La covid rompe una curva al alza: la de la contaminación atmosférica por ozono

Pese a la mejoría, 331.000 personas han respirado aire con ese contaminante por encima de lo fijado por ley, según Ecologistas, y lo marcado por la OMS se ha incumplido en toda Andalucía

Ecologistas aboga por potenciar el transporte público y la movilidad peatonal o ciclista en las ciudades para mantener la mejoría de los datos de 2020Kiko Hurtado

Encendido 2020, sobrevinieron los acontecimientos hiperbólicos, en su mayoría negativos, pero no todos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido de que el exceso de ozono en el aire puede producir «efectos adversos de consideración en la salud humana» como causar problemas respiratorios, asma, originar diversas enfermedades en los pulmones y reducir la función de éstos. Este año «en la totalidad del territorio andaluz» se ha respirado «aire con niveles excesivos» de ese elemento, aunque se han reducido «de forma importante», interrumpiendo así la tendencia alcista de ejercicios anteriores, según explica a LA RAZÓN Miguel Ángel Ceballos. Es el coordinador del informe de Ecologistas en Acción titulado «La contaminación por ozono en el Estado español durante 2020» en el que se refleja que esa mejoría no se ha limitado a los márgenes de la comunidad, sino que se ha extendido a los del país en general y ha coincidido en el tiempo con «la drástica reducción en las ciudades de los niveles de su principal precursor, el dióxido de nitrógeno, durante el Estado de alarma» al que obligó la covid y los meses posteriores a aquél, «como resultado de las medidas de confinamiento social y de limitación de la movilidad» derivadas de la crisis sanitaria. Los ecologistas han utilizado datos de páginas web de las administraciones estatal, autonómicas y locales, obtenidos de sus redes de medición de la contaminación, a los que han sumado consultas específicas sobre alguna información no hecha pública. El periodo analizado comprende del 1 de enero al 30 de septiembre y se ha tomado como referencia sobre todo el valor recomendado por la OMS. De acuerdo a su análisis, los territorios más afectados se han repartido entre las regiones de Madrid, Extremadura, Castilla-La Mancha y Castilla y León, el interior de Cataluña y la Comunitat Valenciana, la ciudad de Córdoba y, al norte de ésta, la zona industrial de Puente Nuevo.

Por las características particulares del ozono –se trata de un contaminante complejo que no tiene una fuente humana directa, sino que se forma en la atmósfera en presencia de radiación solar por la combinación de otras sustancias precursoras– golpeó «con más virulencia» en «las áreas suburbanas a sotavento de las aglomeraciones de Madrid, Barcelona, Bilbao, Córdoba, Granada, Málaga, Sevilla, Murcia, Valencia, Valladolid o Palma», así como en «diferentes zonas rurales de Andalucía» y de otras cinco comunidades, a la luz del trabajo de los conservacionistas desgranado.

Si en vez de elegir como referencia las directrices de la OMS, se considera el valor objetivo fijado por la normativa vigente, más laxa, «la población que ha respirado aire contaminado por encima de lo establecido legalmente es de 331.000 personas, en las zonas de Córdoba y Puente Nuevo», aseveran los ecologistas. A esto se encadena que «trece estaciones de medición» ubicadas en áreas de Carboneras (Almería), Granada, Málaga, Huelva, Jaén y en otras de la Andalucía rural, «han incumplido el objetivo legal en el trienio 2018-2020», avisan. Con todo, la frecuencia de las superaciones de los estándares tanto legales como los de la OMS ha sido «muy inferior a la de años precedentes, con un descenso del 45% y el 34%, respectivamente, en relación al promedio de las registradas en el periodo 2012-2019», en el mapa de la región.

El alivio atmosférico ha resultado especialmente «relevante» en zonas industriales de Carboneras, Huelva y Puente Nuevo –por la paralización de centrales termoeléctricas–, en la bahía de Cádiz –donde la captura de datos ha sido baja– y en la aglomeración de Granada, provincia muy castigada en las últimas semanas por el coronavirus. Y si las ideas más poderosas son a menudo las que no se verifican, realzadas por su irrealidad, Ecologistas denuncia que no por no informar a la población de la contaminación, ésta desaparece. En su informe dejan constancia de que pocas ciudades cuentan con protocolos de actuación frente a las superaciones puntuales de ozono. En el caso de Sevilla, por ejemplo, que sí los tiene, «no contemplan medidas de limitación del tráfico en episodios como el que se produjo el 26 de julio, cuando se registraron seis superaciones del umbral de información». Se trata de «puntas de contaminación que irán a mayores», augura Ceballos, ya que el cambio climático «está provocando olas de calor cada vez más tempranas, agudas y prolongadas» y esto «dificulta la lucha contra el ozono», ligado a la radiación solar. A lo expuesto se une que una decena de territorios, entre los que se encuentra Andalucía, «siguen sin elaborar los preceptivos Planes de Mejora de la Calidad del Aire».

Un luminoso en el que se suele informar de la contaminación atmosférica, apagado Kiko Hurtado

Ceballos aboga por intentar mantener las estadísticas de 2020 en este ámbito «sin recurrir obviamente a un confinamiento de la población». Para ello, Ecologistas apuesta por actuar en la disminución del tráfico motorizado, la adopción de las mejores técnicas industriales disponibles, la sustitución de los disolventes orgánicos por agua, el ahorro y la eficiencia energética y el apoyo a las renovables. El coordinador el documento matiza que cuando hablan del tráfico no se refieren sólo al transporte terrestre, sino también el marítimo ligado a espacios como la bahía de Algeciras «por el paso del Estrecho de Gibraltar». En cuanto a la industria, anota que contribuirá al mencionado objetivo «el cierre real o anunciado de las grandes centrales térmicas de carbón» de la comunidad.

Confía en que «seamos capaces de sustituir la utilización de combustibles fósiles por medios alternativos», de potenciar el transporte público, el eléctrico sobre todo, así como la movilidad peatonal y ciclista en ciudades que, «como las andaluzas, no tienen un tamaño desmesurado»; y de aprender de lo vivido este año que «hay buenas prácticas que funcionan como el teletrabajo, las compras de proximidad o la desescalada en los horarios de entrada y salida en los centros de trabajo para evitar atascos». «No son recetas novedosas, pero sí lo es el que, aunque en circunstancias extremas, hayamos sido capaces de reducir de manera drástica las emisiones de contaminantes a la atmósfera. Es posible», abrocha.