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Caca itinerante

Caca itinerante
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No quiero que con estas inocentes líneas el lector se indigeste, o algo que es peor, que le repugnen de tal manera que la única solución posible sea dejar de leerlas. No quiero que causen sentimientos nauseabundos y vomitivos, ni siquiera desagradables, simplemente pretendo mostrar una realidad, pues la mierda se ha adueñado del Museo de la Ciencia de Valladolid y el interés se ha despertado en toda la región; aunque es una mierda temporal porque el diez de septiembre tiene que partir rumbo a otro ‹‹recogedero›› que quiera disfrutar de su presencia y compañía.

Valladolid acoge una réplica de la hez humana más grande hallada: veinte centímetros de largo y cinco de ancho muestran que 1972 fue ‹‹el año de la defecación›› en estado puro, pues a día de hoy no ha habido nadie que lo haya superado –aunque aún hay tiempo–. Raro es que semejante mierda no haya sido denominada con algún anglicismo, pero en esta ocasión se ha preferido mantener un término autóctono que recuerda a tiempos pasados: ‹‹coprolito vikingo››.

También los residuos de los dinosaurios, vegetales y animales en general protagonizan el interior del Museo. Como en muchas ocasiones, la fauna nos vuelve a superar; hay mierdas que bien valen unos cuantos miles de euros, como las deposiciones de nácar de algunos moluscos, que son auténticas perlas. Incluso hay determinadas plantas que convierten su excreción en una perfecta técnica de defensa contra sus enemigos.

Pidiendo perdón por los males digestivos que pudiera haber causado, la exposición ‹‹Excreta›› se mantiene en el Museo hasta septiembre con la idea de que el visitante pueda disfrutar de una ‹‹exposición (in)colora, (in)odora e (in)sípida››, aunque en Valladolid –como en cualquier sitio– hay quien la está cagando todo el año.