ha provocado, asegura Calafat, «que estén de moda los campamentos de inmersión en inglés en España, pero no es lo mismo ir a Asturias que a Irlanda porque en la mayoría de ellos sólo se imparten un par de horas de clase en el idioma al día». Aunque admite que, si se busca lo bueno y barato dentro de nuestras fronteras, se encuentra, porque «algunos son de 100% inmersión e incluso acogen a estudiantes extranjeros».

«En un mundo globalizado, en el que la movilidad laboral y estudiantil es tan relevante, y la comunicación es internacional», explica Ballesteros, aprender cuantos más idiomas posibles se convierte en una necesidad para alcanzar el éxito laboral, ya que es una exigencia del mercado; aunque Carlos Iglesias dice que respecto a la comunicación social con cualquier persona de una nacionalidad extranjera no es «natural tener un tercer idioma» porque con el inglés es suficiente. Sobre todo lo es para quienes no tienen las cualidades para abordar el estudio de una lengua, ya que cada persona posee sus propias capacidades. Por eso en los colegios bilingües hay alumnos que no pueden seguir el ritmo de las clases en un idioma nuevo, por lo que Iglesias propone que se «produzca un desdoblamiento entre los que avanzan rápido y los que les cuesta un poco más». Esta profesionalización de la vida, que implica dedicar el tiempo libre al aprendizaje de ciertas competencias básicas para incrementar las posibilidades de acceder a un trabajo, puede provocar una frustración en aquellos que reclaman su derecho a la pereza. O, simplemente, sus limitaciones en algunas materias que se consideran esenciales son muchas, mientras que guarda un talento en otras a las que no se le presta la misma atención. La suerte o la genética decidirán quienes requerirán menos esfuerzos para captar el idioma global que ya es fundamental en la carrera escolar, el inglés.

Una reforma fiscal clave

Aprender un idioma no es sólo cosa de niños, aunque con el paso de los años es más complicado interiorizar una lengua extranjera, muchos españoles que han perdido su trabajo durante la crisis han tenido que esforzarse por incorporar en su currículo un certificado de inglés que les vuelva a abrir las puertas del mercado laboral. Sin embargo, dice Xavier Ballesteros que “los adultos, a diferencia de los niños, son más conscientes del sacrificio que están haciendo por estudiar un idioma en su tiempo extra, quieren resultado inmediatos y por eso su motivación cae rápido”. Una de las cosas que más puede desanimar a una persona de avanzada más a la que se le exige un título en lengua extranjera es, para David Calafat, “que luego vean que sus líderes, en las cumbres internacionales, no se relacionan con otros sin el traductor delante porque no saben inglés”. Y es que ver que quien debe predicar con el ejemplo, no lo hace, lleva a la desgana y en el caso de aprender un idioma esa sensación puede ser definitiva porque, como admite Carlos Iglesias, “también depende de tus estados de ánimo”.

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