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La reserva americana del trumpismo

365 días después de la jornada electoral que dio la presidencia al magnate neoyorquino, apenas hay rastro de arrepentimiento en Luisiana. «Está haciendo un buen trabajo», aseguran sus vecinos.

  • Cientos de seguidores aplauden a Donald Trump en un mitin durante la pasada campaña eletoral
    Cientos de seguidores aplauden a Donald Trump en un mitin durante la pasada campaña eletoral

Tiempo de lectura 4 min.

08 de noviembre de 2017. 15:31h

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Esther S. Sieteiglesias Enviada especial. 8/11/2017

En Luisiana, nunca un candidato había recibido tantos votos en la historia como Donald Trump. Al contrario, su rival Hillary Clinton fue la candidata demócrata con menos apoyos y menos porcentaje total estatal desde 1988. Trump obtuvo el 58,1%, es decir 1,18 millones de sufragios, mientras que Clinton un 38%, 779.000 votos. Y los demócratas suelen lograr el 40%. El senador del Estado de Luisiana Danny Martiny, con más de 22 años representando cargos en las filas republicanas, explica a LA RAZÓN que es normal que el apoyo a Trump siga estable. «Esto es un Estado sureño. Somos conservadores. El apoyo al presidente sigue ahí, no es arrollador, pero está». Además, Martiny reconoce que Clinton no era lo que los demócratas buscaban en una candidata, algo que allanó el camino a Trump.

Ha pasado un año y, según las encuestas, el apoyo al magnate en Luisiana ronda el 50%, aunque en sus calles parece aún mayor. Jean Rice, presidenta de la Federación de Mujeres Republicanas de Jefferson (RWC), que también votó por él, le define una y otra vez como «el presidente del pueblo», de ahí que «ni los medios, ni Wall Street ni los profesores liberales auguraran su victoria». Rice es una republicana típica: acude a rezar a diario, estuvo casada hasta que enviudó, primero con un militar del Ejército del Aire y después con un marine, es provida... «Ya en el Antiguo Testamento se puede leer un pasaje en el que los buenos se sientan a la derecha», expresa totalmente conjuntada en verde, de sandalias a pendientes. Rice forma parte del establishment y aun así defiende a Trump, todas las mujeres de su organización votaron por Trump y le siguen respaldando. Respecto al trato machista cree que «es Clinton quien se ha casado con un asqueroso y mira qué elegante va siempre vestida Melania, qué clase tiene y cómo le preocupa la educación de su hijo». Para Rice es importante destacar que el actual presidente «no fuma, no bebe, no se droga, fue a la academia militar en Nueva York», lo que denota que es un hombre «disciplinado». La presidenta de RWC justifica el lenguaje grueso del magnate, pues es un tipo «único que no recurre a sus secretarios y asesores, sino que dice lo que piensa cuando lo piensa». Rice es muy dura con los republicanos que critican a Trump o los que frenan sus medidas en el Congreso: «No saldrán reelegidos».

Lo que Trump transmite a sus votantes sureños es digno de analizar. Joshua, que ronda la cuarentena y vive en Kenner, cuenta a LA RAZÓN que el «Obamacare» le salvó la vida. «Gracias a que tenía el seguro médico me descubrieron que algo no iba bien en mi corazón y pudieron operarme», explica. El 8-N, sin embargo, votó por Trump, pese a que prometió revocar la reforma sanitaria. Consciente de la paradoja, Joshua habla de la rebaja de impuestos con la que espera tener más dinero en el bolsillo. «Trabajo 12 horas al día, por qué hay otros que tienen que vivir de mí. ¡Que se busquen la vida!». A Joshua también le llama la atención que, con mayoría republicana en el Congreso, éste esté en su contra. «Aún es muy pronto para notar los resultados, pero está haciendo un buen trabajo».

Encontrar a un votante arrepentido en Luisiana es como buscar una aguja en un pajar. En el parking del Home Depot de Jefferson, Phyllis agente inmobiliaria de la zona, explica: «Elegí entre dos demonios, voté al que pensé que era menos malo. Recuerdo que tardé tres minutos en votar. Ahora sólo deseo que el Congreso se deshaga de él. Es mentalmente inestable y podría comenzar una guerra nuclear». El resto de los vecinos preguntados no se arrepienten, al contrario. Una pareja, ambos de negro, no quieren responder a las cuestiones. Después se montan en la pick-up y conducen ruidosamente hasta aquí, para gritar por la ventana: «Rusia no tuvo nada que ver, ¿has oído? El presidente salió elegido porque nosotros le escogimos, pero la Prensa no lo entiende aún». Más tranquilo se muestra Patrick, de 33 años y trabajador en los pozos petrolíferos del Golfo, que votó por él convencido y de momento está contento. «Todo es muy partidista, pero tenemos que darle una oportunidad», admite.

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