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Antonio Arias y Fernando Alfaro: "La gente asiste en directo al desarrollo de nuestra amistad"

Los líderes de Lagartija Nick y de Surfin’ Bichos, instituciones del «indie» español, se unen en un espectáculo atípico.

  • Antonio Arias (izda.), de Lagartija Nick, y Fernando Alfaro, de Surfin' Bichos, dos iconos del «indie» español / Foto: Gonzalo Pérez
    Antonio Arias (izda.), de Lagartija Nick, y Fernando Alfaro, de Surfin' Bichos, dos iconos del «indie» español / Foto: Gonzalo Pérez

Tiempo de lectura 8 min.

11 de febrero de 2019. 02:02h

Comentada
Ulises Fuente 11/2/2019

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Ambos llegaron a la música en los albores del indie en España en dos lugares periféricos , sin ofender, de provincias, y sirvieron de pioneros para el nacimiento de una escena. Antonio Arias, desde Granada, menos periférica en asuntos musicales, abrió camino con 091 y sobre todo con Lagartija Nick, que hacían ruido, mucho ruido, y luego historia: con Enrique Morente grabaron «Omega». Divinas palabras. Fernando Alfaro, por su parte, desde el páramo que era Albacete, se convirtió en héroe para minorías con Chucho y Surfin’ Bichos. Ambos sabiéndose inadptados, ambos con una tendencia oscura en su personalidad juvenil, ya completamente desenmascarada hacia un estilo de componer canciones que no se pliega a convenciones. Aunque apenas se conocían, aceptaron el reto de sumar fuerzas en un espectáculo confesional en el que se ha creado un vínculo. El ciclo SON Estrella Galicia lo trae a Madrid el miércoles.

–¿Qué lleva a dos artistas reconocidos y de trayectoria a juntarse ahora?

–Antonio Arias: Estábamos más cerca que nunca, la verdad, porque compartimos compañía y afinidad, y alguien nos lo propuso. Que nos acercáramos dos metros más y ver qué pasaba. La primera vez nos dejaron sin más un rato solos.

–Fernando Alfaro: Antonio sostiene que nos conocíamos ya de antes, pero yo creo que ni siquiera en persona nos habíamos visto. Así que la primera idea era hacer una gira, aunque cada uno con sus canciones. Juntos, pero no revueltos. Así que empezamos a ensayar y desde el primer contacto se demostró que funcionaba. Nos enseñábamos las canciones y surgía una catarata de palabras alrededor que poco a poco se convirtió en el show. Llamamos a Miguel Ángel Blanca (cantante de Manos de Topo, director y guionista) para que hiciera una fotografía de lo que iba surgiendo entre nosotros.

–Es decir, que el germen es esa conversación.

–A. A.: Claro, cuando vino Miguel Ángel se dio cuenta de que somos dos personas de verbo fácil y lo centramos en esa experiencia de conocernos. Porque al principio pensábamos que la gente querría oír las canciones más conocidas de cada uno y lo planteamos como un «grandes éxitos» y después pensamos que igual era mejor tocar lo más raro que teníamos...

–F. A.: ...y finalmente fuimos a que la conversación nos llevase a las canciones. Y así es como resulta en directo, que parece fresco pero está guionizado, porque surgió de manera improvisada. Pero, claro, hay señales que se deben seguir, un esqueleto, porque si no, nos dipersamos.

–A. A.: Es que arrancamos por un sitio y no volvemos.

–¿El tema del guión cuál es, por qué derroteros va? ¿Confesional, humorístico...?

–F. A: Son encontronazos de realidad, ya que inevitablemente cuentas intimidades. La idea es presentar canciones y eso te pide que expliques el contexto, que a veces no es cómodo. Igual por eso el público se ríe mogollón. Espero que no sea de las cosas malas que contamos... pero hay humor. Se ríen seguro, llorar, no sé.

–Hay tragicomedia.

–A. A.: Todo lo que se puede abarcar, porque la gente tiene mucho interés con los momentos de la vida del rock, de las drogas y de esos grandes instantes en las multis... pero también hay de lo malo.

–F. A.: Hemos percibido que gustan los ascensos y las caídas. Sobre todo las caídas (risas).

–A. A.: Exactamente. Aunque, claro, hablamos sobre todo de la música, de cómo escribimos, de cómo ha cambiado la forma de hacerlo... pero la gente prefiere el batacazo (risas).

–F. A.: Compartimos mundo y bagaje, porque venimos del post-punk y de ese hálito oscuro que teníamos ambos grupos. Pero Antonio evolucionó hacia el flamenco y yo soy un guiri de eso y él me lo explica. Me enseña un fandango, por ejemplo, en escena.

–A. A.: Ha salido material inédito tras la conversación porque revelamos cosas que nunca habíamos contado y han aparecido historias de las que ni nos acordábamos.

–A. A.: Una terapia de dos, sí.

–En la parte más textual e interpretativa, ¿están cómodos?

–A. A.: es que como somos de verbo fácil y con experiencia en entrevistas...

–F. A.: Tenemos facilidad para encontrar explicaciones a cosas que te preguntan que son inexplicables. En los conciertos yo era más adusto y lacónico y no decía ni palabra. Todavía me pasa cuando voy solo. Pero ya me he ido atreviendo a introducir las canciones y explicarlas, aunque estando dos es muy natural. La diferencia es que normalmente haces un diálogo con el público y en este caso hacemos cuarta pared, no interactuamos nunca. Ellos aplauden y seguimos hablando como si no existieran.

–A. A.: Es una exaltación de lo privado, estamos en un cuarto solos y el público puede observar algo que les llama la curiosidad. Cuando nos juntamos, qué hacemos los músicos. Y ellos pueden entrar en eso, sin molestar, estar en un lugar nuestro, donde no hay nadie.

–Me llama la atención que, si no había una relación íntima en el pasado, y el espectáculo se plantea desde el presente, tengan tanto de qué hablar.

–A. A: Quizá por eso. Al no haber coincidencias, afloran los temas. Si fuéramos dos íntimos amigos, sería todo el rato «¿Te acuerdas?, ¿te acuerdas? ¿Te acuerdas?». Pues no, mira, yo no me acuerdo de nada... (risas).

–A. A.: Pero es mejor que sea así, porque es real: quien viene está asistiendo al nacimiento de nuestra amistad en directo.

–¿Qué papel juega, entonces, la música?

–F. A.: Pues es que es un «fifty fifty» y por eso nos dicen que el show se les hace corto. Son dos horas, y en realidad no hay tantas canciones porque la charla va fluida y hay comedia. Es como los musicales, ¿no? Que, por cierto, a mi de pequeño me horrorizaba cada vez que alguien empezaba a cantar.

–A. A.: Es un ritmo fluido que va subiendo y bajando. Nos faltaría hacer un «recitatio», como en la ópera, con melodía en las partes habladas. (risas) Pero eso ya será para cuando se haga la película.

–¿Cuál fue la aportación de Miguel Ángel Blanca?

–F. A.: Muy importante. Puso estructura y orden. Y también decidió lo que podía ser más interesante.

–A. A.: Es que hay que explicar que él lo grabó en vídeo y en audio, está todo documentado. Y claro, con su experiencia como realizador de cine y guionista... («Your Lost Memories», 2012; «Quiero lo eterno», 2017; «Somos gente honrada», 2013). Después de vernos y escucharnos, estructuró todo con visión cinematográfica. Le hacemos caso en el 90 por ciento. Pero eso es portarse bien.

–Es decir, que quien piense que el espectáculo es improvisado se equivoca.

–A. A.: Los primeros ensayos son de principio de verano del año pasado.

–F. A.: Hicimos tres sesiones de varios días, juntos todo el tiempo, sin agenda.

–A. A.: Y uno nos reunimos en Vic, en un «bareto»... que es cuando el espectáculo duraba cuatro horas.

–¿Cuatro horas?

–A. A.: Claro, es que si nos ponemos a hablar... y siendo por la noche, era hasta poco tiempo (risas).

–¿Quedará algo grabado?

–A. A.: Con el material inédito de la conversación nos planteamos sacar un single. Con un par de cosas inéditas también, algún tema.

-F.A.: Es que lo nuestro es tan libre que no sabríamos cómo editarlo. Pero alguien nos ayudará.

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