Difícil espiritualidad

Stravinski: «Sinfonía de los salmos». Beeethoven: «Sinfonía nº 9». Solistas: E. Dennis, J. Johnston, P. Groves, W. Schwinghammer. Coro y Orquesta Nacionales. Director: David Afkham. Auditorio Nacional, 30-VI- de 2018

Fin de temporada con dos famosas sinfonías corales, ambas de estructura tan original; y tan distinta. Dos caras de la esperanza, como define agudamente Luis Suñén en sus notas al programa. Excelentes diálogos de las maderas al inicio de la obra de Stravinski, con planos diáfanos y buena entonación de las voces. Los ritmos punteados de la última parte estuvieron bien servidos. Dulce, admirablemente regulado, el «Aleluya» de apertura del «Laudate Dominum». Los versos siguientes encontraron la expresión justa y la música manó de manera ondulante, recogiendo así de manera natural los ecos ortodoxos.

No fue tan feliz la actuación del Coro en la «Novena» beethoveniana, que en los pasajes más agudos, altisonantes y peligrosos, y en los fortísimos finales no mantuvo la redondez y perdió el empaste, muy exigido por el ímpetu de la mano rectora, aunque los tenores mantuvieran el tipo. Lástima que la precipitación de los últimos compases no beneficiara la transparencia de líneas y contrapuntos. No ayudaron las intervenciones de los cuatro solistas vocales. La soprano Dennis, de timbre fresco y sonoro, no pudo acceder a su comprometido si agudo de su postrer intervención. La mezzo Johnston pareció, en el mal acoplamiento del cuarteto, de instrumento interesante. El tenor Groves cantó su solo de manera forzada, un tanto ahogado, sin esmalte. Y el bajo, más bien barítono, Schwinghammer, se mostró destimbrado y desafinado. Previamente, Afkham y una Nacional bien asentada nos habían ofrecido un primer movimiento iniciado estupendamente, con pausa y sabor. No llegamos a la buscada espiritualidad a pesar de la buena letra general.