La nueva normalidad de Fernando Jáuregui: “No entiendo cómo Sánchez no ha echado a Iglesias del Gobierno”

El escritor demuestra en “La ruptura” (Almuzara) que los acontecimientos en España se suceden a un ritmo tan acelerado e impredecible, que siempre hay sitio para la novedad

Alguien que lleva más de 50 años observando con ojos de cronista privilegiado los claroscuros sociales y políticos de algunos de los periodos más importantes de la historia de nuestro país difícilmente puede mantener intacta la capacidad de sorprenderse. Sin embargo, Fernando Jáuregui demuestra con su último libro, “La ruptura” (Almuzara), que los acontecimientos en España se suceden a un ritmo tan acelerado, cambiante e impredecible, que todavía, por increíble que pueda parecer, hay sitio para la novedad. Charlamos con el periodista santanderino para analizar cuánto hemos cambiado.

-¿El peor verano de su vida?

-Este. Es el peor verano de mi vida con diferencia y el más triste, además. Acabo de tener un nieto en París y todavía no lo conozco. ¿Para qué voy a ir a una playa? ¿Para que me impongan un perímetro? ¿Para ponerme una mascarilla a la hora de meterme en el mar? Así no se puede vivir.

-Haciendo un guiño a Guerra, ¿podemos afirmar que a España no la conoce ni la madre que la parió?

-Cuando Guerra dijo aquello, hablaba de una modernización de España muy deseable. Ahora efectivamente no nos conoce ni la madre que nos parió. Estamos a punto de hacer estallar la forma de Estado, hemos dinamitado nuestras formas de convivencia y, por culpa de la pandemia, hemos acelerado una ruptura con nuestra manera de vivir. Estamos ante una segunda Transición, mucho más profunda que la primera.

-En una ruptura casi siempre hay culpables o, al menos, un cierto desnivel sentimental entre las partes. En este país, ¿quién ha dejado de querer a quién?

-Decía Bismarck que los españoles somos el país más fuerte del mundo porque llevamos siglos intentando destruirnos y no lo hemos conseguido. Al final la culpa la tenemos un poco todos, tanto el Gobierno como la oposición. Uno de los problemas más serios que hay ahora mismo es que tenemos dos gobiernos.

-Defiende convencido el papel cohesionador de Juan Carlos durante la Transición, pero ahora su presente está trufado de polémicas e informaciones maledicentes...

-Yo he conocido al mejor Juan Carlos, al hombre que rompió con la atadura franquista para permitir una democracia efectiva. Sin embargo, en su última etapa, metió mucho la pata y la mano. El General Sabino Fernández Campo nos contaba muchas cosas a los periodistas sobre lo que estaba haciendo el Rey. Y nosotros no publicábamos nada. Primero porque no era fácil, segundo porque teníamos un gran sentido de Estado y tercero por la simpatía que irradiaba Juan Carlos. Con mirada retrospectiva te digo que tendríamos que haber publicado.

-¿Habría que suprimir la inviolabilidad del rey?

-Sin la menor duda. Pero aquí no hay quien se atreva a hacer una reforma constitucional porque todo el mundo tiene miedo de que esa reforma acabe derivando en “Monarquía” o “República”. Yo soy monárquico convencido y sin embargo creo que acabaría saliendo República. Aún así la Constitución es urgente reformarla en no menos de treinta artículos.

-Ha vivido unos cuantos días históricos como testigo privilegiado de períodos clave para entender nuestra evolución como sociedad. ¿Se siente más cómodo actuando de observador o de narrador?

-Para describir y observar tienes que haber pasado mucho tiempo mirando. Llevo cincuenta años observando y sin duda este es el libro que más me ha costado escribir de todos. El papel del señor que analiza de una manera inmisericorde como hago yo puede llegar a resultar muy molesto para algunos. Amigos te aseguro que no haces. En este país a nadie le gusta la verdad.

-¿Estamos ahora más polarizados que en el 78?

-Rotundamente. El diálogo que había entre todas las fuerzas políticas tenía un objetivo muy claro de reconstrucción del país. Las sesiones actuales de control parlamentario tan vergonzosas a las que estamos asistiendo no tienen sentido. Hay que volver al centro. No entiendo cómo Pedro Sánchez todavía no ha echado a Pablo Iglesias del Gobierno.

-En estos momentos tan delicados, ¿le asusta más el presente que vivimos o el futuro que le espera a España?

-El futuro jamás ha sido tan incierto como ahora. Hay algunos que lo quieren comparar con la crisis de 2008, con la muerte de Franco incluso. Y en ese momento todos sabíamos a dónde íbamos, aquí no. No tenemos ni idea.

-¿Compartiría unos días de vacaciones con Fernando Simón?

-Es que no me gusta el windsurf. No entiendo a este hombre. El mensaje que está lanzando a los turistas es “no vengan ustedes porque esto es la leprosería Simón”. No estamos acertando en la comunicación.

-Cuando era joven militó en el PCE. ¿Lo de ser de izquierdas es como una decepción amorosa? ¿Se termina pasando con el tiempo?

-(Risas) No. Lo que se pasa con el tiempo es la gilipollez, el tópico, el apriorismo, la santa indignación... ¿Qué es ser de izquierdas? Me gusta esa teoría de que la diferencia entre uno de izquierdas y uno de derechas es la textura y el color de la corbata. Un día le dije a Carrillo “yo no me siento comunista” y me dijo Carrillo “yo tampoco”. Entonces, “¿qué hacemos aquí?”. Y me respondió: “Yo no sé, tú supongo que lo dejarás y a mí supongo que me echarán”.