James Mangold: «Deseo que “Logan” afecte al público, que lo revuelva»

Sitúa la acción en 2029 con los mutantes a punto de extinguirse y un Lobezno apartado del mundo que sacará las garras por última vez.

Lobezno (Hugh Jackman) vive casi apartado del mundo en la frontera entre México y EE UU
Lobezno (Hugh Jackman) vive casi apartado del mundo en la frontera entre México y EE UU

Sitúa la acción en 2029 con los mutantes a punto de extinguirse y un Lobezno apartado del mundo que sacará las garras por última vez.

Ha tenido como mentores a Milos Forman y Alexander McKendrick, y entre sus películas más destacadas figuran «Copland» (1997), «Inocencia interrumpida» (1999) –por la que Angelina Jolie se llevó el Oscar a la mejor secundaria– y, más recientemente, «Walk The Line» (2005), que consiguió cinco nominaciones y una estatuilla para Reese Whiterspoon. En esta ocasión, James Mangold (Nueva York, 1963) colabora por tercera vez con Hugh Jackman en «Logan». Ambos se conocen sobradamente, ya que coincidieron en «Kate y Leopold» y «Lobezno». En ésta, que es la décimo primera entrega de la saga «X-men» de Marvel, dirige el retrato final de un personaje que ha acompañado al actor durante casi diecisiete años mientras que el director, según ha comentado en redes sociales, prepara ya su versión de «Logan» en blanco y negro.

–¿Qué le atrajo de esta historia para dirigirla?

–La idea de rodar un filme sobre un lobezno real que está en nuestro mundo. Mi planteamiento era el siguiente: ¿qué pasaría si bajo a la calle y me puedo encontrar con uno o varios como él? Deseaba, no un decorado recreado para la película, sino que se desarrollara en el mundo que habitamos. Eso fue lo primero que pensé. Quería hacer la cinta con respeto y no con la finalidad única de matar a otro malhechor, sino que lobezno luchara contra algo interior y no tanto se defendiera de un enemigo externo.

–El western, que le apasiona, ha sido un género muy presente en su filmografía.

–Así es, me encanta. Creo que es el cine en su estado más puro. La ausencia de móviles, pantallas de plasma y de rayos X en un filme me fascinan porque cuando se encuentran presentes estás tan pendiente de la tecnología que no te queda espacio para los personajes y sus vidas. Además, es un género sencillo que da el lugar que merece al intérprete y la trama. Pienso en clásicos como «Centauros del desierto», «Sin perdón» y «Raíces profundas», tres de mis cintas favoritas que me han marcado para hacer esta película.

–¿A qué retos se ha enfrentado y qué escenas le dejaron alguna huella?

–Algunas hay, pero no las quiero desvelar, deseo que sean una sorpresa para el público. El reto ha sido dirigir a tres generaciones y que todo funcione de forma fluida, algo que no es tan sencillo como parece. Daphne Keen es una niña que va a sorprender en cuanto aparezca en la pantalla por su modo de trabajar, y creo que Hugh Jackman ofrece una de las interpretaciones más importantes de su carrera, si no la que más. Y qué decirte de Patrick Stewart: le hemos visto conduciendo la nave Enterprise en «Star Trek» y ha participardo en «X-men»; sin embargo, aquí resulta particularmente vulnerable y débil.

–¿Tuvo algún momento de inseguridad durante el rodaje?

–Todas las mañanas me despertaba pensando que iba a fastidiar la película, que sería incapaz de llevarla a término, que iba a defraudar. Cada escena es el resultado de uno o varios días de trabajo y, cuando una no funciona, la película hace aguas. Es como cuando de niño construyes un trenecito, si no ajustas bien las vías el convoy descarrilará. Cada día de trabajo es un fragmento de raíl que tiene que encajar a la perfección con el resto.

–Ha tocado géneros muy diferentes. ¿Existe alguna relación entre sus películas?

–Tuve un profesor estupendo llamado Alexander McKendrick, director de «The Ladykillers» (1951), que en una ocasión me dijo que un periodista le preguntó si había algo en común en sus filmes y le contestó que pensaba que podría ser una inocencia peligrosa, que siempre alguno de los personajes daba esa sensación en pantalla. Sinceramente, yo no lo sé con respecto a mis películas, aunque sí puede establecerse una relación entre «3:10 to Yuma» y «Copland» y ésta con «Logan», que a su vez tendría puntos en común con «Walk The Line» en cuanto a los personajes. De todas formas, me gusta que mi trabajo no sea definido de una sola forma porque eso me ha dado la libertad de que gozo.

–Ha hablado de «Walk The Line», ¿qué recuerdos guarda de Johny Cash?

–Todos estupendos. Me contó, por ejemplo, que cuando vió «Fran-kenstein» se sintió totalmente fascinado por el personaje, con el que se identificaba. En cierta manera tenía la sensación de que estaba también construido con partes de malas personas. No se sintió a gusto consigo mismo, lo que reflejó en sus canciones.

–¿Y Logan es así?

–Él también se siente como un monstruo, por eso no quiere relacionarse con nadie porque no desea hacerles daño.

–Trabajó con Hugh Jackman hace unos quince años.

–Hemos forjado una sólida amistad. Nos conocemos muy bien y confiamos el uno en el otro. Debo admitir que él siempre me ha sorprendido desde que le elegimos para protagonizar «Kate y Leopold», junto a Meg Ryan, pasando por «Lobezno», donde me di cuenta de que cuanto más le pedía más me daba. En esta película descubrí que su evolución como actor no ha parado, y en ese sentido me recuerda bastante a los actores del Hollywood clásico, porque es capaz de cantar, bailar e interpretar bien. Y muy versátil. Es tan bueno en todo aquello que se propone que quizá no esté lo suficientemente valorado, aunque al tiempo le permite sentirse cómodo en cualquier registro.

–¿Qué quiere transmitir con esta película?

–Revolver al espectador por dentro, hacerle pensar, que le afecte lo que está viendo. Lo más importante es el amor, que hace que la vida merezca la pena ser vivida. Aunque quiero dejar claro que no se trata de una cinta para niños ni familiar, aunque, entre otros personajes, trabaje una niña y lo haga, por cierto, de maravilla. Hay violencia en «Logan» porque existe en nuestro mundo y nos topamos con ella, pero yo no pretendo ensalzarla, no está en mi mente.