«Anacleto»: la vida secreta de Imanol Arias

A sus casi sesenta años se estrena como héroe de acción y da vida al agente secreto del cómic patrio por antonomasia.

Imanol Arias confiesa que «acabo todas las temporadas de ‘‘Cuéntame’’ dando una patada cabreado, queriendo decir a mis compañeros: ‘‘lo que hemos hecho no es suficiente’’». Pues bien, en «Anacleto: agente secreto», Arias, quien interpreta al célebre espía, no tarda ni dos minutos en darle una patada a la rueda de su jeep en el desierto del Gobi, y es que nada es suficiente en el nuevo largometraje de Javier Ruiz Caldera. Los protagonistas, el mismo Imanol Arias y Quim Gutiérrez («Primos», «Todo es silencio» y «Los últimos días), que encarna a su hijo Adolfo, se tiran de un puente, pelean mezclando media decena de técnicas de artes marciales, empuñan armas de gran calibre, corren a alta velocidad... Para Arias, que ya roza los 60 años, tanta acción supuso «una gran exigencia» y, además, llevarse «bastantes golpes. Los que no recibía me los daba yo mismo contra los actores que son más grandes y pesados. Nos hemos lesionado casi todos».

Y tanto desgaste físico para defenderse de Carlos Areces, que se mete en el papel del dibujante de Anacleto, Vázquez, quien se retrató en los tebeos como el villano. De él Imanol Arias destaca sus excentricidades: «La historia real de Vázquez es tan interesante como la de Anacleto. Estuvo en la cárcel, fue bígamo, tiene 9 hijos reconocidos y otros tantos que no, era timador, le robaba hasta a su sombra... y tenía un pobre sastre que le hizo cuatro trajes y no le cobró. Incluso para pagar alguna deuda autorizó para que personas de raza negra dibujaran por él para la editorial Bruguera porque él era incapaz de realizar todo el trabajo. Así, crea en sí mismo una especie de mundo malvado y se lo aplica a su personaje más irregular, Anacleto. Él decía que un superagente en España no tenía enemigos porque todos los asuntos estaban controlados, y es que en los 60 no había un peligro que preocupase a nadie».

Imanol Arias comparte el reparto con actores habituados al género del humor: Quim Gutiérrez, Carlos Areces, Berto Romero y Alexandra Jiménez. Reconoce Arias que estaba entre intérpretes que se dedican a un tipo de cine diferente al que él frecuenta, pero eso le hace valorar aún más la experiencia de «Anacleto»: «Aprendí de ellos al ver la exigencia que se ponen con el ritmo y empiezan a quitarte las tonterías que nos creemos sobre la comedia, como eso de que debe ser rápida. Realmente se trata de una cosa matemática; si el resultado no cuadra con la operación, no sirve. La comedia es algo muy proporcional».

Mención especial merecen los cameos de Andreu Buenafuente, José Corbacho, Rossy de Palma y Toni Sevilla. Estos dos últimos, que interpretan a los padres de Katia y Martín, sólo tienen presencia en una escena en el comedor de su casa, «una sala que se me parecía a la de los Alcántara. Cuando grababamos la secuencia les advertía a mis compañeros: por favor cuidad que hoy que no me salga Antonio Alcántara porque estoy en mi salsa. Toni Sevilla, que en dos réplicas demuestra la grandeza del actor que es, me decía que simplemente debía poner otra cara».

Con todo este elenco de cómicos y el buen humor que se gasta el guión, el espectador puede proponerse un reto que se antoja imposible en «Anacleto»: contener la risa.

Imano Arias se considera «un actor innato, que es electricista e hijo de obrero». Sin embargo, esa capacidad no le ha eximido de «tener etapas en las que lo he pasado fatal, otras en la que el éxito ha sido tan fuerte que... (suspiro), también otra en la que he actuado para mantener una familia». Que se enfrente a su primera película de acción a su edad sólo se debe a su necesidad de «mantener y cuidar un don que tengo: la actuación». Un talento natural que, además, «le ayuda a ser mejor persona», porque «nada en mi vida tenía una capacidad de mejora sustancial que no fuera a través de hacer cine. Soy fumador y sólo puedo dejarlo por las películas, que también me han planteado cuestiones morales, y ya no te digo ‘‘Vicente Ferrer’’, que te cambia la vida por completo. En este sentido, ‘‘Anacleto’’ me ha ayudado a respetar mi cuerpo, a cuidarme, pero no para estar más o menos mon, sino para crear un instrumento que no esté sucio. Siempre digo de broma que se preparen cuando vuelva ‘‘Cuéntame’’ este año porque vuelvo con una fuerza y una ilusión porque si no no merece la pena que hagamos un capítulo más».

Aunque encarne a Anacleto, Imanol Arias siempre será Antonio Alcántara. Y él no se ofende por esta apreciación como otros hacen, sino que se siente orgulloso porque ha «vivido dos vidas». Y, sobre todo, por tener la oportunidad de realizar un homenaje a través de la serie «Cuéntame», pues asegura que su personaje es «mi padre, quería que todos lo tuviéramos en común».

Y si hablamos de familia, Imanol Arias no duda de que su hijo en «Anacleto», Quim Gutiérrez, será el protagonista de la segunda parte de la saga.

Un iluminador

La situación del cine español no es boyante, a la par con la economía del país, pero Imanol Arias cree tener algunas soluciones a los problemas de la industria. Además, todo alejado de ideologías pues, como afirma, «no hago declaraciones políticas, sólo soy una especie de iluminador de cómo la industria cinematográfica debe autoabastecerse».

El actor, que ha participado en películas nacionales tan reconocidas como «El amante bilingüe», «La flor de mi secreto» o «Pájaros de papel», opta por «incentivar que rodajes extranjeros vengan a España»: «Juan Antonio Bayona tiene 300 millones de dólares para una película que no se va a grabar en España porque hay un país europeo igual de conservador que el nuestro que le ofreció una desgravación fiscal del 40 por ciento. Se desplaza a allí y crea 5.000 puestos de trabajo durante siete meses». También reconoce que una rebaja del precio de las entradas es necesaria: «Mi ilusión es que el cine les costara menos a los espectadores. A unos padres que quieran llevar a sus hijos a una sala no pueden gastarse 100 euros entre las entradas, las palomitas y las bebidas. Sé que existen otras opciones más asequibles para ver filmes, como la segunda pantalla, pero sería conveniente que pensáramos más en la gran pantalla como tal. El problema está en que el dueño del cine, que no se ve afectado por la crisis, es americano. A ellos habría que decirles que en España las normas las ponemos nosotros y abaratarlo. El día del espectador podría ser los lunes, martes, miércoles y jueves a primera hora. A muchos no les gusta que se diga esto, pero lo hago con toda la honestidad: los libros, la ópera, el teatro... no son cultura personal sino forman parte del disfrute en familia del ocio y del entretenimiento, y debemos fomentarlo para desarrollarnos hacia un país más moderno».