«Crooner» ruso a la conquista de América

El artista, durante una actuación en Moscú
El artista, durante una actuación en Moscú

Emin, músico e hijo de un billonario ruso, lanza «Boomerang», un single producido por Nile Rodgers que ha sido la primera canción de aquel país en entrar en el Top 10 de Billboard.

No necesita la música para ganarse la vida. «No, claro que no. Pero quiero, es mi verdadera ambición, y la necesito para todo lo demás, para ser feliz», dice Emin Agalarov, el primer artista ruso que ha logrado colar una canción en el Top 10 de Billboard americano. El single «Boomerang», en el que participa el guitarrista Nile Rodgers, también ha sido seleccionado por BBC Radio 2, y Emin confía en que se convierta en hit internacional. Pero como decíamos, Emin no necesita de la música. Hijo de un billonario ruso (puesto 1.006 de la lista Forbes), se educó en Suiza y después en Nueva Jersey, donde se licenció en Negocios y Gestión. Sin embargo, tuvo que ganarse su puesto en la empresa familiar. Cuando su propia compañía de subastas se convirtió en un éxito, su padre le vio preparado para darle responsabilidad. Emin aceptó, pero con una condición. «De día estoy en la oficina, y la segunda mitad me siento en el piano a escribir y componer», explica en la víspera de su noche grande en Moscú, donde ofreció un concierto para 7.500 personas con todo el papel vendido desde varias semanas antes.

Besos y «selfies»

El concierto tuvo lugar en el Crocus City Hall, un complejo levantado por el conglomerado de empresas Crocus (término latino para el azafrán, de arraigo azerbaijano, origen de la familia Agalarov) que alberga un centro comercial llamado Vegas y una sala de conciertos con 7.500 butacas. Ubicada a las afueras de Moscú, esta impresionante mole de indisimulada inspiración americana está adornada con un taxi y un vehículo de la policía de Nueva York auténticos. Dentro, continúa un enorme derroche «kitsch», tan grande como para albergar una copia de Times Square y del Rockefeller Centre, pista de hielo incluida.

Algunos en Rusia piensan que la carrera musical de Emin está garantizada por el poderío económico. «Eso es imposible. Puedes escribir tu nombre en cada cartel de la ciudad, pero nada ocurre de manera artificial. Si a la gente le gustan tus canciones, ocurre el éxito. Da igual cuántas radios quieran ponerte si los temas son malos, nadie los escuchará. Para mí lo más importante es escribir canciones. Sentarme en el piano y empezar. Y hacer los textos», explica. Por lo visto en el concierto, Emin tiene una nutrida corte de seguidoras que se acercaron al borde del escenario al final de cada canción, durante las dos horas que duró el «show», a entregarle un ramo de flores, conseguir un beso, e incluso provocar «selfies» con Emin, quien tratará de seguir cantando mientras sostiene el teléfono de una de sus seguidoras. En lo musical, «Boomerang» está muy por delante del resto del repertorio, que el artista interpretó casi a partes iguales en ruso e inglés, y que se parece bastante al Enrique Iglesias de hace diez años, lo cual debe interpretarse como un halago porque dicen que el pop ruso lleva al menos dos décadas de retraso. Emin, cuyos primeros amores musicales fueron Elvis Presley y Adriano Celentano, hace su carrera de manera independiente, con su propio sello musical (llamado Saffron, que quiere decir azafrán otra vez, pero en inglés) y a sus 36 años recién cumplidos tiene prisa por el éxito. También posee una fórmula para conseguirlo: «El single se llama ‘‘Boomerang’’ porque creo que todo en la vida tiene un efecto retorno. Si deseas el bien a la gente, recibirás el bien. Si donas dinero a la caridad, eso te será devuelto de alguna manera. Yo creo en eso firmemente».