El asteroide que posibilitó la fiebre del oro en Sudáfrica

De no haber sido por un gran impacto que tuvo lugar hace 2 000 millones de años, tal vez nunca se hubiera encontrado el inmenso depósito de oro que está enterrado bajo este país.

Sudáfrica es el país con las terceras mayores reservas de oro del mundo y gran parte de ellas se encuentran en la cuenca de Witwatersrand. Lo curioso es que es posible que todo ese oro nunca hubiera sido descubierto de no haber sido por el impacto de un meteorito gigantesco.

El origen del oro sudafricano

Nos da la impresión de que los paisajes que nos rodean son estáticos porque su aspecto apenas varía durante el transcurso de una vida humana, pero, en realidad, los procesos geológicos son capaces de producir cambios radicales a lo largo de millones de años: el movimiento de las placas tectónicas erige cordilleras donde había mares, las erupciones volcánicas cubren grandes extensiones con una capa de roca nueva y la erosión del viento y el agua desgasta poco a poco las piedras de las montañas hasta reducirlas a llanuras.

Teniendo esto en cuenta, el aspecto que tenía hace 3 000 millones de años el parche de terreno que ahora es la cuenca de Witwatersrand era muy distinto al actual. Por supuesto, no había ni rastro de plantas o animales en la zona porque en aquella época tan sólo existían organismos unicelulares. En cuanto a la geología, se trataba de un terreno granítico entre cuyas rocas se acababan de infiltrar unos fluidos magmáticos que provenían del manto terrestre superior y tenían una composición muy particular.

El magma en cuestión contenía una gran cantidad de magnesio y azufre y formó unas masas de un tipo de roca llamada komatiita cuando se solidificó entre el granito. Lo curioso en este caso es que el magma también iba cargado con una gran cantidad de oro que transportó desde las profundidades de la Tierra y que acabó incorporado a esas mismas rocas.

Por tanto, hace 3 000 millones de años, el precursor de la actual cuenca de Witwatersrand era un paisaje granítico que albergaba vetas de komatiitas ricas en oro dispersas en el interior de sus montañas. A lo largo de los siguientes cientos de millones de años, el agua de la lluvia fue erosionando poco a poco las rocas que conformaban estas montañas y arrastrando los sedimentos resultantes corriente abajo hasta depositarlos en el delta. Entre esos sedimentos estaban las pepitas de oro que el agua iba arrancando de las komatiitas… Pero el viaje de este metal precioso no había hecho más que empezar.

Tesoro enterrado

Los sedimentos arrastrados por el agua estaban compuestos por arcilla, arena y gravilla que se iban acumulando en la desembocadura de los ríos y apilándose en capas horizontales. Cuando la corriente del río dejaba al descubierto una masa de roca rica en oro corriente arriba, arrastraba el metal hasta la desembocadura y la capa de sedimentos resultante acababa conteniendo una mayor concentración de oro que las demás. A lo largo de varios cientos de millones de años, esta capa de sedimentos con franjas de oro dispersas alcanzó un espesor de unos 7 kilómetros.

La deposición de sedimentos sobre la zona terminó hace unos 2 700 millones de años, cuando una serie de erupciones volcánicas cubrieron el terreno con una capa de lava de algunos kilómetros más de espesor. La alta temperatura de la lava y la presión ejercida por su peso compactó los sedimentos ricos en oro que tenía debajo y evacuó el agua que contenían, convirtiéndolos en roca maciza. Además, el agua caliente cargada de minerales que circuló a través de estos sedimentos mientras se compactaban disolvió parte del oro y lo volvió a depositar en lugares cercanos.

Pero el evento más violento que tendría lugar sobre este terreno aún estaba por llegar: hace unos 2 000 millones de años, la zona experimentó el impacto de un asteroide con un diámetro de entre 10 y 15 kilómetros que excavó un cráter de unos 300 kilómetros de diámetro.

El impacto excavó un cráter en la capa de basalto superficial, pero, como las capas horizontales que contenían oro estaban protegidas bajo este escudo de roca de varios kilómetros de espesor, sólo se «deformaron» hacia abajo y adoptaron una forma de cuenco. Tras el impacto, en la zona central del cráter el material de las capas inferiores ascendió de nuevo y formó una «montaña» en la que también se preservaron esas capas de sedimentos. A continuación, el material eyectado por el impacto cayó sobre el cráter recién formado y lo cubrió de manera parcial.

Y ahora saltemos directamente a la actualidad, 2 000 millones de años después.

Desenterrando el oro

Con el paso de los siguientes 2 000 millones de años, los agentes erosivos fueron arrancando poco a poco la roca de la superficie de este terreno y transportándola hasta otros lugares hasta retirar de la zona una capa de material de varios kilómetros de espesor. De esta manera, la erosión «destapó» las partes menos profundas de esas capas de sedimento ricas en oro que habían sido deformadas por el impacto del asteroide, haciendo afloraran por encima de la superficie y permitiendo que los buscadores de oro del siglo XIX encontraran el Eldorado subterráneo que dormía bajo sus pies.

O sea, que, si la colisión no hubiera tenido lugar, es posible que las capas de sedimento que contienen oro hubieran permanecido en su configuración horizontal original y los agentes erosivos las hubieran desmenuzado y transportado hasta algún lugar lejano. En este escenario, puede que nunca se hubiera descubierto el gigantesco depósito de este metal precioso que fue enterrado hace 2 000 millones de años bajo el suelo de Sudáfrica.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Hay algunos minerales que se pueden llegar a confundir con el oro. El más conocido es la pirita, aunque otro error que se comete con frecuencia es confundir con pepitas de oro los pequeños copos de mica que suele contener el granito.

REFERENCIAS (MLA):