Navidad para todos

Por Yolanda Berdasco

Se acerca la celebración de la Navidad y en estas fechas, la familia adquiere un sentido todavía más especial. Es el momento de las reuniones, de los buenos deseos y de los abrazos. Para muchos, es el único momento del año en el que jóvenes y mayores apartan durante unas horas sus quehaceres para disfrutar de unas horas juntos. De un tiempo a esta parte, algunos han optado por destacar todo lo negativo que tienen estas reuniones familiares; ver a esa prima que no soportas cantando villancicos o escuchar a tu cuñado contando las maravillas de su nuevo Alexa.

Sin embargo, no debemos olvidar que la familia es, sobre todo en España, una institución que sirve a la cohesión social y contribuye, por ejemplo, a sostener aquellos hogares en los que los ingresos se resisten a llegar a fin de mes. Es, en definitiva, un excelente ejemplo de solidaridad, el que se da entre miembros de una misma familia. Es el momento de acordarse y de reivindicar el papel de todos aquellos que contribuyen a que la familia siga siendo el refugio y el soporte de muchos.

Por ejemplo, de los abuelos. Han trabajado incansablemente durante décadas, han vivido una españa muy diferente y a pesar todo, han conseguido crear sus propias familias y llegar hasta nuestros días con una sonrisa y una mano tendida. Son incontables los ejemplos de gratuidad y entrega de muchos de nuestros padres, ahora abuelos. Como prueba, basta acudir cualquier tarde a las puertas de cualquier colegio y ver cómo esperan con paciencia a sus nietos, cómo los acompañan con la sonrisa y la ternura que, a veces, el tiempo nos roba a los padres. Ellos ayudan a hacer familia.

El de ser cuidadores y canguros no es su único cometido. Con la crisis, muchas familias se han resentido y los abuelos, más bien sus pensiones, se han convertido en pilares fundamentales para contribuir económicamente al bienestar familiar. Una situación poco deseable pero que se produce con demasiada frecuencia, la de esperar a que cobre el abuelo para paliar los gastos que se acumulan a miles de familias con sus miembros en paro.

Por eso, ahora que se acercan fechas de regalos, de grandes banquetes y de mucha alegría, es el momento de compartirla con nuestra familia y cómo no, con todos aquellos que nos ayudan a que sea posible tener una familia. Los adultos estamos “de vuelta” y nos cuesta encontrar motivos para la ilusión y los niños, en su mayoría, están sobrepasados entre fiestas y regalos. Así que, es el turno de los que siempre dan y nunca piden, de los que esperan siempre con los brazos abiertos y las manos dispuestas. Hagamos que ellos también tengan ilusión, pongamos un poco de magia a su Navidad y disfrutemos también de ellos, de nuestra familia, de nuestros padres y abuelos. Feliz Navidad.