Imagen procedente de la sesión de José Luis Beltrán para "Minage", en la que Mónica Naranjo aparece retratada en el Museo Picasso de Figueres, su ciudad natal
Imagen procedente de la sesión de José Luis Beltrán para "Minage", en la que Mónica Naranjo aparece retratada en el Museo Picasso de Figueres, su ciudad natalJosé Luis Beltrán
Mónica Naranjo

Mónica Naranjo: «Con ’'Sobreviviré’' me dieron la extremaunción»

Sony reedita «Minage» en edición de 20 aniversario, un disco que en su día supuso un enorme riesgo pero que obtuvo aún mayor éxito

Hoy en día, «Sobreviviré» es un clásico, un himno que vale igual para infundir coraje en una pandemia que para la autoafirmación en el día del Orgullo gay. Sin embargo, cuando aquella canción y el disco que la contenía, «Minage», se publicaron, nadie lo veía claro salvo Mónica Naranjo (Figueres, 1974). «Ahora, cuando firmo discos, el que me traen más vapuleado es ese. Creo que forma parte de la vida de mucha gente», dice la «pantera de Figueres» con la reedición de lujo (láminas, vinilos de colores y otros afiches) en las manos que conmemora 20 años de su lanzamiento.

–Fue un éxito y un empeño personal.

–Es que con «Palabra de mujer» yo ya sabía que mi tiempo en la música disco-pop ya había caducado. Era el momento de hacer otras cosas, necesitaba crecer. Y cuando llegué a la compañía y enseñé lo que quería hacer, no sabes la que se armó. Su reacción fue lógica: ¿por qué arriesgar si había editado dos discos y vendido millones de copias? Yo les dije que lo necesitaba y que si no, me iba a marchitar. Cuando una artista está triste...

–¿Tuvo que pelear?

–Sí, fue una lucha un poco ardua. Llegamos al acuerdo de incluir dos canciones comerciales y ellos se curaban en salud si la cosa no iba bien. Pero cuando se lanzó «Sobreviviré» la gente se preguntaba: «¿Qué es esto?». El sonido era súper atrevido y el texto también. Yo pedí que se lanzase como sencillo.

–Y lo que fue después...

–La banda sonora de la vida de muchas personas, incluida la mía.

–Bueno, y un himno de autoafirmación y liberación.

–Sí, para hombres y mujeres.

–Es una versión de «Fiume Azzurro» de Mina, como todo el disco.

–La escuché con 15 o 16 años en directo y me quedé alucinada. Y cuando fui a Londres a trabajar con Phil Manzanera, nos pusimos a destrozarla, a cambiar acordes. Teníamos la obligación de destrozar una canción bonita para hacerla auténtica y nueva, algo que no se parecía a nada.

–Había que dejarse llevar, sin prejuicios.

–Sí... y el día que llegó una A&R (persona de la compañía que hace el seguimiento a artistas) de Sony se echó las manos a la cabeza. Me miraba muy asustada, como diciendo: es el entierro de esta mujer. Me dieron la extremaunción en la compañía.

–¿Y cuando llevó el disco qué paso?

–Ah, yo no fui. Porque sabía que iban a arrugar la nariz y pensé: «esto es lo que hay». Y esperamos al lanzamiento y sonó la campana.

–Lo tomaban o lo dejaban.

–Es que no había otra.

–Y 20 años después se le hace un homenaje.

–Yo lo entiendo, por el cambio radical. Puede que no se pusieran a analizar por partes, sino que veían el conjunto, que era una locura.

–¿Cómo era usted entonces, firme o insegura?

–Nunca he sido insegura. Era una guerra que yo sabía que iba a ganar. Si algo he tenido en la vida es que he sabido escuchar la intuición o el alma o como lo quieras llamar. Si me dice por un camino, por ese voy. Hay que creer fervientemente en lo que haces. En la vida todo es actitud.

–¿Y el éxito cómo lo recibió?

–Siempre soy muy práctica. Lo hago y ya está, no me regodeo. Hay que seguir si va bien y si va mal. Me pasa igual con la televisión. Mucha gente me pregunta, ¿pero cómo has dejado esto cuando estabas en pleno éxito? Bueno, es que ya está, lo hice y quiero aprender más cosas.

–Se lo habrán dicho de «La isla de las tentaciones».

–Claro. Y eso fue que me llamó Paolo (Vasile, consejero delegado de Telecinco) y me lo tomé como una aventura, como un master y me fui. Fue una experiencia brutal y ya está.

–Ahí se ha quedado la sintonía del programa...

–Me pidieron que la compusiera y la verdad es que no sabía qué hacer. Y al final encontré el momento en un aseo en un aeropuerto. Estábamos en Nueva York en pleno «pride» y todo el mundo estaba eufórico. Y me encerré sola en el baño cuando me llegó la idea.

–¿En el trono?

–(Ríe) No... en el lavabo. Pensé que tenía que tener una carga sensual importante.

–¿Ha visto el programa?

–No, la verdad es que no. Me dedico a hacer tele pero no la veo, para desconectar.