Tres siglas, tres farsas

En el pasado Pleno del Ayuntamiento de Madrid tuve la oportunidad de defender una propuesta donde se solicitaba el respaldo a jueces y fiscales debido al acoso que están sufriendo por parte de los CDR. Una iniciativa que no tiene ningún tipo de arista pero que para Carmena es una china en el zapato. Y eso que estamos pidiendo que una jueza defienda la labor de sus compañeros de profesión.

Quizá para algunos de ustedes desconozcan que las siglas de los CDR responden a Comités de Defensa de la Republica y tienen como objetivo implantar la República catalana en las calles. En realidad, estos son unos grupos organizados que han cortado calles, carreteras y autopistas por toda Cataluña. Además, se les imputan más de 400 actos presuntamente delictivos desde el 1 de Octubre del 2017 hasta el día de hoy. Asimismo, estos supuestos comités han increpado a fiscales, jueces como el juez Llanera, a políticos como Inés Arrimadas o Xavier García Albiol, a periodistas como Tomás Guasch o artistas como Albert Boadella.

Los CDR se pueden resumir en 3 palabras, 3 mentiras: No son comités sino comandos, no defienden sino que acosan y Cataluña no es ninguna republica sino una Comunidad Autónoma del Reino de España. Los CDR son cuatro gatos exaltados que intentan amedrentar a la mayoría civilizada. Por ello, la Fiscalía pidió el encarcelamiento de su presunta cabecilla. Una señora que tenía en su posesión planos de Aeropuerto del Prat, del puerto de Barcelona y de un cuartel de la Guardia Civil. Un cuartel con un colegio enfrente, lugar donde tuve suerte de estudiar.

Manuela Carmena y los suyos no dieron apoyo a esta iniciativa que tenía como objetivo respaldar el Estado de Derecho. De hecho, los morados se opusieron a la propuesta y con ello se pusieron de lado de los CDR. Aquí no hay medias tintas: defiendes la ley o estas en su contra. Por ello, me parece inconcebible que una Alcaldesa y exjuez no defienda a capa y espada a los que fueron sus compañeros de profesión, a los ciudadanos que viven en Cataluña y a la democracia. Ahora Madrid para argumentar su posición de voto alegó que con esta proposición se estaba inflamando el problema catalán. Para empezar, el problema catalán no existe, es el problema español que tiene su origen en los gobiernos nacionalistas catalanes que hemos padecido en Cataluña y en los diferentes gobiernos de Madrid que le tiemblan las piernas frente a los independentistas. Me duele profundamente que como concejal del Ayuntamiento de Madrid, como catalán y por ende como español, no se defienda la unidad de nuestra nación en el epicentro de nuestra nación.