Carlos Marín: «Mi abuela siempre me decía que llegaría muy lejos»

Del 21 al 24 de enero se encerrará en solitario en el Teatro Compact Gran Vía.

Del 21 al 24 de enero se encerrará en solitario en el Teatro Compact Gran Vía. Aparca al Il Divo por un tiempo, pero sólo momentáneamente.

Barítono. Fan de Elvis Presley y admirador de Frank Sinatra. Carlos Marín siente que ha nacido en la época equivocada. Su voz pone la piel de gallina, aunque confiesa haber metido algún que otro gallo. A pesar del nombre de su grupo, y a que en su camerino hayan querido fotografiarse Bill y Hillary Clinton, no se trata de ningún divo. Ha cantado para George Bush, Barack Obama o la reina de Inglaterra. Julio Iglesias le reconoció el don de la seducción. Y es que el componente español de Il Divo siempre busca la perfección. Impoluto en la apariencia, su espectáculo roza la excelencia. Aprovechará un paréntesis en la gira del cuarteto para ofrecer, del 21 al 24 de enero, seis únicas funciones en solitario.

–El concierto traza un recorrido por su vida musical.

–Exacto. La idea es presentar lo que he hecho con anterioridad. Desde musicales hasta canciones de Tom Jones o Dean Martin. Llevo como artista invitada a Innocence, de la que soy productor.

–¿Al estilo de Las Vegas?

–Totalmente. Un espectáculo único, a todo lujo, con pantallas led, de los pocos que se hacen en España. Durará dos horas, con 10 bailarines, una Big Band de 20 músicos... Será un puntazo. Soy de los productores locos que siempre intenta ir un poco más allá.

–Il Divo ha vendido más de 40 millones de discos en todo el mundo, pero hábleme de cómo fueron sus inicios.

–Nací en Alemania, de padres españoles. Empecé a cantar cuando tenía seis años, e hice conciertos desde los ocho hasta los 11 años. Después vine a España y comencé a estudiar música. Me presenté a un concurso que se llamaba «Gente joven» y lo gané en dos ocasiones, con 15 y con 19 años. Luego trabajé en televisión con Jesús Hermida, y desde entonces no he parado. Tras hacer un casting, me propusieron formar parte de Il Divo, pero al principio dije que no por mi ego de cantante lírico. Después me llamó el productor para convencerme. Y lo logró.

–Fue usted un niño prodigio.

–Se puede decir que sí. Canté por primera vez ante 1.200 personas «Granada», de Agustín Lara. Mi abuela siempre decía que llegaría lejos.

–Es fan de Elvis Presley, y canta conocidas melodías de Frank Sinatra.

–Siempre me ha gustado la música de los años 50 y 60. Siento que he nacido en la época equivocada. Recuerdo la primera vez que fui a Las Vegas con Il Divo. Me esperaba ver a la gente con pajarita y, de repente, me los encuentro en pantalón corto. ¿Y el «glamour» dónde está?, me pregunté.

–¿Es un divo?

–No, soy poco divo. Diva es una persona presuntuosa, arrogante. Yo soy un tío muy normal.

–Il Divo conjunta la lírica y la música culta con el pop y otros géneros. ¿Cuál es su estilo preferido?

–Mucha gente nos dice que hemos conseguido acercarles a la ópera, algo que nunca se habrían imaginado. Mi estilo favorito es lo que se llama «crooner». Creo que es una oportunidad poder hacer ese tipo de canciones con un toque latino. Por eso rompo el hielo con este DVD, que saldrá a la venta en el mes de junio.

–Ha protagonizado musicales, óperas y zarzuelas. ¿Dónde se encuentra más cómodo?

–Me quedo con los musicales, donde tienes que saber actuar, bailar... Además, puedes ser más real, y te permiten estar más cerca del público.

–¿Es su voz su bien más preciado?

–Tengo otros tantos que no puedo contar... (risas). Es mi arma de trabajo. Para mi cantar es como ir a la oficina. El mundo de la música es como una noria: aunque estés en lo más alto siempre hay que tener los pies en la tierra, ya que te puedes pegar un buen leñazo.

–¿Puede cultivarse?

–Todo el mundo puede aprender a cantar. Lo único que se necesita es ejercitar el oído para seguir las notas que estás haciendo. Luego puedes tener la voz más o menos bonita. Ser buen o mal cantante ya viene con uno. El escenario hace al cantante, pero a veces arruina la voz, porque si te dejas llevar mucho por la pasión y careces de una técnica base buena... Hay días que duermes dos horas.

–¿Cómo la cuida?

–Como no bebo alcohol y no fumo, no la cuido demasiado. Tampoco voy con mujeres malas. Haz el amor cuanto más puedas y así cuidarás la voz (risas).

–Casillas ha segurado sus manos y Messi sus piernas. ¿Usted?

–Yo no tengo asegurada la voz, pero debería. Mi madre se dedica a ello y siempre me lo recomienda.

–Su voz pone la piel de gallina.

–Intento llegar lo máximo posible al público. Quizá resulte demasiado perfeccionista. Cuando me subo al escenario, aun estando cansado o enfermo, siempre sonrío y doy todo lo que tengo. Me debo al público y a los fans.

–Pero alguna vez se le habrá escapado un gallo...

–Sí, pero si sonríes, nadie se entera. También pasa cuando se te olvidan los textos de las canciones. Una sonrisa siempre disimula.

–¿Ha llegado a quedarse afónico en mitad de un concierto?

–Sin voz, nunca, aunque he cantado bastante fastidiado. En los conciertos en solitario estás solo ante el peligro. En cambio, cuando estamos los cuatro hay noches que te encuentras peor y un compañero con la voz más aguda puede tirar para adelante. Ahora, que estaré solo y voy a aventurarme a hacer seis conciertos en cuatro días, le echaré bastantes...

–Los que le conocen nunca dudan de usted.

–Saben que soy muy tozudo. Siempre estoy erre que erre y hasta que no lo consigo, no paro. A veces he estado a punto de arruinarme y he seguido. Al final las cosas salen. Si crees en ti mismo y pones esa energía, al final lo consigues.

–¿Y los que dudan?

–Uno es la energía que proyecta. Si proyectas negatividad, nunca lo conseguirás.

–Ha cantado con las mayores estrellas del panorama musical. ¿Quién es el cantante que más le ha impresionado?

–Julio Iglesias, un hombre con una magia enorme y un tremendo carisma... ¡y lo sabes! Tuve una conversación con él sobre sexo. Me dijo que tengo pinta de ligarme a todas las mujeres que se me cruzan (risas).