jueves, 22 junio 2017
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    Alfonso Ussía
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Internacional

La economía, la moral y Europa centran el debate electoral francés

  • Los escándalos de corrupción que salpican a Le Pen y Fillon se han colado en la campaña al mismo nivel que la pérdida del poder adquisitivo.

Un pintor local entrega, ayer, al presidente Hollande un retrato en un suburbio de París
Un pintor local entrega, ayer, al presidente Hollande un retrato en un suburbio de París

El medio ambiente y la defensa del planeta podrían haber sido dos grandes temas de esta campaña presidencial. Benoît Hamon salió victorioso de las primarias socialistas con un programa con un fuerte acento ecologista, pero el 8% que le dan los sondeos refleja la incidencia de su discurso entre los electores. En realidad, el gran asunto de estas elecciones se ha invitado él sólo y de improvisto: la moralización de la vida política. El causante ha sido François Fillon, inculpado por «desvío de fondos públicos, complicidad y encubrimiento de abuso de bienes sociales» por el trabajo supuestamente ficticio de su esposa y dos de sus hijos como asistentes parlamentarios. Fillon no es el único, también Marine Le Pen está siendo investigada por supuestos empleos ficticios, en su caso en el Parlamento Europeo, y el ministro del Interior, Bruno Le Roux, fue obligado a dimitir por un caso similar. Todos los candidatos se han visto obligados a ofrecer soluciones para moralizar la vida política y mejorar la visión que la mayoría de los ciudadanos tiene de los políticos: tres de cada cuatro consideran que son corruptos.

El candidato conservador, que tenía que debatirse entre defender su inocencia y responder a esta aspiración, ha optado por un servicio mínimo, y ha prometido la creación de una comisión sobre la transparencia y la moralización de la vida política a la que encargará que haga propuestas sobre este tema. Sus principales contrincantes, Jean-Luc Mélenchon y Emmanuel Macron, se han comprometido de inmediato a prohibir que un diputado pueda contratar a alguien de su familia. Además, Mélenchon, el más activo en este tema, quiere prohibir que una persona condenada por corrupción pueda presentarse a unas elecciones y que los diputados reciban regalos. En cuanto al socio-liberal, éste prohibirá que los diputados tengan actividades paralelas de consultoría, y terminará con el régimen especial de pensiones de los diputados.

La líder del Frente Nacional ha preferido pasar a otros temas. Y entre sus favoritos está el futuro de Francia y Europa. Animada por la decisión de los británicos de abandonar la UE, Le Pen considera que hoy esa salida es posible y va a proponer a los franceses un referéndum. Además propone recuperar la soberanía monetaria y abandonar el euro. En la misma línea, Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, propone «la salida concertada de los tratados europeos» y la negociación de otras normas en concertación con todos los países que lo deseen, o simplemente la salida francesa.

De los llamados «pequeños» candidatos, tres son aún más radicalmente antieuropeos, como François Asselineau, que considera la UE como «una dictadura impuesta al pueblo francés» de la que hay que salir sin ningún tipo de negociación. En cambio, Macron propone una reforma concertada del euro para darle un presupuesto, un ministro de Finanzas y un Parlamento, mientras que Fillon propone profundizar en la integración europea, especialmente en materia monetaria, e impulsar el eje franco-alemán como motor de Europa.

Cuando los «affaires» de Fillon ocupaban la primera página de los periódicos, el candidato de Los Republicanos insistía en que no se podía hablar de los temas que de verdad interesaban a los ciudadanos. Y en parte no le faltaba razón. Especialmente uno: el poder adquisitivo. Aunque éste ha permanecido estancando en los últimos años, la sensación que tienen es que ha ido a peor. Para afrontar este desafío, los candidatos no están faltos de ideas: Macron promete suprimir el impuesto de vivienda al 80% de los hogares, una medida que ha cifrado en 10.000 millones de euros, y también propone exonerar de impuestos las horas extras.

Fillon favorecerá a los pensionistas revalorizando las pensiones más bajas y reducirá de forma general las cotizaciones sociales de los trabajadores 350 euros al año. Mélenchon aumentará el salario mínimo a 1.326 euros. El más original de todos, Hamon, propone un salario universal, aunque su promesa ha perdido algo de su frescura original. Ha dejado de ser «universal» y se aplicará sólo para apoyar a los que ganen menos de 2.800 euros.

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