Tablas de partida

El tablero del ajedrez político nacional permanece sin movimientos mientras el reloj de arena sigue corriendo en contra de los españoles. Pedro Sánchez no acaba de encontrar la casilla que le aproxime a sus socios de conveniencia para sacar adelante su investidura y va amagando en diferentes direcciones sin éxito alguno.

Incapaz de cerrar acuerdos de ámbito nacional que desatasquen el comienzo de este mandato el PSOE del «sanchismo» ha dado libertad de movimientos aunque siempre en sentido hacia los extremos.

El último ejemplo lo tenemos en Navarra donde los socialistas buscan el apoyo de Geroa Bai y Bildu para que María Chivite sea investida presidenta del Gobierno foral. Ese acercamiento con los herederos del brazo político de ETA es absolutamente censurable y una línea que los socialistas no habían traspasado nunca en España.

José Luis Rodríguez Zapatero en 2007 y Alfredo Pérez Rubalcaba en 2014 pudieron haber tomado el mismo camino que Pedro Sánchez ha ensayado ahora en 2019: pero no lo hicieron. Fundirse en un abrazo con los filoetarras, siquiera disimulado, es algo inédito para el socialismo español en el largo periodo democrático pero al actual presidente del Gobierno en funciones le ha dado exactamente igual reescribir la historia.

El fin justifica los medios y si este paso es necesario para garantizarse el apoyo de los cuatro parlamentarios de Bildu en su investidura, el secretario general del PSOE lo da por bien empleado aunque con ello traicione la memoria de tantos de sus compañeros que sufrieron la devastación de la banda terrorista.

Ese movimiento arriesgado en el tablero expone y mucho la posición de la democracia española y la moderación que siempre ha blandido para impulsar el progreso de nuestro país.

El líder de los socialistas también ha permitido que en la Comunidad Valenciana Ximo Puig ensayara otro gobierno multicolor donde a los independentistas de Compromís ahora se suman como socios del Ejecutivo autonómico los restos de Izquierda Unida y, sobre todo, la extrema izquierda que encarna Podemos.

Es un banco de pruebas que el propio Pablo Iglesias exhibe ahora ante Sánchez para legitimar su entrada en un futuro Gobierno de España pero que para los ciudadanos supone un nuevo retroceso en postulados trasnochados y políticas que ya se aplicaron en el pasado con unos pésimos resultados.

Los problemas de las personas quedan en el cajón del olvido; simplemente se trata de distribuir las piezas para lograr una posición de fuerza que a nivel nacional aún no se vislumbra.

La recesión y la incertidumbre jurídica son dos compañeros de viaje de este tipo de Ejecutivos y Sánchez sigue deshojando la margarita de si realmente dar el paso adelante y poner en riesgo todo lo conquistado en España durante cuatro décadas a cambio de su sillón en la Moncloa.

Jamás hubiera pensado que el PSOE podía llegar a este planteamiento de legitimar y blanquear opciones políticas que abanderan un pasado de odio o sistemas totalitarios. La España del siglo XXI no merece este viaje al pasado para perpetuar –no se sabe por cuánto tiempo– al líder del PSOE al frente del país.

Esta situación refuerza a los que pensamos con responsabilidad desde el PP que no se puede dar el apoyo a quien se aleja de la socialdemocracia europea. Los compañeros de viaje de Sánchez, como vimos con Otegi en TVE, son los enemigos de España y eso no merece más que la reprobación. Cabe recordar que también busca de muleta a diputados independentistas catalanes que evolucionarán en su pensamiento a medida que se haga pública la sentencia contra los golpistas.

Ese chantaje permanente que busca hacer jirones el proyecto nacional es inadmisible para quien debe llevar las riendas del país, aunque en el PSOE actual todo vale y hasta el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero ha sugerido una sentencia «light» para no interferir en futuras conversaciones con los independentistas. No cabe más pobreza intelectual y tampoco es posible rebajar más la figura de quien fue presidente de España, eso sí, en una etapa negra para nuestro país.

Caminamos así –salvo arriesgada maniobra del PSOE hacia el extremismo y el populismo ensayada ya en distintos territorios– hacia las tablas de partida en esta legislatura y ese escenario de enrocamiento es el que menos interesa a los ciudadanos que sólo persiguen mejorar sus condiciones de vida.

Llevamos meses con el freno de mano echado en las instituciones que dirigen los destinos de España y algunos años en Autonomías como la valenciana que nos están haciendo perder el furgón delantero de los países avanzados.

Es deseable que se produzca una reflexión general y veamos si conviene seguir en estas tablas inmovilistas o dejamos por fin de lado a esas minorías –muy minoritarias en términos globales en España– y gobernamos para la mayoría de españoles y con los partidos que las representan. Pedro Sánchez tiene la llave de las puertas y esperemos que no escoja la equivocada aunque los augurios no son nada halagüeños.