El guardián de la memoria del Holocausto

El escritor, periodista y director Claude Lanzmann fallece a los 92 años y su nombre siempre permanecerá ligado a «Shoah», un documental de diez horas que reúne la historia oral de los supervivientes y verdugos del genocidio nazi.

Varios protagonistas que participaron en el documental «Shoah»
Varios protagonistas que participaron en el documental «Shoah»

El escritor, periodista y director Claude Lanzmann fallece a los 92 años y su nombre siempre permanecerá ligado a «Shoah», un documental de diez horas que reúne la historia oral de los supervivientes y verdugos del genocidio nazi.

Claude Lanzmann ha muerto con 92 años, pero él pertenece a ese género de individuos que han vivido más de lo que señala su edad cronológica. Tuvo una infancia que podría haber novelado cualquier escritor del siglo XIX; unos años marcados por el carácter acentuado de su madre, una de esas mujeres capaces de afrontar con agallas su tiempo y desafiar las reglas de su época, y por la educación estricta que recibió en las aulas de un internado. Estas dos variables, sin duda, condicionaron su comportamiento y manera de ser y moldearon un individualismo, entendido como personalidad, no como egoísmo, que, con toda seguridad, sería el germen de sus posteriores decisiones. Con apenas 18 años, con una ideología afín al comunismo, se involucró en la lucha contra el nazismo apoyando a la Resistencia francesa. Transcurridos los años de la Segunda Guerra Mundial, Claude Lanzmann aparcó su vida como hombre de acción y se dedicó a cultivar su lado intelectual.

Un lado polémico

Comenzó sus estudios de Filosofía y muy pronto empezó a colaborar con la Prensa escribiendo artículos diversos, aunque, según sus palabras, no era lo que más le entusiasmaba. Sin embargo, su lado polemista, su inclinación irrefrenable a discutir y entrar en los debates de actualidad, no pasó desapercibido a uno de los grandes pope de ese momento: Jean-Paul Sartre. Él le llamó para que se aproximara a su círculo y que participara en una de sus revistas. Lo que en ese momento el autor de «La náusea» no podía prever es que ese chaval apuesto y con probadas agallas mantendría un «affaire» nada menos que con su eterna pareja, Simone de Beauvoir, como el mismo Lanzmann reconoció durante la rueda de prensa d la presentación de sus memorias en Madrid: «La liebre de Patagonia» (Seix Barral). Un asunto que, aunque de antemano parece escabroso, no hizo que la sangre llegara al río.

Pero si el nombre de Claude Lanzmann es conocido hoy en día no se debe a estos pormenores, sino a uno de sus trabajos como director de cine. Durante su juventud, él conoció perfectamente el antisemitismo que había en Francia (algo patente desde el asunto Dreyfuss), y, por eso, dedicó una parte de su vida a un trabajo revolucionario y monumental: «Shoah», un documental de una duración aproximada de diez horas que rodó en diferentes países a lo largo de diez años. Un ambicioso proyecto que perseguía denunciar y mostrar al público lo que había sido el genocidio cometido durante la Segunda Guerra Mundial por el Tercer Reich. La cinta llegó a los cines en 1985 y enseguida se convirtió en un título de referencia para conocer qué fue el Holocausto y su alcance.

Claude Lanzmann podría haber ideado este trabajo de diferentes maneras, pero optó por el formato de las entrevistas, de una historia oral, y, de esta manera, puso ante el público, no solo la realidad de los hechos, sino a parte de sus protagonistas principales en carne y hueso, a las personas que participaron en uno y otro lado. Porque aquí radica una de las grandes aportaciones de esta realización. Lanzmann no se limita a sentar delante de la cámara a distintos supervivientes de los distintos campos de concentración que existieron en numerosas localidades de Europa, sino que quiso ir más allá, adentrarse en los puntos más oscuros, y buscó a los verdugos, a los nazis que estuvieron en esas instalaciones y que ayudaron a cometer aquellos crímenes. Unos testimonios que incluso hoy en día, casi con la conciencia adormecida por el incesante bombardeo de imágenes violentas, resultan estremecedores y dan una idea clara de qué está hecho el espíritu de la maldad. Lanzmann, que rechazaba la Prensa, supo sacar todo el partido a este oficio y demostró ser un periodista inconformista, paciente, que se interesaba sobre lo esencial y no se entretenía en superficialidades. Aunque él también llevó adelante otros documentales, como «Why Israel», lo cierto es que su capacidad para poner a los soldados y oficiales nazis ante el espejo, de delatarlos al sacarles los más terribles detalles de sus tareas, han hecho que su nombre vaya ya siempre unido a esta obra. Lanzmann, el hombre que vivió con intensidad, también se convirtió en el guardián de la memoria.