Cultura

Fake Art: un «Salvator Mundi» por 10.000 euros

En lo más profundo del barrio de Neukölln y lejos de los flujos turísticos, galerías y museos de Berlín, está el salón de arte de los hermanos Posin. Su interior, tenue y matizado con una ligera pátina de humo de tabaco, está distribuido en dos salas y resulta inverosímil incluso para los más experimentados expertos en arte. Obras de cinco siglos, de Monet, Rembrandt, Van Gogh o Da Vinci se reparten en los 200 metros cuadrados. Pero aquí, en la planta baja de la Wipperstrasse 20, no hay un sistema de alarma que vigile el incalculable valor de las afamadas imágenes, solo copias engañosamente genuinas. Los entendidos de arte se refieren a esas obras como “originales falsos”. Al frente, en un viejo sofá de cuero, se sientan sus autores: Eugen, Michael y Semyon Posin. Los tres artistas procedentes de Rusia ya han sido recibidos en audiencia por el Papa y su gran listado de clientes se compone de compradores adinerados de todas partes del mundo. No obstante, en ellos no se vislumbra ni solo ápice de éxito. Sus rostros se tornan demacrados, arrugados y cubiertos de una espesa barba canosa. Visten camisas de leñador desteñidas, chalecos de cuero y pantalones acampanados como si el tiempo se hubiera detenido en algún momento de los años setenta. Fuman pipa o con sus largas bocanadas consumen cigarrillos en cuestión de segundos. Sus falsificaciones se encuentran entre las mejores del mundo. El “Autorretrato con oreja cortada” de Van Gogh, “El Tigre” de Franz Marc o la “Mona Lisa” de Da Vinci son solo algunas de las imágenes que cuelgan del “Kunstsalon Posin”. Las reproducciones están tan cerca del original que incluso a muchos expertos les resultaría difícil distinguirlos de las piezas reales. “No copiamos, fingimos”, dice Semyon Posin con un marcado acento ruso. “No rastreamos los originales línea por línea, sino que nos colocamos dentro de los artistas y su tiempo” y para explicar mejor su teoría se coloca enfrente de “El grito” de Munch y añade: “el expresionismo requiere de una pintura rápida que pueda evocar la dinámica de las líneas al lienzo”. Sus dos hermanos le miran y asienten. Pero ellos, a diferencia de la mayoría de falsificadores, no tratan de engañar al mundo del arte ya que todas sus copias están marcadas en la parte posterior, tienen un tamaño ligeramente distinto al original y, junto a la imagen, se entrega un “certificado Posin de autenticidad”. Además, como condición para el robo legítimo, el artista debe llevar muerto al menos 70 años. Nada que ver con las copias del también afamado y condenado falsificador germano Wolfgang Beltracchi. Los compradores de los hermanos Posin saben muy bien lo que obtendrán tras el desembolso de un buen puñado de euros.

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Muchos de ellos son coleccionistas, a menudo millonarios, que se hacen con una de las copias para mantenerla en oculto. Otros sin embargo, como el empresario alemán Gerold Schellstaeder, ha comprado a los Posin más de cien pinturas con las que incluso abrió un museo en el norte de Alemania. El tesoro más preciado de Schellstaeder es una falsa “Mona Lisa” por la que estuvo esperando más de tres años. “Los hermanos no estaban satisfechos con su primera versión y comenzaron la imagen de nuevo”, dice el empresario. Cuanto mayor es la fama, mejor es la clientela y los hermanos Posin no pasan en absoluto por problemas económicos. Por cada copia, piden entre 1.500 a 10.000 euros. Su fama traspasa fronteras y ha llegado incluso a Hollywood, donde cuatro de sus copias de Gustav Klimt aparecieron en la película de Wes Anderson, “Gran Hotel Budapest”. “La lista de pedidos es cada vez más larga y las imágenes son cada vez más grandes”, añade Eugen Posin. Pensativo da otra calada a su cigarro y supone que “los clientes tienen casas enormes y por eso, necesitan los cuadros adecuados”. Delante suyo se erige el “Nacimiento de Venus” de Boticcelli. El encargo vino desde España y todavía pasarán algunos meses antes de que el lienzo de casi tres metros de ancho esté terminado. “El cliente ha pagado unos 10.000 euros”, revela. Mientras Eugen se concentra en uno de los detalles del vestido de la Venus, Michael entra en la habitación, mira el cuadro, termina su pitillo y se marcha sin decir nada. Nacidos en los años cuarenta, los hermanos Posin aprendieron su oficio en el Art College de San Petersburgo. Allí fue donde los tres asistieron a un seminario que con el título “copiar viejos maestros” les introdujo en su actual ocupación. Pero sus problemas con otros artistas del régimen comunista les llevó a emigrar y tras parar en París, Londres o Viena se instalaron en 1987 en Berlín. Desde entonces, residen en un local donde cada uno tiene su propio apartamento y estudio y por el que se puede acceder a una tienda reconvertida en improvisada galería. Afuera todavía no hay bares de moda ni “lofts” lujosamente renovados. Pero además de compradores, la galería ha sido visitada por numerosos artistas, expertos de arte y por curiosos y periodistas de buena parte del mundo. Uno entra y se encuentra con una Mona Lisa en un caballete junto a un Van Gogh tirado de costado en el suelo. A su alrededor, muebles antiguos comparten la escena con todo tipo de cachibaches. "Cada una de nuestras copias debe tener alma. No tratamos solo de copiar la superficie o los colores, sino que intentamos meternos en el interior del artista, por eso trabajamos a nuestro ritmo y tratamos a nuestras pinturas como si fueran imágenes recién nacidas” dice Semyon Posin, como quien trata de explicar la fórmula de su éxito.

Lo suyo es obsesión por la historia y los detalles. Para ellos, copiar a los grandes maestros es similar al trabajo que puede realizar un actor antes de meterse en el papel de un personaje. No se cortaron las orejas cuando pintaron una copia de Van Gogh pero sí leyeron diarios, estudiaron el tiempo en el que vivió el artista y trataron de meterse en su cabeza. Si una pintura original tardó dos horas en pintarse, ellos la dedican dos horas. Y si el artista tardó cuatro meses en terminar su obra, ellos también pintarán durante cuatro meses. Los tres toman muy en serio su trabajo. A veces necesitan días o semanas hasta que encuentran el estado de ánimo correcto, la herramienta adecuada o el momento idóneo para enfrentarse al lienzo. El precio de la obra depende del tiempo empleado y de ahí que los impresionistas sean más baratos que las imágenes del Renacimiento. Eugen sonríe: “los impresionistas pintaron rápidamente, así que nosotros también lo hacemos así”. También hay imágenes quemadas o destruidas, de las cuales solo existen dibujos y que gracias al don de los tres hermanos para ponerse en el alma del pintor, pudieron resucitar. Con todo, la obra maestra del Kunstsalon es una "Mona Lisa". Eugen la mira y exclama: “así es exactamente como cuelga en el Louvre, excepto que ya no es necesario ir a París para verla”. La obra maestra de Da Vinci es el único trabajo en el que participaron los tres y lo hicieron durante seis años. Dicen que es la más perfecta de sus copias. “Por la Mona Lisa discutimos muchas veces e incluso, si no llegábamos a un acuerdo, hemos llegado a viajar a París para observarla de nuevo y que fuera el propio original el que nos contara la historia que se esconde tras ella”, recuerda Michael. Sobre la enigmática sonrisa de la mujer, los tres lo tienen claro. “La Mona Lisa no sonríe. Lo hizo y todavía tiene el gesto en el rostro o es una mujer que está a punto de sonreír”. Es el único de los cuadros que no está a la venta. Los Posin dominan con tal perfección los estilos de algunos artistas que incluso se han atrevido a continuar la obra de algunos de ellos pintando nuevas imágenes. Así lo hicieron con una obra del alemán Ernst Ludwig Kirchner.

El cliente que se hizo con ella no era capaz de creer que lo pintado no fuera una creación del verdadero Kirchner. La similitud es tal que incluso hace unos años, alguien trató de vender como auténtica una pintura de William Turner firmada por los Posin. Eugen no podía salir de su asombro cuando leyó la noticia en los periódicos. Igual que cuando hace solo unas días el "Salvator Mundi"de Leonardo da Vinci fue subastado por algo más de 450 millones de dólares. Un récord mundial que no pasó desapercibido en la galería de los Posin. En Berlín, el próximo año y para conmemorar el 500 aniversario de la muerte de da Vinci, otro "Salvator Mundi"estará en exhibición. Aunque idéntico, no será el mismo ya que en este caso estará firmado por los hermanos Posin.

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¿Cómo se copia?

La copia es casi tan antigua como el original. Desde la antigüedad la copia de las obras de los grandes maestros como aprendizaje en la pintura fue un sistema de enseñanza habitual en los talleres y escuelas de pintura. Un aprendiz debía copiar la obra de su maestro, las pinturas de otros talleres y las de los artistas de otras épocas y, a medida que hacía progresos, adquiría los conocimientos necesarios para realizar los encargos y las obras concretas que el maestro, bajo su supervisión, le ordenaba realizar. Hasta Velázquez o Goya copiaron y, hoy en día, en todas las academias y escuelas de arte del mundo se siguen copiando cuadros famosos como parte de la enseñanza. En la actualidad gracias a las nuevas tecnologías es posible la reproducción de obras de arte de manera casi perfecta aunque el número de copias, el tamaño y el soporte influirán en la calidad final.

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¿Cuál es la diferencia entre copia y falsificación?

La trayectoria de los hermanos Posin y de Elmyr de Hory da buena cuenta para establecer la diferencia entre copia y falsificación. Elmyr de Hory fue uno de los grandes falsificadores de obras de arte de la historia. Se dice de él que llegó a pintar más de mil cuadros, que fueron expuestos en museos de todo el mundo. Su baza fue usar diferentes personalidades con las que visitaba distintas galería con la idea de deshacerse de unos dibujos o unos lienzos. Los galeristas rápidamente veían la posibilidad de beneficios ante la certeza de colocar a sus clientes obras de Modigliani, Degas o Picasso. Así entraban las falsas obras en el circuito del arte. Era un falsificador. En cambio, los hermanos Posin no tratan de engañar al mundo del arte ya que todas sus copias están marcadas en la parte posterior o tienen un tamaño ligeramente distinto al original.