Atenas

Ideologías

Las ideologías proponen sistemas de sociedad y de gobierno que buscan traer la mayor felicidad posible a las sociedades y los hombres individuales. Entre ellas, el socialismo y sus aproximaciones. Son sistemas humanos elaborados por la Ciencia. Así hablaba Tierno Galván, presidente de un partido socialista, cuando se presentaba a las primeras elecciones de la democracia española. Yo le vi y le oí en la televisión: el socialismo era un ideal creado y aprobado por la Ciencia. Claro que tenía precedentes, precedentes religiosos, que estaban en las grandes religiones: judaísmo, budismo, cristianismo, islamismo. Promovían el culto a un solo Dios que había dado mandamientos o instrucciones de vida a sus fieles. El budismo difería un poco de esto. En todo caso, los fieles tenían normas igualitarias de vida y en ellas había una cierta felicidad. Aunque la felicidad completa estaba lejos de la Tierra, en un cielo feliz. Platón, aun siendo un hombre religioso que buscaba a Dios a través de las ideas, inventó un sistema político igualitario que garantizaba la felicidad de los hombres aquí en la tierra. Aunque al mismo dudaba desi esa felicidad, esa política era asequible a los hombres en la tierra. Hubo un hecho lamentable en su escuela, el asesinato de Dión, el filósofo amado, que daba mucho que pensar.

Pues bien, Platón es el padre de todos los idealismos puramente terrenos: los de Hegel, Marx y el socialismo. Un sistema científico que asentaba en bases firmes la vida humana y el gobierno de los hombres. De él salieron los varios idealismos, del comunismo a la socialdemocracia, y todas las izquierdas más o menos radicales o moderadas. Siguen pensando que representan la verdad y el progreso, mientras que los otros suponen el retraso y la caverna. Y no admiten discusión. Pueden sufrir fracasos radicales, como el del comunismo, que se hundió en Rusia por sí mismo, y trajo incontables sufrimientos humanos, pero sigue habiendo fieles impertérritos. De la Revolución francesa –bellas ideas y demasiados crímenes–, diríamos otro tanto. En fin, creo que sería aceptable esta formulación: que la izquierda radical es un error. Cierto, muchos se han esforzado en buscar fórmulas más humanas.

Pero existe, sigue vivo, ese maniqueísmo: la verdad la tenemos nosotros, ésa es su creencia intangible. Inútiles las pruebas en contra. Esa supuesta inatacable verdad muchos la rechazan. En contra se utilizan todos los recursos, que en esta sociedad publicitaria resultan infinitos. Los suyos siempre son los buenos, los otros los malos. Antes de ninguna información seria ya están condenados por la prensa, las radios, la televisión.

Los grandes fracasos se disimulan: así el de Zapatero y adláteres. Ni una palabra contra él y sus gobiernos. Y eso que es notorio que las elecciones (cuyos resultados apenas respetan) más que ganarlas Rajoy, las perdió Zapatero. Y no agradecen al primero nada, ni siquiera que aplique su programa en forma a veces floja (esta es mera opinión mía).

Es triste contemplar este panorama cuando se ha estudiado Historia, sobre todo Historia de España, que, sistemáticamente falsificada, es utilizada, incluso, para sacar y tratar de aplicar soluciones erróneas a nuestros problemas.

Pero ahí está la Primera República Española, puro disparate que duró dos años, y menos mal que la pararon cuando estaba fragmentando el país. Pues por las calles vemos cada poco la bandera republicana, la de la segunda República con su franja morada. Fue en realidad, peor que la primera: la alianza de republicanos, socialistas, anarquistas y separatistas, entre otros, trajo la revolución del 34 (promovida, exactamente por socialistas y separatistas), la destitución del presidente de la tal República, el aliento al separatismo catalán, la anarquía y el caos y al final, nada menos que una Guerra Civil.

Desgracia para todos, nada que ver con la democracia que es, escribí en «Abc», una planta delicada, no un instrumento de lucha. No es un ejemplo único. La democracia de Atenas, el modelo de todas, que buscaba aplacar las diferencias entre los nobles y el pueblo, acabó, mal llevada, en una guerra civil. Es decir, la búsqueda simple del poder provoca el caos.

Conozco bien nuestra República por haberla vivido siendo adolescente y haber oído y leído cosas infinitas. Esos del follón diario nada saben, salvo que es un arma más, una palanca. Igual que sus campañas contra la monarquía. Todo táctica, ninguna verdad. Tenemos una democracia, que esperen a ver si otra vez les va mejor. Que dejen vivir, entre tanto. Que no molesten. A esto han venido a parar el supuesto socialismo científico y sus aliados. Cierto que la democracia tiene recursos, órganos que pueden y deben llevar a cabo la justicia y la conciliación. Difícil ante tanto griterío, tanta búsqueda del poder a tanto precio. No lo comprendo, la vida privada es más saludable, el poder no es un premio tan grande, de esta disputa sale tanto ruido que uno debe taparse los oídos. Quiera Dios que no vaya a más. Pero de eso del socialismo científico o la pura protesta, mejor es no hablar. Quitar un poder apoyado por Dios para poner esto, no vale la pena. Lo humano, que es también sacrificio y tolerancia, es lo que importa al hombre. No proclamar altos ideales y felicidad para luego encontrar esto. ¡Vaya con las ideologías científicas! No voy a hacer aquí un repaso, lo he hecho otras veces, para nada.