«Todo me huele a heces»

El trastorno denominado cacosmia hace que el individuo perciba como repugnante cualquier tipo de olor, incluso los perfumes o la comida. También es responsable de que, por el contrario, los olores más desagradables resulten placenteros. Se estima que un 1% de la población padece esta extraña distorsión del olfato

Nuestra nariz es capaz de distinguir entre más de 10 000 aromas diferentes. ¿Cómo sería nuestra vida si todos ellos nos resultaran repugnantes? O al contrario, si todos aquellos olores repulsivos fueran puro deleite ante nuestras fosas nasales?

Hay a quienes les ocurre y los expertos lo han denominado cacosmia. «La cacosmia puede ser entendida como la percepción de agradable de los olores repugnantes, y a la inversa la percepción como desagradable de cualquier tipo de olor. No obstante, en neurología el escenario clínico más habitual para la cacosmia es la percepción de un olor desagradable de forma continua o esporádica ante un estímulo. En ocasiones, el paciente percibe olor a vómito o defecación aunque no exista ningún olor evidente a su alrededor», explica David A. Pérez, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid.

Incluso la comida puede ser una tortura. «La cacosmia suele desencadenarse ante estímulos olfatorios potentes, la comida no los provoca con tal intensidad, pero hay pacientes a los que también les puede ocurrir», añade.

Este trastorno se engloba dentro de las diversas distorsiones del sentido del olfato que existen y que se denominan parosmias. «La cacosmia se define como la experiencia de un olor distorsionado (disosmia) o bien de la presencia de un olor sin que en realidad haya ningún estímulo olfatorio (fantosmia) y donde la sensación es de carácter fecal», matiza Richard Doty, director del «Smell and Taste Center» de la Universidad de Pensilvania.

El origen

Saber cuántas personas conviven con este desagradable problema no es fácil. «Se desconoce cuánta gente experimenta cacosmias actualmente. Presumiblemente es menos del uno por ciento de la población», añade Doty.

Por lo general, este tipo de alteración viene determinada por una afectación del sistema nervioso central o bien por una enfermedad psiquiátrica. «La cacosmia puede surgir cuando se produce daño en las células del receptor olfatorio y la mucosa. Esto puede deberse a un traumatismo en la cabeza, infecciones respiratorias (víricas, bacterianas) o rinitis crónica, entre otros múltiples factores», añade Doty.

Existen varias clasificaciones, como la denominada cacosmia ocasional. «Algunas enfermedades, como la epilepsia, pueden cursar con síntomas de cacosmia. Es lo que llaman “aura epiléptica” en la que la persona, antes de sufrir una crisis, siente ese tipo de olor desagradable» dice el jefe de Neurología del hospital madrileño.

También puede surgir la cacosmia ante la pérdida de olfato cuya recuperación posterior es parcial. «Por ejemplo, la anosmia (pérdida de olfato) post-gripal en la que el virus de la gripe afecta a las neuronas del bulbo olfatorio, provocando como secuela una distorsión del olor en forma de cacosmia», matiza Pérez. De hecho, «he tenido recientemente una paciente que tras una anosmia desarrollo una cacosmia posterior, de tal manera que tenía que evitar el trasporte público porque no soportaba el olor de perfume de quienes estaban a su alrededor. Lo notaba terriblemente desagradable».

En otros casos existe una cacosmia continua, en la que cualquier olor lo percibe como inaguantable. «En este caso hay que descartar otros problemas nasales, reacciones inflamatorias e infecciosas que puedan generar esa percepción. Una vez descartadas, «es necesario observar si existe algún tipo de lesión cerebral en el área olfatoria (lóbulos frontales), porque puede producir una cacosmia continua», continúa.

Tratamientos

A menudo las distorsiones o aberraciones en la función de olor como la cacosmia casual o espontánea, remiten con el tiempo. «Una vez que el epitelio olfativo se cura, estas sensaciones generalmente desaparecen», destaca Doty, que añade que «en raras ocasiones las cacosmias y otras disosmias y fantosmias se producen por alteraciones en el cerebro como consecuencias de lesiones (tumores) o golpes donde la sangre bloquea ciertas áreas del cerebro».

Por su parte, Pérez matiza que el tratammiento se realizará según la causa. «En casos como la epilepsia, los fármacos antiepilépticos tratan de inhibir la hiperexcitación neuronal que se asocia con las auras epilépticas. En este caso trataríamos dicha excitabilidad que es la causante de la sensación subjetiva del olor desagradable».

Si se trata de una lesión en el bulbo olfatorio post gripal, no hay una terapia con evidencia científica establecida, y la mayoría de las veces hay que tener paciencia y esperar a que la plasticidad neuronal ayude a la recuperación de la misma», concluye Pérez.

De interés para los afectados:

Hospital Universitario 12 de Octubre

Avda. de Córdoba s/n

28041, Madrid

Tlf: 91 390 80 00

The Semll and Taste Center (Universidad de Pensilvania)

5 Ravdin Pavillion 3400, Spruce Street, Philadelphia

Email: Crystal.Wylie@uphs.upenn.edu