Historia

Ángeles Flórez (98 años) testigo del 18 de julio: «Fui al frente a ayudar, pero no empuñé un arma»

No tenía más que 18 años aquel 18 de julio. Su madre los había advertido a sus hermanos y a ella de que las cosas estaban feas y que la contienda podía estallar. Ella se alistó en el bando republicano, aunque por poco tiempo. Aún hoy se refiere a su interlocutor como «compañero»

Ángeles Flórez
Ángeles Flórez

Ángeles Flórez tenía 18 años y esos días debía haber sido la actriz principal de un drama teatral. Pero el comienzo de la guerra civil se lo impidió.

–¿Qué recuerda del alzamiento del 18 de julio?

–Del golpe de estado, querrá decir.

Ángeles Flórez es una mujer aguerrida, con machos, que jamás ha permitido que la fortuna haya decidido su destino. Pertenece a esas almas fuertes que agarran el toro por los cuernos, que no se amilanan ante los reveses del destino y afrontan lo que les traiga la vida sin fruncir jamás el ceño ni maldecir su suerte. Ángeles Flórez, que estuvo en el frente en Asturias, que sufrió prisión, que estuvo condenada a muerte, que tuvo que exiliarse 57 años a Francia, todavía conserva la vieja costumbre de llamar «compañero» al que habla con ella. «Todos éramos muy jóvenes en aquella altura. Hacíamos teatro y ese día era la estrella principal (ríe), cuando nos enteramos de que Franco había iniciado la guerra. Mi madre siempre nos hablaba de la guerra. Nos había alertado muchas veces sobre ella. Aseguraba que un día u otro iba a suceder por las diferencias políticas que había, así que estábamos preparados para afrontarla, pero, incluso así, apenas me lo creí cuando la anunciaron. Después sentí mucha pena porque eso significaba que teníamos que comenzar a defender todo lo que habíamos conseguido mediante el voto». Ángeles Flórez, nada más enterarse, acudió a la plaza de su pueblo. Allí presenció cómo una madre enrolaba en filas a su hijo y, junto a él, ella misma. «Teníamos que defender la Repúbica y allí pedían voluntarios, así que di un paso adelante y, conmigo, mi hermano y mi hermana pequeña, que, a pesar de sólo llevarnos 19 meses, siempre estábamos juntas, no nos separábamos». Su lucha duró poco, lo que tardaron los soldados nacionales en acabar con el frente del norte de España: «Apenas duró 16 meses. Nada más. Franco trajo a sus moros. Los trajeron con ellos a Asturias. Su ejército estaba preparado, pero aquí fuimos muy valientes, luchamos incluso sin armas, porque muchas veces no teníamos rifles para todos. sí, combatimos con valentía, pero perdimos».

–¿Y los moros?

–Eran terribles. En cuanto te cogían, te cortaban el cuello. Ellos, por lo que se ve, tenían esa costumbre. Casi todos ellos eran jóvenes ignorantes y hacían el bruto.

En la memoria de Ángeles Flórez todavía vivían los recuerdos de la sublevación de Asturias, de la represión que sobrevino a continuación y de los hombres que murieron allí, cuando sobrevino el enfrentamiento del 36: «Yo acudí al frente para ayudar, pero nunca cogí las armas. Me dedicaba a dar de comer a los combatientes de las trincheras y trabajos de esos. Pero, por supuesto, anduve entre bombas y tiros. Pero cuando se es tan joven, no se tiene miedo; el miedo viene cuando ya eres un poco más mayor, cuando eres más adulto y tienes más edad. Pero, por supuesto, sentí las bombas y los disparos. En esa época, dormíamos en el suelo, vestidas, porque nunca sabías cuando tenías que salir corriendo. Cuando llegan estas cosas en la vida, ni te planteas lo que vives. No te asustas, ni de los heridos ni de los muertos, que los veías pasar. Recuerdo a un amigo que lo mataron. Lo vieron luchar cuerpo a cuerpo con varios, pero lo abatieron. No piensas. Sólo te dices que es la guerra, que es así. No piensas».

Cuando el frente asturianos se desmoronó ella regresó a su pueblo y, unos días después, cuando entró el ejército franquista en su aldea, fue arrestada. «Me cogieron en noviembre de 1937 y me soltaron en el 41. Estuve presa. Lo peor de la guerra fue la posguerra. En esa prisión fusilaban a los reos. A los hombres sobre todo, pero también a muchas mujeres. Ellas solían aparecer muertas en las playas. Yo también estaba condenada a que me “pasearan”, pero no sé por qué me libré».

–¿Cómo fue ese encierro?

–No tienes nada. Pasas frío. No hay camas. Duermes en el suelo. Cuando suceden este tipo de cosas, no reflexionas cómo llegan. Recuerdo que habían puesto un abogado defensor para las reclusas... pero más que defendernos, nos acusaba. A los que decidían fusilarlos los cargaban en camiones y se los llevaban. La represión de esos años resultó atroz. En una ocasión arrojaron a un pozo a 22 personas... a muchas las arrestaban al salir de sus trabajos... eran crímines terribles. Oías: “¡Matad a esos rojos!”. La peor parte se la llevaron los mineros, que siempre han sido muy rebeldes».

Ángeles Flórez recuerda una historia de amor que la ayudó a escapar de la muerte. Un chico joven, que estaba enamorado de ella, abandonó el barco en el que se había embarcado para huir y acudió al hospital donde atendían a los heridos y donde ella estaba trabajando en ese momento. La sacó de allí justo a tiempo, poco tiempo antes de que entraran las tropas nacionales.

–¿Qué fue del muchacho que la salvó?

–Por ayudarme, le capturaron y lo mataron.

Ángelez Flórez escapó a Francia más adelante, cuando la permitieron salir de prisión. «No me liberaron. No tenía pasaporte, no podía viajar, no podía ir a ningún lado. Tenían que saber dónde estaba. Al final, en un barco, con mi hijo pequeño, logré escapar a Francia. Allí fui feliz».

–Hay mucha gente de su edad a la que no le gusta hablar de estas cosas. ¿Por qué lo hace usted?

–Porque creo que las generaciones jóvenes deben conocer la historia y saber lo que sucedió. Yo no soy valiente. Soy normal. Como yo, hubo otras muchas mujeres, todas ellas mejores que yo, que no tengo ningún mérito. Pero repito que igual que yo hubo otras miles. Lo que único que diferencia de las demás es que yo estoy viva y por eso me puedes preguntar qué ocurrió.