El vino nunca miente

Una de las primeras personas en contarles que iba a encabezar un blog de vinos fue Ramiro Carbajo, uno de los enólogos más prestigiosos del país. Le llamé por teléfono para pedirle que me ayudara a intermediar una visita a las bodegas de Carraovejas. Le dije, sin más, “quiero ejercer la divulgación del vino”. Entendió y apoyó perfectamente mi propuesta. El vino es algo tan sumamente subjetivo que intentar racionalizar las emociones que nos transmite una copa es tan pretencioso como inútil.

El vino son emociones, eso me dijo Federik Oldenburg. Y mi intención es comunicar, narrar, explicar, transmitir eso que me ha dicho el silencio del vino.

“No te formes en el vino” me recomendó Ramiro. Durante una conversación de 20 minutos con el que es actualmente el asesor de diferentes proyectos en diversas D.O. -como Toro, Ribera, Rueda, Jumilla y Chacolí-, me repitió la misma frase en hasta 8 ocasiones por lo menos. “No pierdas esa frescura y curiosidad que te caracteriza”, añadió.

Y es que no hace falta saber de vinos para disfrutarlo. De hecho, la inmensa mayoría de las personas que consumen vino -¿cuánto? ¿un 95%?-, ¿entienden de vino? No. Simplemente lo degustan y lo disfrutan.

No voy a hacer crítica de vinos en un lenguaje pedante, técnico e imposible de entender. Voy a contar lo que siento cuando bebo los vinos.

Mi deseo es contar, en un lenguaje cotidiano, qué he tomado, qué me ha transmitido, en qué ocasión he optado por este vino y, poco más. Intentaré también democratizar el vino, acercarlo a un público más joven, y convertir este mundo, a veces tan complejo, en algo que no es más que emociones contadas en palabras. Porque el vino no miente.

Bastaría con probarlo para saber si es bueno o malo. Para conocer su tierra, su clima, sus racíes, en suma, y su tiempo. Su historia, porque el vino tiene vida. Es la máxima expresión del lujo que nace intangible, se materializa y vuelve a lo inmaterial cuando pasa a ser emociones, experiencias y recuerdos . El vino, además de cultura, es tiempo y la máxima expresión de lo que el lujo ha puesto sobre la tierra. Es verdad, es autenticidad y es incapaz de caer en la mentira. Es silencio. Somos nosotros los que lo traducimos. El vino nunca miente.