El cine español no sale de la crisis

Juan Diego Botto, en «Hablar», la película inaugural, rodada en el barrio madrileño
Juan Diego Botto, en «Hablar», la película inaugural, rodada en el barrio madrileño

Social, de denuncia y de actualidad. Las películas con esta temática copan las propuestas del Festival de Málaga.

A menudo una película inaugural da el tono de lo que será todo un festival, es decir, de su parte mollar. Quizás por eso, cuando los organizadores del Festival de Cine Español de Málaga decidieron colocar «Hablar» –un retablo de los males del estado de la nación– en el frontispicio, estaban marcando la ruta de lo que van a ser estos diez días de cine: un reflejo en pantalla grande de lo que cada día se desayuna el español medio al encender la televisión: corrupción, desempleo, marginación, nihilismo juvenil... Si algo resalta en la cartelera de Málaga es lo social y actual como regla general; la fantasía o el escapismo, la excepción. El cine español (o al menos la parte correspondiente a este festival) aún vive en y de la crisis en lo que a temática se refiere (en salas, este último ejercicio ha sido, en cambio, el más boyante de su historia en número de espectadores). A «Hablar», un paseo de una sola secuencia por Lavapiés en el que caben todos los hilos de lo que genéricamente llamamos «la crisis», su director, Joaquín Oristrell, la define como un «retrato de los que vivimos estupefactos cada vez que encendemos la tele o abrimos un periódico para ver las noticias; estupefactos de ver cómo meten en la cárcel a un señor muy importante o de intentar entender por qué otro señor estrella un avión contra una montaña». Afirma Oristrell que en tanto diseñaba la película bullían en su mente las «Comedias bárbaras» de Valle-Inclán y el espejo invertido de «Luces de bohemia».

Guante blanco

Y no es ni mucho menos el único que se acerca a los titulares de prensa con ánimo de sacarlos a pasear a la calle, a la pantalla. En «La deuda», dirigida por Barney Elliott y también a concurso en la Sección Oficial, el latrocinio de guante blanco está siempre latente mediante «un trepidante drama político sobre un ambicioso hombre de negocios que decide aprovechar la oportunidad de su vida y termina envuelto en una batalla por la tierra, el dinero y el poder». ¿Les suena? El argumento central y exclusivo de «Todo el mundo lo sabe», propuesta de Miguel Larraya para la sección Zonacine, entronca prácticamente con el telediario. Esta cinta se compone de varias conversaciones telefónicas o presenciales que están siendo grabadas por un tercero, en un juego similar al de «La conversación», de Francis Ford Coppola, pero adelgazado hasta lo esencial: el testimonio de una corruptela, los entresijos de un pelotazo... No hay trama más allá de lo que ya saben: el cine toma prestado de la realidad. La veta más social y humana, a pie de calle, estilo León de Aranoa, llega de la mano de dos debutantes en el largometraje: el actor Daniel Guzmán y el jerezano Juan Miguel del Castillo. El primero trae «A cambio de nada», la historia lumpen de Darío, una especie de «Pijoaparte» madrileño que ha de ganarse las habichuelas desde bien joven pues es menos aún que un «nini». Por su parte, con «Techo y comida», Del Castillo propone la odisea de supervivencia de una madre soltera y parada, al borde del desahucio. «¿Y a ti quién te rescata?», plantea la cinta a modo de cebo y de guiño.

De Zonacine, sección que agrupa las propuestas «más contemporáneas, reivindicando un cine diferente y apoyando a los nuevos autores» –según destaca la organización– llegan los retratos más ácidos y militantes de indignación y desencanto. «’’Muchos pedazos de algo’’ es un crudo relato de los herederos de la especulación urbanística», señala su director, el cacereño del 82 David Yáñez; mientras que Juan Rodrigáñez ve en su «El complejo del dinero» un síntoma de que el poder económico «se ha ampliado dejando cada vez menos espacio a cualquier cosa que no sea él mismo». Como para cuadrar el círculo, la Sesión Premium rescata una de las cintas más controvertidas en su día de Fernando Fernán Gómez, «El mundo sigue», estrenada con silenciador durante el franquismo, en 1963, y apenas repuesta desde entonces. La película, un fresco de la anemia social en el barrio madrileño de Maravillas –en Lavapiés, recuerden, se inicia este Festival- se abre con una demoledora cita de la «Guía de pecadores», de Fray Luis de León (1567), que parece actuar de diapasón para esta 18 edición del Festival: «Verás maltratados los inocentes, perdonados los culpados, menospreciados los buenos, honrados y sublimados los malos; verás los pobres y humildes abatidos. Y poder más en todos los negocios el favor que la virtud».

Un total de 14 largometrajes compiten en la Sección Oficial, con preponderancia de thrillers y dramas humanos. Como viene siendo habitual en este certamen, la presencia de jóvenes realizadores es notable, marca de la casa para un Festival en el que el propio jurado, encabezado por Judith Colell (Barcelona, 1968), ronda los 40 años de media. Distintas secciones paralelas alimentan diez días de cine en la capital malagueña, que ayer estrenó alfombra roja en el Teatro Cervantes, por donde desfilaron directores y actores de la pequeña y la gran pantalla. A partir de hoy, tras el prólogo de «Hablar», la agenda del Festival será un «no parar» hasta el próximo día 26, en que se entregaran los premios.