Historia

Las primeras ciudades del hombre

CaixaForum reúne una apabullante exposición sobre el esplendor cultural mesopotámico. El Gobierno iraquí autorizó la presencia extranjera en la zona para preparar la muestra. DÓNDE: CaixaFórum. Madrid.. CUÁNDO: Hasta el 30 de junio.. CUÁNTO: 3 euros

A CUATRO RUEDAS. Piezas que recuerdan  los carros entoldados de la época
A CUATRO RUEDAS. Piezas que recuerdan los carros entoldados de la época

Faltaban 2.500 años para que se levantaran en Europa los primeros monumentos megalíticos y Egipto no era aún un estado unificado gobernado por un faraón, cuando un pequeño poblado a la orilla del río Eúfrates –al sur de Irak– se convirtió en una gran ciudad de 40.000 habitantes. Posiblemente, la primera de la historia y capital de una especie de imperio con colonias hasta Turquía. Fue Uruk. La primera gran arquitectura monumental, la primera planificación territorial, la primera escritura de la historia, –antes incluso que en Egipto–, la primera contabilidad, se originaron en ella hacia el 3500 a.C. Parece que se hablaba sumerio, una lengua sin conexiones con ninguna otra conocida, pasada o presente. La importancia que estos avances tuvieron en los siglos posteriores hizo que, durante muchos años, los estudiosos hablasen de Súmer como la cuna de la humanidad. Sin embargo, las últimas investigaciones han desarticulado algunos mitos con respecto a aquella primera civilización. Todo parece indicar que, más que un pueblo con unas características étnicas, lingüísticas y culturales propias, convivieron tribus de diferentes procedencias con lenguas y tradiciones distintas.

La exposición que presentó ayer la Obra Social «la Caixa» en CaixaForum Madrid, «Antes del diluvio. Mesopotamia, 3500-2100 a.C.», reúne un conjunto de 400 piezas procedentes de treinta y dos museos –como el Louvre, el Field Museum de Chicago o el Metropolitan Museum of Art de Nueva York– y de colecciones de todo el mundo relacionadas con los distintos aspectos de la cultura que se desarrolló en las llanuras aluviales del Tigris y el Eúfrates en los milenios IV y III a.C. y que en gran medida nos ha sido legada a través de la Biblia, el Corán y varios mitos y textos griegos. A partir de obras de arte y de artesanía, joyas y objetos rituales, textos y símbolos, presenta las investigaciones más recientes y se interroga sobre la interpretación que han hecho historiadores y arqueólogos de distintas épocas. La muestra, comisariada por Pedro Azara y con la participación de un comité científico internacional, se completa mediante documentación, entrevistas filmadas, reconstrucciones en 3D –que recrean la ciudad de Ur y el Templo Blanco de Uruk– y un cortometraje de animación, así como obras de artistas contemporáneos, fotografías y filmaciones. En palabras del comisario, «esto la hace irrepetible».

Azara aclara que «se trata de la primera exposición dedicada al sur de Mesopotamia, menos popular que la cultura egipcia o grecolatina». La ha articulado en torno a dos manifestaciones relevantes: «La organización del espacio y la escritura. Además de la creación de la ciudad y del urbanismo, se construyeron vías de comunicación, incluida una red fluvial. Las ciudades eran fluviales o situadas en las marismas, lugares que ofrecían posibilidades para la vida. Una zona fértil al principio que luego se fue desertizando. Nacen porque tienen que organizarse para el trabajo. Necesitan una base legal para sus intercambios comerciales y así fueron creando reglas de cohabitación en un lugar actualmente muy conflictivo». Sin embargo, el estudio del legado de Mesopotamia va retrasado. Según el comisario, «las primeras misiones arqueológicas empezaron cien años más tarde que en Egipto. Fue a mitad del siglo XIX cuando surge la necesidad de ser explorado, conquistado y conocido, pero en realidad se hizo desde el periodo de entreguerras hasta 1980. La lengua sumeria fue descifrada –y aún no en su totalidad– hace unos 130 años. Las ciudades, construidas con adobe, yacían y yacen todavía sepultadas bajo gruesas capas de aluviones fluviales. Además, la conflictiva historia política de la región –guerras en Irán, Irak y Siria, incluso en la frontera turco-sirio-iraquí–, han dificultado o impedido un mejor conocimiento de lo que, muy probablemente, haya sido el origen de la civilización». Por otro lado, hay discusión sobre si la escritura cuneiforme es el origen de la escritura o si nació en Egipto. Para Azara, «parece que la escritura nació en el Medio Oriente unos cuantos años antes y no parece que hubiese contacto con Egipto. Su primera función fue administrativa. Se hacía necesaria para el control de bienes. Tenía un sentido utilitario y también una función mágico-religiosa de cara a su vida futura. Nace relacionada con la ciudad su estructura organizativa compleja».

Un mundo por descubrir

«La exposición está dedicada a la cultura sumeria –continúa Azara–. No se sabe si los sumerios fueron un pueblo venido de la India o de Arabia al fértil delta del Tigris y el Éufrates, pero lo que sí se ha descubierto es que no existieron sumerios y acadios. Esto es una recreación de la historiografía del siglo XIX. Hoy se habla de clanes, de tribus que vivían en el sur instaladas allí desde la Prehistoria, que hablaban distintas lenguas, entre ellos el sumerio y el acadio, pero no eran los únicos». Y concluye sobre la situación actual: «La guerra trajo el saqueo de museos y yacimientos que están minados y contaminados. El de Bagdad fue el más importante, pero una parte se ha recuperado. No obstante, el daño mayor lo han hecho los arqueólogos que no supieron distinguir las piezas de barro de las construcciones, debido al desconocimiento. Se supone que debajo de estos yacimientos queda aún mucho por descubrir».

Ur, entre canales

La reconstrucción virtual de la ciudad de Ur, tal y como podía aparecer a finales del III milenio, está situada en un paisaje marismeño, bordeada por el río Eúfrates. Era una ciudad amurallada de planta ovalada, con dos hipotéticos puertos fluviales, un recinto sagrado –que incluye el zigurat– dedicado al dios de la luna Nanar y dos fragmentos de tejidos urbanos residenciales de los que no se conserva trazado. Tenía canales naturales o artificiales y calles estrechas, parecido a una medina.