Trump rural

Lo que menos me gusta de Donald Trump es su preciosa mujer, aunque para Melania Trump el amor no entiende de edades. El cambio ha llegado, incluso hay quien vaticina el comienzo del fin con ‹‹La era Trump››. Aunque sea el comienzo o el fin, o el fin del comienzo, a mí el binomio Donald-Melania no me encaja, me rechina, incluso me avergüenza.

Los memes, como era de esperar, se han disparado. Últimamente el mundo se mueve por memes y memos, que suelen ser éstos los creadores de aquéllos. Cualquier situación es digna de memificación, aunque en el caso de la pareja Trump es digna de momificación. El dúo no gusta, ni juntos ni por separado, aunque Melania está en el mismo lote y los antiTrumps tendrán que aguantar y desesperar. Lejos queda el ‹‹Yes, we can›› que hizo vibrar a todo Estados Unidos y parte del planeta.

Donald es el niño consentido que se ha hecho con su sueño más preciado: controlar el mundo. Tiene en sus manos un arma de matar y al mismo tiempo de sacar sonrisas, de su gestión dependen las sonrisas y las lágrimas de millones de personas. Yo no sé si ‹‹La era Trump›› será como la –quieren– pintar o simplemente será la versión barata de una mala película sobre el Gobierno de EE.UU., pero la ficción ha traspasado la barrera de la realidad y Trump ha conseguido su objetivo.

Por los teléfonos de Castilla y León circula una imagen de Donald con una gorra –visera, para el que guste más– de Caja Rural, y desde esta región su investidura se ve con un poco más de alegría, que falta hace. ¿Realidad o ficción? Nunca lo sabremos.