El Reina Sofía se rinde a la vanguardia fascista de Giménez Caballero

El museo acaba de adquirir los carteles literarios de una de las figuras más controvertidas de la vanguardia española.

Francisco Umbral decía de él que era «el Groucho Marx del fascismo español». Y es que sus excesos verbales y su entrega sin fisuras al franquismo acabaron por dejarlo a un lado. Pero mucho antes de que eso pasara fue uno de los nombres fundamentales de las vanguardias, de la llamada Edad de Plata. Así lo ha entendido el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía que acaba de adquirir la colección completa de los carteles literarios realizados por Ernesto Giménez Caballero, también conocido como Gecé en la historia de las letras. Los originales llegaron el pasado mes de diciembre, según ha podido saber este diario, al museo madrileño.

Fue el propio centro quien se puso en contacto con los propietarios de las 23 obras para su adquisición. Se han pagado unos 200.000 euros por un conjunto que desde que se expuso en las célebres Galeries Dalmau de Barcelona, en enero de 1928 han estado en manos privadas. Su propietario fue el editor y bibliófilo barcelonés Gustavo Gili quien siempre tuvo los originales en sus fondos. Los herederos de él han sido los encargados de la venta al museo madrileño. La colección completa fue adquirida el pasado año por el Ministerio de Cultura a instancias del centro que dirige Manuel Borja-Villel.

«Para nosotros era un conjunto buscado desde hacía tiempo», indican desde el Reina Sofía. Tal es el interés que se espera poder dedicarle una sala propia a la colección en la reodernación de la exposición permanente del museo, algo que se espera culminar entre este año y el que viene. El museo recuerda que no son las primeras obras de Giménez Caballero que hay en sus fondos. Desde hace años forman parte del recorrido del museo las dos películas que rodó el intelectual: «Esencia de verbena» y «Noticiario de Cineclub», ambas de (1930). Ahora, además de los carteles, se está trabajando en la adquisición de otros materiales vinculados con Gecé, concretamente con la decoración vanguardista de su despacho en los años 20.

El museo ha trabajado en el pasado con Gili en la divulgación de los carteles literarios. en 1994. En esa fecha, en una muestra organizada por la Universidad de Barcelona en colaboración con el Centro de Documentación y Biblioteca del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, se pudieron ver, reforzado su valor documental y su fuerza expresiva casi como si se tratara de un poema visual.

En su peculiar autobiografía «Memorias de un dictador», Giménez Caballero define sus carteles literarios como “la revolución en la crítica adoptando la síntesis gráfica para anunciar y definir un libro. Tuvo un gran éxito y fue precursor de los actuales “posters” de los hippies». Unos años antes, en 1927, Gecé apuntaba que el cartel se había visto «como una traición tramada sobre un campo mismo de la literatura». Sin embargo, consideraba que «ha llegado el momento de restaurar a su grado positivo el adjetivo industrial aplicado al arte nuevo». Fue precisamente en 1927 cuando Gecé expuso por primera vez sus carteles literarios en Ediciones Inchausti, de Madrid, un año antes de que llegaran a la sala barcelonesa dirigida por Josep Dalmau. Su autor publicó su trabajo en 1927 en el volumen «Carteles», de la mano de Espasa-Calpe.

Mirada irónica

A medio camino entre el «collage» y el dibujo, las piezas ahora propiedad del Reina Sofía están dedicadas a los escritores Rafael Alberti, Pío Baroja, José Bergamín, Ramón María del Valle-Inclán, Jean Cocteau, Gustavo Gili, Benjamín Jarnés, Federico García Lorca, Ramiro de Maeztu, Gabriel Miró, Gregorio Marañón, Filippo Tommaso Marinetti, Pedro Muñoz Seca, José Ortega y Gasset, Ramón Gómez de la Serna, José María Salaverría, Guillermo de Torre y Miguel de Unamuno. También podemos encontrar uno sobre «Europa y tres jóvenes pintores de la Mancha», que eran Gregorio Prieto, Benjamín Palencia y Gabriel García Maroto. Otra obra realiza una mirada irónica hacia los críticos de arte del momento, señalando los puntos de vista alredor de una modelo de Eugenio d’Ors, Manuel Abril, Juan de la Encina o Enrique Díez Canedo, entre otros. Giménez Caballero, oculto bajo el seudónimo de Gecé, también hace en un cartel que el observador mire a través de un espectroscopio a la prensa madrileña de la época, como era «La Nación», «El Debate», «El Sol», «La Correspondencia de España», «El Heraldo de Madrid» o «El Socialista».

Sin mebargo, el cartel más celebrado de todo el conjunto es el titulado «Universo de la literatura española contemporánea» donde dibuja el particular sistema solar de las letras españolas de la Edad de Plata. Allí tenemos planetas como Pombo –con una forma muy parecida a Gómez de la Serna–, Gabriel Miró, Juan Ramón –seguido muy de cerca por Bergamín– o el de «La Gaceta Literaria». A la manera de Saturno, el planeta Ortega y Gasset lleva inscrito en su anillo el nombre de «Revista de Occidente» rodeado de satélites como Salina, Espina, Zubiri o Jarnés. Tampoco faltan los cometas como Pío Baroja, Valle-Inclán con largas barbas y anteojos o Pérez de Ayala. En un extremo de este universo también tenemos la nebulosa de la Academia, con la presencia de Azorín, Benavente, Machado, D’Ors o Ricardo León. El diario «Abc», por su parte, parece tener su propio sistema solar que gira alrededor del astro Luca de Tena.

El 7 de abril de 1928, Ernesto Giménez Caballero pronunciaba una conferencia sobre sus carteles y admitía que faltaban nombres, especialmente lo que denominaba como «nueva producción literaria de España». «Esta observación se la debo al amigo Pedro Salinas. el cual, con ella, me hizo ponerme a la previa tarea clasificatoria de sintetizar datos para tramar el postulado del cartel». Sin embargo, no llegó a ponerse en esa labor de ampliación. Lo que sí logró es que los carteles, tras su paso por Madrid y Barcelona, viajarán por París y Berlín. En una carta de Ernesto Giménez Caballero a Dalmau del 7 de marzo de 1929 escribía que «mis carteles están en París y van a una exposición en Berlín. A la vuelta se los entregaré al amigo Gili».

Un autor fascista para la vanguardia

A Giménez Caballero se le debe la publicación de uno de los primeros títulos del surrealismo español, «Yo, inspector de alcantarillas», así como la creación de la fundamental «La Gaceta Literaria». Sin embargo, a la par que su interés por la vanguardia, también mostró una especial predilección por el fascismo. Promovió la revista «El Fascio» y fue el responsable de la propaganda de Franco en Salamanca durante la guerra.