Sociedad

¿Cómo se midió el tamaño del asteroide que NO rozará la Tierra a finales de abril?

Dejando a un lado los titulares alarmantes sin fundamento, ¿cómo sabemos cuál es su diámetro?

El oro y otros metales preciosos proceden del bombardeo de asteroides
El oro y otros metales preciosos proceden del bombardeo de asteroides

Ha vuelto a ocurrir: un asteroide que pasará muy lejos de nuestro planeta el próximo mes ha provocado una avalancha de titulares que afirman que el objeto «sobrevolará» o que incluso «rozará» la Tierra a finales de abril. Y, como es costumbre, los artículos que acompañan esos titulares desmienten su propia afirmación de inmediato y explican que no hay nada de qué preocuparse, porque, aunque el asteroide en cuestión mide «1,7 kilómetros de largo y 4,1 de ancho», pasará a más de 6 millones de kilómetros de nosotros en su punto más cercano.

El asteroide en cuestión se llama 1998 OR2, pero lo que me ha parecido más interesante entre todas las no-noticias que han abordado su no-acercamiento es la pregunta que dejó en una de ellas un señor en Facebook: ¿cómo se midió el asteroide y cómo se sabe que es más ancho que largo, si en el espacio exterior no hay referencias?

Objetos minúsculos

Estamos acostumbrados a que los telescopios nos proporcionen imágenes espectaculares de los planetas del sistema solar y sus satélites. Este nivel de detalle es posible porque, aunque estamos separados de estos cuerpos celestes por decenas, centenares o incluso miles de millones de kilómetros de espacio vacío, se trata de objetos lo bastante grandes como para nuestros instrumentos puedan resolver su silueta circular y los detalles de su superficie sin excesiva dificultad. Además, la capacidad para observar la silueta de un planeta nos permite estimar su verdadero tamaño de forma directa: basta con medir el ángulo que ocupa su contorno en el firmamento, calcular la distancia a la que se encuentra (ya sea a partir de su periodo orbital, su paralaje o por radar) y usar unas simples fórmulas trigonométricas.

En cambio, este método no suele servir para estimar el tamaño de un asteroide porque la inmensa mayoría de estos objetos tienen diámetros inferiores a los pocos kilómetros, están tremendamente lejos y suelen poseer superficies oscuras que no reflejan demasiada luz solar. Como resultado, exceptuando los asteroides más grandes, estos cuerpos aparecen en las imágenes telescópicas como simples puntos luminosos, sin un contorno que dé una pista sobre su forma o su tamaño.

El asteroide (3200) Faetón, capturado 4 veces con un telescopio sobre el fondo estrellado. Como se puede observar, no es posible distinguir ningún detalle del asteroide.
El asteroide (3200) Faetón, capturado 4 veces con un telescopio sobre el fondo estrellado. Como se puede observar, no es posible distinguir ningún detalle del asteroide.Marcoaliaslama / Wikimedia

Teniendo esto en cuenta, ¿cómo se las apañan los astrónomos para medir el diámetro de objetos de los que ni siquiera pueden ver su silueta?

Iluminar con radar

Además de la luz visible, existen otros «tipos de luz» que el ojo humano no puede detectar y que se pueden utilizar para deducir el tamaño de un objeto lejano.

Un ejemplo son las ondas de radio que los sistemas de radar utilizan para medir a qué distancia se encuentra un objetivo, como un avión, un barco o un accidente geográfico. Sea cual sea el caso, la idea es emitir un pulso de ondas de radio hacia el objetivo para que parte de esas ondas reboten con su superficie y vuelvan al punto desde el que fueron emitidas, donde son captadas de nuevo. Como se sabe que la radiación electromagnética se propaga por el espacio a una velocidad constante de unos 300.000 km/s, la distancia a la que se encuentra el objetivo en cuestión se puede calcular a partir del tiempo que han tardado las ondas en llegar hasta él y volver al punto de emisión.

Pues, bien, si esos mismos pulsos de radio se emiten en dirección a un asteroide, las ondas que reboten sobre él y vuelvan a la Tierra revelarán cual es su contorno. Además, el relieve del asteroide provocará que algunas ondas reboten sobre su superficie a distancias ligeramente distintas. Esto significa que algunas ondas tardarán un poco más que otras en completar el viaje de vuelta a nuestro planeta, por lo que las pequeñas diferencias en los tiempos de llegada de cada onda reflejarán las irregularidades de su superficie. Si, encima, se toman muchas de estas «fotos» de radar mientras el asteroide rota, este método es capaz de revelar su geometría tridimensional.

En la fila de arriba, imágenes obtenidas por radar del asteroide 1999 JM8. Abajo, el modelo tridimensional del asteroide calculado por ordenador a partir de eses imágenes. En la fila central, aspecto que tendrían las imágenes obtenidas por radar a partir del modelo del ordenador.
En la fila de arriba, imágenes obtenidas por radar del asteroide 1999 JM8. Abajo, el modelo tridimensional del asteroide calculado por ordenador a partir de eses imágenes. En la fila central, aspecto que tendrían las imágenes obtenidas por radar a partir del modelo del ordenador.NASA

Ahora bien, aunque esta técnica da una imagen muy precisa del tamaño y la forma de un asteroide, la rápida pérdida de intensidad que experimentan las ondas de radio mientras se propagan por el espacio limita los radares a la observación de asteroides relativamente cercanos. Por este motivo, el diámetro de la mayor parte de los asteroides se estima a partir de un método menos exacto, pero en el que también está involucrado otro tipo de luz invisible al ojo humano: la luz infrarroja.

Luz invisible

Aunque estamos acostumbrados a que los materiales que nos rodean empiecen a emitir luz visible cuando su temperatura supera los 600ºC, lo cierto es que cualquier objeto que se encuentre por encima de la temperatura mínima posible (-273,15ºC) está constantemente brillando. Por supuesto, no observamos este brillo en nuestro día a día porque ese brillo consiste en luz infrarroja que nuestros ojos son incapaces de detectar, pero tenemos instrumentos que sí son capaces de hacerlo. De hecho, si apuntamos estos instrumentos hacia el cielo, podemos distinguir el brillo infrarrojo que emiten los asteroides contra el frío fondo del espacio.

Ahora bien, hay que tener en cuenta los objetos pequeños y lejanos siguen pareciendo simples puntos sin detalle cuando se observa su emisión infrarroja. Aun así, este tipo de luz invisible presenta una gran ventaja.

Por ejemplo, si se observa un asteroide que refleja mucha luz visible, no hay manera de distinguir si se trata de un asteroide muy pequeño y con una superficie muy clara o uno mucho más grande y oscuro. En cambio, la cantidad de luz infrarroja que emite un asteroide es un reflejo mucho más fiel de su tamaño porque no depende tanto de sus características superficiales. Por tanto, midiendo la magnitud del brillo infrarrojo de un asteroide y estimando la cantidad de luz solar que absorbe su superficie (algo que depende del material que lo compone), los astrónomos pueden calcular el diámetro que mejor se ajusta a la luminosidad que están observando.

Fotografía infrarroja del cielo en la que aparece señalado el asteroide 2010 TK 7. El resto de luces más brillantes se corresponden con la emisión infrarroja de estrellas y galaxias lejanas.
Fotografía infrarroja del cielo en la que aparece señalado el asteroide 2010 TK 7. El resto de luces más brillantes se corresponden con la emisión infrarroja de estrellas y galaxias lejanas.NASA/JPL-Caltech/UCLA

Como he comentado, este método se utiliza para estimar el diámetro de la mayor parte de los asteroides, incluyendo el de 1998 OR2, que pasará a 6 millones de kilómetros de la Tierra a finales de abril. En este caso, la emisión infrarroja de 1998 OR2 sugiere que se trata de un objeto con un diámetro medio de unos los 2 kilómetros.

Hablo de diámetro medio porque, como he comentado, la forma exacta de un asteroide pequeño y lejano no se puede deducir a partir de la luz infrarroja que produce. Aun así, me ha llamado la atención que prácticamente todos los artículos que he encontrado sobre la aproximación de este asteroide afirman que mide «1,7 km de largo por 4,1 km de ancho», pero no he sido capaz de encontrar ningún estudio que proporcione esta cifra, de modo que sospecho que se trata de una mala interpretación de algunos artículos en inglés que le atribuyen «una anchura de entre 1 y 2,5 millas (entre 1,6 y 4 km)» o de otros que mencionan un «diámetro probable de entre 1,8 y 4,1 kilómetros». De ser así, lo del «largo» y el «ancho» debió ser un error que se ha acabado propagando por todos los artículos que tratan este tema.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • No dejéis que los titulares de asteroides que «rozarán» la Tierra os preocupen: es información exagerada por los medios.

REFERENCIAS (MLA):