jueves, 17 agosto 2017
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Cataluña

¿Qué pinta tiene la espelta antes de convertirse en pan?

  • El campo catalán abre sus puertas en la 2ª edición de «Benvinguts a pagès»

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De un campo como este de Josep Mestre sale la mostaza
De un campo como este de Josep Mestre sale la mostaza

Para hacer los «blaiets», unas galletas que según dice la tradición si se bendicen curan el dolor de garganta, se necesitan 250 gramos de mantequilla, 250 de azúcar, 4 huevos, un sobre de levadura, 600 gramos de harina, 200 gramos de almendras y azúcar avainillado. Se empieza por batir la mantequilla con el azúcar, hasta que blanquee. Luego, se añaden los huevos, las almendras molidas, la levadura y el azúcar con sabor a vainilla. Se incorpora la harina y se amasa con las manos, ¡sin miedo! Y antes de dar forma a las galletas, se deja enfriar la masa un par de horas en la nevera. Finalmente, se hornean 15 minutos ... y listas para comer.

Para hacer estas galletas, se necesita harina, almendras, huevos ... y ¿de dónde salen estos ingredientes? La respuesta correcta no es el supermercado. Para romper con la leyenda urbana de que los niños de las ciudades no saben de dónde vienen los huevos o la mostaza, este fin de semana la Fundación Alicia, apadrinada por Ferran Adrià, y la conselleria de Empresa y Conocimiento, a través de la Agencia Catalana de Turismo y de la conselleria de Agricultura, Ramadería, Pesca y Alimentación, organizaron la segunda edición de «Benvinguts, a pagès». Tras el éxito del año pasado, en esta edición se han triplicado las explotaciones agrarias, ganaderas y pesqueras que han abierto sus puertas a los ciudadanos para que descubran cómo se hace la miel, qué aspecto tiene una lenteja pardina, para que recojan paraguayos, ordeñen una oveja o se suban a un barco pesquero.

Las familias que querían descubrir, por ejemplo, qué pinta tiene la espelta, han podido elegir entre 800 casas, como la de Cal Toni. Antoni Aresté hace miel en Seròs (Lleida). Es el segundo año que abre las puertas de su explotación para conocer cómo hacen miel sus abejas. Tiene más de 600 cajas repartidas por el territorio para hacer miel de romero, de farigola, de mil flores. «Yo no sé mucho de informática, pero sí de hacer miel», cuenta, «y eso he enseñado a quienes nos visitaron el fin de semana». «Hay quien ha aprendido, por ejemplo, que las abejas hacen miel para comer ellas, gente que pensaba que hacían miel sólo para los humanos», explica. «También recogimos paraguayos, ahora es temporada», añade

Aresté se lleva una buena experiencia. También Josep Mestre, que ha invitado a los que se acercaron a su finca agroecológica a visitar sus conreos de cereales y legumbres antiguas, productos que en los mercados se encuentran como lentejas pardinas, mostaza, guisantes o magdalenas de espelta. «En grupos de entre 25 y 30 personas, hicimos tres salidas entre el sábado y el domingo para conocer los conreos. Organizamos un recorrido de una hora y media por el campo, durante el cual, familias y parejas, sobre todo, aprendieron a identificar una lenteja pardina, por ejemplo». También visitaron sus instalaciones, entre las que hay «un molino de piedra donde mueles cereales antiguos para elaborar harinas ecológicas». Esta explotación, en Argençola (Barcelona), hace siete años que abre sus puertas a quién quiera conocer qué aspecto tiene un campo de mostaza, por ejemplo. Arrancaron esta iniciativa coincidiendo con el mercado de las especies, que se celebra la semana que viene en el municipio.

La iniciativa de «Benvinguts a pagès», que la consellera Meritxell Serret celebra porque «reconecta el mundo del campo con el urbanita y ayuda a conocer cómo se hacen los alimentos que llegan a las mesas», esta edición se alarga con la Semana Bio, que acaba el viernes. En los restaurantes, se servirán menús con productos de proximidad y la idea es favorecer el relevo generacional «pagès».

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