Cultura

El príncipe casanova del reino de Camelot

Los supuestos romances de Bob Kennedy –con su cuñada, Jacqueline, con Marilyn Monroe– siguen despertando interés y alimentando teorías de la conspiración cincuenta años después de su asesinato

El Camelot de los Kennedy fue una invención post mortem de su viuda, Jackie O, en pleno duelo tras su asesinato. Le contó al periodista Teddy H. White que su marido escuchaba a diario el famoso musical de Broadway.

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El Camelot de los Kennedy fue una invención post mortem de su viuda, Jackie O, en pleno duelo tras su asesinato. Le contó al periodista Teddy H. White que su marido escuchaba a diario el famoso musical de Broadway, ocurrencia genial para combatir con ideales y sublime moralidad la figura de mujeriego JFK: «Habrá otros grandes presidentes –le dijo Jackie–, pero jamás volverá a haber otro Camelot». Mas al trasluz de ese refulgente y mítico New Camelot, con el Rey Arturo, Ginebra y Lancelot du Lac se vislumbran amores y traiciones, leyendas y pasiones oscuras en las que estuvieron involucrados JFK, su hermano Bobby, su mujer Jackie y la actriz Marilyn Monroe. Un reparto estelar digno de una superproducción del Hollywood de los años 50.

Aunque muchas de estas comidillas ya por entonces resultaban falsas, la necesidad de enlucir moralmente unas vidas vulgares, pero vividas con el fasto de encarnaduras míticas, hacen pensar hasta qué punto la vida se nutre de bulos y medias verdades para que tomen cuerpo las ensoñaciones de un público deseoso de proyectarse en un melodrama más grande que la vida. El fondo trágico le confiere un valor añadido: Marilyn Monroe mantuvo relaciones íntimas con el atractivo presidente de EE UU John F. Kennedy. Y al ser abandonada, ocupó su lugar su hermano Bobby. El magnicidio dio pábulo a teorías conspirativas, que se agudizaron tras el posterior asesinato de su hermano Bobby en plena campaña hacia la Casa Blanca.

Para acrecentar el delirio sensacionalista, los rumores de que Jackie Kennedy, consolada por su cuñado durante el duelo, acabó en su brazos, viviendo un romance oculto, justo cuando trataba de alcanzar la presidencia de Estados Unidos, acababaron refrendados por el periodista C. David Heymann en 1989. Intrigas, pasiones secretas, espionaje y conspiración comunista en este New Camelot, que redondearon unas crónicas publicadas en las revistas sensacionalistas como moderna «Materia de Bretaña» en las que la sordidez apenas deslucía el brillante oropel con las que se escribían a diario.

La «aventura amorosa» de la mítica Marilyn Monroe con JFK no pasó de la rumorología. Las revistas carecían de la libertad actual para publicar los numerosos romances que vivía JFK con actrices rubias, entre ellas Angie Dickinson. El rumor de su relación se aceleró a partir de la famosa fiesta de cumpleaños de JFK el 19 de mayo de 1962 en el Madison Square Garden, donde Marilyn cantó un sensual «Happy Birthday, Mr. President», enfundada en un traje de gasa color carne, cosido sobre su cuerpo desnudo.

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Espontánea y desprejuiciada

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En su corta relación, entre 1961 y 1962, se vieron cuatro veces en fiestas en casa del cuñado de JFK, Peter Lawford, que fungió de alcahueta de la pareja. De todas ella, solamente la cita de marzo acabó en una relación sexual, como aclaró a su fisioterapeuta la estrella de cine, a quien llamó para que le aconsejara al presidente un remedio para sus dolores musculares y de espalda. Según la actriz, resultó sexualmente irrelevante. El presidente de EE UU trató de repetir el encuentro por mediación de su cuñado, pero nada indica que lo consiguiera.

En cuanto a la leyenda de la relación de Bobby Kennedy con la actriz, las habladurías comenzaron la noche de la fiesta, en casas de Pat y Lawford, cuando Marilyn acosó al fiscal general ante los ojos atónitos de su mujer, Ethel. Marilyn lo hacía sin maldad. Era espontánea y desprejuiciada cuando alguien le gustaba. Curiosamente, esta fue la última vez que se vieron. Según los datos recogidos en la muy documentada biografía de de Donald Spoto «Marilyn Monroe», la actriz se interesaba entonces por los derechos civiles y mantuvo con el fiscal conversaciones sobre el tema, pero nunca hubo una relación sexual entre ambos. Donald Spoto cruzó las agendas de Marilyn y los Kennedy, ambos vigilados por el FBI, y el resultado es bastante decepcionante para cuantos ven encuentros secretos, paranoicas confabulaciones para el asesinato de la actriz que sabía demasiado por agentes comunistas.

John E. Hoover tenía un detallado expediente sobre Marilyn desde su matrimonio con el izquierdista Arthur Miller y de haber conocido sus encuentros secretos lo habría utilizado para abortar la carrera del fiscal demócrata. Robert Kennedy solía recibir algunas llamadas de la actriz en su despacho de Washington, para comentar temas sociales, pero tanto para el fiscal como para su secretaria Novello las llamadas se convirtieron en una broma. También para el cronista Earl Wilson la relación la mantuvo Marilyn con John, no con Bobby, y lo mismo piensa el asesor de JFK, Richard Goodwin, que resalta la imposible relación. Además del FBI, la actriz vivía rodeada de una guardia de corps que estaban al tanto de sus idas y venidas. En aquellos años desquiciados para Marilyn por la vigilancia de sus cuidadores y los barbitúricos, las llamadas intempestivas a su nuevo amigo Bobby Kennedy resultaron un problema para el fiscal. Según Edwin Gothman, la dependencia de la actriz por él tenía que ver más con la compasión que con el deseo, y fueron delicadamente desalentadas.

Según los amigos de Monroe, JFK era su amor platónico y BFK alguien con quien hablar, pues no le resultaba tan atractivo como su hermano. ¿De dónde procedían las habladurías y confabulaciones sobre el romance de Marilyn Monroe con Bobby Kennedy? Quien dotó de verosimilitud el idilio inexistente fue Norman Mailer en su biografía de la actriz; reconociendo a continuación que lo hizo por dinero. Según las fuentes documentadas de la oficina de Robert Kennedy, todo se redujo a algunas llamadas de poca duración y los cuatro encuentros con el fiscal en fiestas en casa de los Lawford. Ella nunca dispuso del teléfono directo del fiscal.

Bulos sensacionalistas

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Los rumores sobre sus citas secretas y la implicación del fiscal en su muerte, encubierta por el FBI y la CIA, partieron de una fiesta en el rancho Bates a la que asistió la familia de Robert Kennedy, a seiscientos kilómetros de Los Ángeles, el 5 y 6 de agosto de 1962. El día que se suicidó la actriz en su casa de Los Ángeles. El origen del bulo nació de la fantasía de un mitomaníaco, Robert Slazer, que había conocido a la actriz durante el rodaje de «Niágara» y le pidió que se fotografiara con él. En 1964 publicó «The Life and Curious Death of Marilyn Monroe», en el que especulaba sobre la muerte de la actriz a causa de una conspiración política comunista. De aquí surgieron los numerosos bulos que, fomentados por la prensa sensacionalista y la autoridad de Norman Mailer, dieron carta de naturaleza a una Materia de Bretaña tan falsa como la antigua, creadora de uno de los mitos pop más fascinantes del siglo XX: el New Camelot.