Jodie Foster contra la gran estafa americana

La actriz vuelve cinco años después a la dirección con este retrato descarnado del mundo del espectáculo y la información en Estados Unidos y los monstruos que genera la especulación.

George Clooney es rehén en su propio programa de TV

Jodie Foster vuelve cinco años después a la dirección con este retrato descarnado del mundo del espectáculo y la información en Estados Unidos y los monstruos que genera la especulación.

«La orgía más cara de la historia». Así definía Francis Scott Fitzgerald los años de exceso y frenética especulación previos al crac del 29. «Hasta el camarero del Plaza ganaba más que yo en bolsa», añadía. Nada nuevo bajo el sol. Desde que Lehman Brothers cayera como un castillo de naipes, Hollywood (por otra parte, una máquina de hacer dinero perfectamente engrasada) ha vuelto los ojos al desenfreno crematístico que ha derivado en la recesión y las miles de vidas y bolsillos truncados. De ahí han salido, entre otros, «Margin Call», «Inside Job», «La gran apuesta»... Ahora, Jodie Foster, una actriz y cineasta que no suele esconder su compromiso con la izquierda en Estados Unidos, ha querido plantear su visión de cómo los sueños del dinero fácil producen monstruos. Y éstos, los monstruos, están cada vez más dispuestos a hacer pagar caro a la sociedad la «orgía» financiera. «Tras lo sucedido con la crisis, mucha gente se sintió indignada. Era un gran impacto y empezaron a abrir los ojos», señala Foster. Pero, advierte, «todos tenemos parte de responsabilidad». Por palabra, obra u omisión.

«Money Monster», el regreso de la famosa intérprete de «Taxi Driver» o «El silencio de los corderos» a la dirección tras «El castor» (2011), disecciona el estado de continua tensión en que vivimos entre las aspiraciones a maximizar el sistema y la gran brecha social que la crisis ha provocado. En ambos frentes se sitúan sus dos protagonistas: Lee Gates (George Clooney), un conocido «showman» de la televisión que día a día fusiona el espectáculo con las finanzas, y Kyle Budwell (Jack O’Connell), un joven que, en la ruina tras jugarse los ahorros a una presunta «apuesta segura» en bolsa promocionada por el propio Gates en su programa, pierde los papeles y decide secuestrar en directo al «showman» en busca de explicaciones. La tercera en liza es Patty Fenn (Julia Roberts), la directora del programa «Money Monster», que, aislada del «set» y con sólo su pinganillo, tendrá que lidiar con el asalto en vivo al estudio de grabación.

Extraña y peligrosa

«Siento que existe un sistema implementado en Occidente que se aprovecha de gente como Kyle y su ambición de mejorar», señala O’Connell. Para Foster, la televisión se ha convertido a menudo en un cómplice de esa gran estafa: «Es interesante e increíblemente peligroso ese lugar donde entretenimiento e información se encuentran». El hombre que lo representa es Gates, el sardónico e histriónico presentador de «Money Monster», capaz de reducir complicadas tablas bursátiles a un chascarrillo más propio del «Saturday Night Live». Aunque este tipo de programa suene a ajeno en España, su auge es en Estados Unidosnotable. «La película es fiel a lo que está sucediendo –señala Foster–. Hay muchos programas así, que son más de entretenimiento que informativos y que mezclan ambas cosas de forma extraña y peligrosa, mediante las finanzas y la tecnología. Es un cóctel explosivo».

Precisamente, el uso de la tecnología es otro de los hilos temáticos de «Money Monster», una cinta que muestra a las claras su desasosiego por la rápida circulación del dinero por el mundo y la imposibilidad de seguirle la pista por culpa del increíble desarrollo tecnológico. «Este sistema ha abusado de eso», señala Foster. Al final, el descontrol se traduce en volatilidad y, más allá, en una larga ristra de perdedores como Kyle: «Es una persona arrinconada por las circunstancias, que se pregunta ‘‘a dónde ha ido a parar mi dinero’’», asegura O’Connell. La reacción del joven será extrema: entrar en el programa de «Money Monster» con una bomba de mano determinado a morir matando si nadie le aclara por qué rendija del sistema se escaparon sus ahorros. A partir de entonces, que es prácticamente desde el inicio del filme, la cinta se torna una frenética carrera por liberar al personaje de Clooney, quien irá pasando de antagonista del joven airado a cómplice en su búsqueda de un sentido a la sinrazón especulativa.

La directora admite que el planteamiento de «Money Monster» es extremo, pero considera que «el tempo vertiginoso de la cinta representa este mundo actual acelerado que influye en muchos contextos y lugares». La huella de «Network, un mundo implacable» (1976) resulta innegable. «Las películas de Sidney Lumet son una referencia para mí y hace 25 años lo que él filmó era una sátira, pero ahora esto se puede dar en la vida real». Para el británico O’Connell, que a sus 25 años parece haber dado el salto definitivo a Hollywood tras aparecer en «300, el origen de un imperio» y «Unbroken», lo importante a la hora de afrontar un papel tan límite es «intentar analizar sus propósitos y retratarlo de manera justa». Con el personaje de Kyle ha tenido que mantener una constante excitación: «Es un aspecto difícil de mi trabajo, pero lo disfruto. Las cámaras no tenían que esperar a que estuviese nervioso para grabar», señala. Con Clooney, con quien comparte plano casi toda la cinta, la relación no ha podido ser mejor: «Fue muy generoso como colega en el ‘‘set’’. Sentía que siempre estaba disponible para mí. Además, compartíamos intereses por Irlanda o el deporte».

Amor/odio

«Money Monster» permite asistir al reencuentro de George Clooney y Julia Roberts desde «Ocean Twelve» (2004). Aunque apenas comparten plano, su relación a uno y otro lado del «show» (uno en directo, la otra desde la cabina) sostiene la película en un binomio de amor/odio. El personaje de Roberts (metódico y profesional) es el contrapunto al caótico e imprevisible Lee Gates. Para Jodie Foster, cuyo trabajo de actriz sigue siendo más recordado que su actual actividad en la dirección, contar con esta pareja es garantía de éxito: «Tienen una química magnífica que no se puede explicar. Nosotros queríamos que fueran dos personajes atractivos quienes interpretaran esos papeles y extrañamente dijeron que sí. Lo cierto es que cuendo fichas a una gran estrella de Hollywood todo va sobre ruedas. Así que aparte de preparar las escenas, no he tenido que intervenir en el trabajo de los actores. Cuando decía ‘‘acción’’, les dejaba trabajar».

No esconde Foster su desasosiego por la crispación que se vive en Estados Unidos ante el creciente poder de Donald Trump y la posibilidad real de que algún día llegue a ser presidente del país. Su cinta refleja el estado de tensión que vive una nación que no ha sido ajena en absoluto al colapso de las burbujas y al repunte de todas las fobias y los prejuicios. Su apuesta en este momento, dice, es contar lo que está pasando: «¿Qué queremos? ¿Qué el arte refleje problemas y emociones de las personas y que le gente se preocupe e interese por eso o vamos a seguir formando parte del sistema?». En ese sentido, la mujer que comenzó haciendo cine con los jovenes directores de los 70 y 80 considera que sus películas son «humanistas» y que su mirada está innegablemente atravesada por la de aquellos realizadores con los que trabajó: «Los 70 fueron una edad de oro del cine americano y yo fui una afortunada por poder trabajar con esas personas y en películas tan importantes. Espero que sea posible hoy en día aspirar a esa creatividad crítica adaptándose a los tiempos».