La belleza en el tiempo.

Las mujeres y hombres del siglo XXI, hacemos verdaderos sacrificios con las dietas y el ejercicio para entrar en las tallas que se nos imponen desde el mundo de la moda, la meta es ajustarnos a los cánones de belleza actuales.

Al igual que las costumbres y las modas, los cánones de belleza femenina y masculina han evolucionado a través de los siglos. Desde venerar cuerpos gordos hasta presumir de una estética que representa un montón de huesos. De enorgullecerse de unas mejillas sonrosadas hasta los blanquecinos polvos de porcelana.

El concepto de belleza es algo ancestral y viene insertado en el ADN del ser humano desde el hombre de Neanderthal. Estos se coloreaban la piel con pigmentos minerales, se ponían plumas en la cabeza o se colgaban collares posiblemente para imitar la belleza de los animales que les rodeaban. Tenían un marcado sentido de lo que era la belleza y eran los machos los que de una forma más sobresaliente querían resaltar esa belleza como representando el cortejo de apareamiento que realizaban los animales. A medida que la inteligencia fue desarrollándose, el hombre puso como paradigma de la belleza a la mujer y desde entonces es ella la que se adorna mucho más que el hombre.

Y siguiendo la sucesión antropológica, al principio, el canon de belleza de la mujer consistía en tener las regiones de su cuerpo relacionadas con la fertilidad, muy desarrolladas. Así las primeras estatuas que conocemos y representan al ser humano son mujeres con grandes senos y caderas que se asociaban a la fertilidad, a la abundancia y a la capacidad de parir y criar hijos sanos y fuertes.

Para los antiguos egipcios, el canon de belleza no era el mismo que tenemos en la actualidad, para ellos lo bello consistía en la armonía, la perfección estaba representada en mujeres como Cleopatra o Nefertiti. Aunque la diferencia entre ambas es que la belleza de la primera es un mito más que verdad, y la segunda representa la verdadera belleza egipcia: morena, de rasgos finos, ojos color café.

La estética del mundo clásico se fraguó en la antigua Grecia a partir de la escultura. La belleza se concebía como el resultado de cálculos matemáticos, medidas proporcionadas y el cuidado de la simetría.

Llegamos a la Edad Media, donde nos encontramos con un ideal de belleza impuesto por el cristianismo que dependía de la intervención de Dios. La mujer con caderas estrechas, y senos pequeños y firmes, manos blancas y delgadas. La blancura de la piel era muy importante ya que era un indicador de su pureza. Los hombres, eran representados como caballeros, guerreros llenos de fuerza y virilidad.

En el Renacimiento, volvemos al mundo clásico, donde la fuente de inspiración estética, se basa sobre todo en la armonía y en la proporción. Simonetta Vespucci, la “bella Simonetta”, musa y modelo de varios artistas, representada como la diosa Venus por Botticelli. El arte es el mejor referente, no hay más que fijarse en las pinturas de la época: cuerpos redondeados, manos y pies finos, senos pequeños y firmes, tez banca y, labios rojos, cabello largo y rubio con ojos grandes y claros. Las proporciones áureas del hombre de Vitruvio, de Leonardo, en él, el ombligo era el punto central natural del cuerpo humano y el centro de la circunferencia y del cuadrado en el que se inscribe el cuerpo del hombre extendido. Esta proporción refleja la máxima belleza y perfección, es decir la belleza divina.

En el Barroco, los cuerpos son más rellenitos, caderas anchas y cintura estrecha, brazos redondeados y carnosos, piel blanca y pechos más llamativos, es tiempo de la apariencia y la coquetería, no en vano, la palabra “maquillaje” nació en esa época. Y tres musas, las Tres Gracias, con las que Rubens, representa las exuberantes formas de las hijas de Zeus, tipo de belleza ideal y sensual de este siglo.

Pasamos al siglo XIX, donde La belleza se experimenta directamente, no es una belleza estética y armónica, es muy cambiante. Bello puede ser todo, lo feo, lo grotesco, lo extravagante.

Y en apenas un folio hemos recorrido la historia de la belleza de miles de años, hasta llegar al Siglo XX, el más cambiante. Si antiguamente el canon de belleza podía durar siglos, ahora cambian a la velocidad de las décadas. Los cánones de los que antes se hacían eco pinturas y esculturas, a través de los tiempos han sido remplazados por carteles publicitarios, estrellas de cine y televisión, modelos que han ido cambiando el ideal de hombres y mujeres.

Desde la “Belle Epoque” hasta llegar a los felices años 20; de la mujer provocativa y sensual de los cuarenta hasta la revolución estética de la juventud y del feminismo de los sesenta, década marcada por el culto al cuerpo, en esa revolución social y sexual. Llegando al tercer milenio, donde la belleza se convierte en sinónimo de delgadez, a menudo insana con mujeres que aspiran a ser cada vez más delgadas. El culto al cuerpo patológico que se caracteriza en este inicio de siglo. En resumen: carne o huesos, redondeces o delgadez, piel blanca o sonrosada, armonía y proporción, caderas anchas o estrechas, senos grandes o pequeños... Belleza variable en la historia y diferente en cada cultura...

Actualmente la estética afecta por igual tanto a hombres como a mujeres, todos queremos participar de esas reglas del juego, seguimos evolucionando y con el paso de los años nos adaptamos a los estereotipos que nos imponen. Hasta que comprendamos que el canon de belleza, el idóneo es aquel con el que nos sentimos en armonía con nosotros mismos, en la perfección de nuestro interior.