De Persia a La Patagonia, siempre la misma canción

Un documental explora las conexiones del folclore que, a través de la emigración, une a pueblos de todo el mundo

Pável Urkiza es un músico y arreglista cubano, nacido en Ucrania (1963), con ese apellido chillonamente vasco y que reside en Washington. Cuenta que, paseando un día por Jerusalén, concibió la posibilidad de hacer un proyecto musical sobre las conexiones de todas las armonías de la experiencia humana. Sin duda, era la persona indicada. Ayer se pudo ver en la Casa de América de Madrid el resultado, “Ruta de las almas”, una película documental en la que, a través de los testimonios de más de 50 músicos de 13 nacionalidades, se exploran las conexiones ancestrales de la música desde Persia a la Patagonia, trazando el viaje cultural y espiritual del pueblo iberoamericano. El proyecto se convirtió finalmente en un viaje a través de siete países y el resultado son entrevistas, imágenes y sonidos que, además de una película, han dado lugar a doce canciones para una banda sonora. A la presentación de la Casa de América acudieron en representación de ese universo musical Leo Minax (artista brasileño) la cubana Chabela Arnao, Ohad Levi (de Israel) y la española Martirio. La película formará parte de la programación de “La música en los martes del documental”, junto a otras cinco películas que podrán verse cada martes durante dos meses.

La ruta que hace la cámara saltando a un lado y al otro del charco y a cada orilla del Mediterráneo es la de la humanidad misma: herencias mediterráneas, norteafricanas, subsaharianas, sonidos de Persia, de Sefarad y de Al-Andalus que van a encontrarse en la península Ibérica. Ecos del mundo celta del norte de España, sonidos helénicos y otomanos. “Esas músicas viajaron a través del tiempo fundiéndose en las américas, donde los indígenas y los esclavos traídos de África juntaron con sus tradiciones y nos legaron la única manera de sostener su espíritu en la colonización: la música”, dice Urkiza. “El vencedor -el colonizador, quiere decir- resultó seducido por tanta riqueza cultural y percibió la llamada ancestral como suya. Se dio lugar el abrazo de las culturas”, comenta el director, que prosigue el relato a través de las posteriores migraciones. “La mezcla de la mezcla. El milagro de la alquimisa se manifiesta a través de la música”, expone el músico.

De esta manera, el camino de la película parte de uno los momentos de mayor esplendor cultural de la humanidad, el que vivía la España inmediatamente anterior al descubrimiento de América, un conocimiento “que llegó a América justo en el momento de la destrucción de la convivencia, cuando se expulsó a los sefardíes y musulmanes de España”. Sin embargo, esa expulsión resultó beneficiosa para el legado musical, porque sus tradiciones volvieron a mezclarse con los pueblos africanos y éstos fueron los que enhebrarían en América una tradición nueva. “Más allá de las creencias religiosas o políticas, de las palabras o de las normas culturales, existe una lengua común, universal, portadora de un mensaje de amor que celebra nuestra diversidad”, sostiene el realizador, que ha contado para la obra con el testimonio de David Broza, Martirio, Javier Ruibal, Eliseo Parra, Tal Ben Arí, Rali Margalit, Tito Alcedo, Tareq Abboushi, Yosvany Terry, Saray Muñoz, Leo Minax, Panagiotis Andreus, Zamara Carrasco, Golnar Shahyar, Chavela Arnao, Suhail Serguini, Iván Ruiz Machado, Raúl Rodríguez, Marina Lledó, Totó Noriega y un largo etcétera de músicos.

“En cada composición musical se desvelan los frutos de innumerables migraciones trazando el éxodo de una memoria que ha viajado a través de los siglos en el alma de nuestros ancestros como un equipaje espiritual”, explica el músico, que ha experimentado con la mezcla entre la música afrocaribeña, el flamenco, el jazz y los ritmos de oriente. “Como músico, el camino que siempre he transitado es el de intentar crear arte y belleza con y para la gente, sin importar su origen. Juntándome con músicos en el Medio Oriente, sentí, escuché conexiones con mis propias raíces”, sostiene Urkiza.

De esta manera, en la película, un músico turco siente que la bulería flamenca está íntimamente relacionado con el folclore popular de su país, y un segundo sostiene que uno de los cantos judíos más populares es una fotocopia de las saetas. “En la Península, el que no tiene de sefardí lo tiene de andalusí”, se titula uno de los capítulos de la película. Así, en el metraje se da una forma sutil de conversación entre intérpretes separados por miles de kilómetros que busca explorar la manera en que transformamos la vivencia en arte y cómo estamos profundamente conectados más allá de donde alcanza el árbol genealógico.

“Cada canción es una inspiración de la ruta misma, y navega por las conexiones de esta coexistencia humana. Con mis compañeros de viaje, del presente, pasado y futuro, seguimos este camino”, explica una de las voces del documental que aclara: “Este camino lo seguimos recorriendo”. “Estamos ante la religión más natural del ser humano porque la música no la inventamos nosotros, sino la naturaleza. Ella lo hizo”, remata.