Modigliani enseña todas sus cartas

Un libro reúne el epistolario completo de uno de los grandes iconos de la pintura del siglo XX

Entre los artistas que se instalaron en París a principios del siglo pasado, con permiso de Picasso, seguramente es Amedeo Modigliani quien haya generado más literatura. Su personalísimo estilo pictórico y las trágicas condiciones en las que se desarrolló el tramo final de su vida ha hecho que la leyenda se imponga desgraciadamente por encima de los datos objetivos. Por eso lo mejor es acudir a las fuentes y ahora, de la mano de Elba Editorial, nos llega uno de los mejores vehículos para mejor entender al pintor.

En “Cartas” se reúne la totalidad del epistolario conservado de Modigliani hasta la fecha. A falta de un diario o unas memorias, probablemente sea este el mejor vehículo para poder adentrarnos en el universo del pintor. Cabe decir que el conjunto no es muy extenso y es evidente que se han perdido documentos en este tiempo, al abarcar de 1901 a 1919, es decir, los últimos 18 años de vida del artista, con alguna etapa en la que no hay ni una sola misiva, como es el caso de 1903 o 1912. Cuidadosamente anotadas y con un interesante prólogo de Jean Cocteau, que tan bien conoció a nuestro protagonista, las misivas son una puerta abierta a comprender mejor una personalidad difícil, un autor que empezó a ser mejor valorado tras su muerte.

Una parte importante del conjunto epistolar está dirigido a Paul Alexander, quien fuera buen amigo y confidente de Modigliani, su principal valedor y su sustento en no pocas ocasiones. En ella vemos al pintor preocupado por su futuro, aunque siempre esperanzado por encontrar una solución a corto plazo. “Para mí exponer o no exponer en el fondo son la misma cosa… Pero me verás llegar completamente renovado desde el punto de vista físico y en cuanto a indumentaria. ¡Ay, amigo! Doy brincos de alegría –íntimamente– sólo de pensar en mi retorno a París”.

Su madre es otra de las receptoras de las cartas. Pese a que su situación no es en ocasiones todo lo buena que desearía, Amedeo trata de ocultar esos detalles en estas cartas. Para su madre, todo es optimismo, como vemos en esta nota enviada el 9 de noviembre de 1915, cuando el mundo estaba padeciendo las consecuencias de la Primera Guerra Mundial: " Soy un bruto por tenerte tanto tiempo sin dar señales de vida… Hay tanto que contar… En primer lugar, he cambiado de dirección. La nueva es: place Emile Goudeau 13, distrito XVIII. A pesar del ajetreo, me siento relativamente contento. He vuelto a pintar y a vender, que no es poco. Me alegra saber que mi hermano se consagra a las armas”. La dirección a la que hace referencia es el célebre Bateau Lavoir, en el barrio de Montmartre, el mismo lugar en el que tuvo su taller con Picasso.

Modigliani nunca perdió el buen humor. Al poeta y estudioso de la literatura francesa, Léopold Zborowski, le escribe una carta el 31 de diciembre de 1918 donde habla de lo bien que ha ido su última exposición en la que ha vendido hasta el último cuadro. Todo es ironía, algo que no entiende Zborowski. Eso obliga al pintor a tener que redactar otra carta disculpándose y aclarando todo lo ocurrido: “No es usted más que un necio que no sabe encajar una broma. No vendí absolutamente nada; entre hoy y mañana le enviaré el género”. El libro nos sirve para constatar que Zborowski, al igual que Paul Alexander, ayudó en no pocas ocasiones y de manera económica a un pintor que vivía al límite, apurando la vida mientras se dedicaba a lo que realmente le importaba: su propia obra. Son numerosas las misivas en las que Modigliani agradece la llegada de dinero que le permite sobrevivir junto con su pareja, la también pintora Jeanne Hébuterne. La pareja vive con su pequeña hija, aunque en ocasiones Amedeo la envía con su abuela a Italia. Zbo, como lo llama en alguna de las notas, es testigo de todo esto: “Gracias por el dinero. Estoy a la espera de que acabe de secarse un pequeño busto de mi mujer que he realizado para enviarle cuatro cuadros, además de los que ya conoce. Hago lo mismo que el negro: prosigo. No creo que este frío me permita enviarle más de cuatro o cinco cuadros cada vez. Mi hija se porta a las mil maravillas”.

Amedeo Modigliani murió el 24 de enero de 1920. Dos días después, Jeanne no pudo soportar más la ausencia de su compañero y suicidó saltando por la ventana. En el momento de su muerte estaba en su noveno mes de embarazo.