El todopoderoso e hipocondriaco embajador de la casa de Austria

Retrato de Hans Khevenhüller montado a caballo. Nació en Spital (Carintia) en el año 1538
Retrato de Hans Khevenhüller montado a caballo. Nació en Spital (Carintia) en el año 1538

El historiador Alfredo Alvar realiza un monumental y documentadísimo trabajo sobre Hans Khevenhüller, católico, riguroso, recto, íntegro, leal y gran servidor de Felipe II.

Los historiadores saben muy bien que las cartas y relaciones que los embajadores de las diferentes cortes europeas remitían a sus monarcas constituyen una herramienta fundamental para el conocimiento de la historia moderna. Quizá sea menos frecuente ver publicados diarios de embajadores, aunque sí memorias de sus misiones en el extranjero. La comprensión de las relaciones diplomáticas y de la historia en sí, se debe a estos documentos. El caso que aborda el profesor Alfredo Alvar Ezquerra, en un trabajo historiográfico monumental, es un diario que abarca casi medio siglo:el del embajador de Su Majestad Imperial en la corte de Su Majestad Católica –es decir, las dos ramas de la casa de Austria–, Hans Khevenhüller. El libro forma parte de los proyectos de investigación financiados por el Gobierno que intentan acercarse a la historia de España de los siglos XVI y XVII a través del estudio de sus protagonistas. Uno de ellos, «La escritura del recuerdo en primera persona: diarios, memorias y correspondencia de reyes, embajadores y cronistas», ha hecho posible la publicación del libro de Alvar Ezquerra: «El Embajador Imperial Hans Khevenhüller (1538-1606) en España», publicado por el BOE. La obra se divide en seis partes. La primera –dedicada a la práctica diplomática– es un estudio sobre los embajadores de Madrid-Viena/Praga y un análisis del «Breve extracto» genealógico y autobiográfico. En la segunda traza una biografía del Embajador. La tercera es la traducción del alemán por Mónica Sainz Meister e Ingrid Cáceres Würzig, del «Breve extracto», que es también una historia de la Corte de Felipe II y Felipe III. La cuarta está dedicada a la familia Khevenhüller durante la Reforma. La quinta explica cómo un ejemplar –hasta hoy desconocido– de la historia familiar llegó a la Academia de la Historia, en donde se custodia. Y concluye con un apéndice: la traducción del epistolario secreto entre el Embajador y Rodolfo II en el año 1598. Acompañado por más de veinte ilustraciones en color. Fue presentado ayer en el Casino de Madrid por el embajador de España y Numerario de la Real Academia de la Historia, Miguel Ángel Ochoa Brun, el miembro de la Academia de la Historia y Presidente de la de Jurisprudencia y Legislación, José Antonio Escudero, el presidente del CSIC, Emilio Lora-Tamayo, junto al autor.

Hans Khevenhüller nació en Spital (Carintia) en 1538. Fue enviado a España como embajador y ocupó la representación permanente de Su Majestad Imperial en España desde 1574. Murió en Madrid en 1606, ostentando dicho cargo. «Una persona compleja y buen conocedor de la Europa de su tiempo y abierto a las relaciones personales. Católico, riguroso, recto, íntegro, leal y gran servidor de su señor, además, de hipocondriaco», así lo define Alvar, que piensa que las cartas y diarios con los que ha trabajado aportan «una discreción que no se ve en otros sitios. 3.000 folios de cartas mantenidos en secreto. Esto es una herramienta extraordinaria para el estudio de la historia». En este aspecto hay que destacar el método historiográfico seguido por Alvar, que puede considerarse un modelo de estudio. «Mi trabajo ha consistido en cotejar lo que dice el personaje de cada suceso con lo que dicen los demás y cotejar también todo lo que envía o recibe con el archivo de Simancas, donde está el contenido de todas las cédulas firmadas por el rey sobre lo que entraba y salía de España. Quien lea el libro va a tener una historia de la política de esta época». Un trabajo ingente y minucioso que ha llevado mucho tiempo al historiador. «El “Breve extracto” es una historia de su linaje, que junto a su diario autobiográfico, es lo que he usado como hilo conductor para contar todo a pie de página. Así salen las relaciones internacionales, con Felipe II y III y todos los aspectos de su vida diplomática y personal en España. Su papel fue fundamental para tener bien atados los lazos de la Casa de Austria, mantener unidas las dos ramas. Sin él quizá hubiese habido varias guerras. Por otro lado, su relación con Felipe II fue extraordinaria.

w Fuentes poco conocidas

Ochoa Brun destacó la manera didáctica y sencilla con la que Alvar presenta la vida del embajador expresada en el «Breve extracto»: «Recorrió el suelo español y vivió acontecimientos fundamentales de España y de Europa, como Portugal o el desastre de la Armada y despachó con el rey asuntos como Flandes –con el que no estaba muy de acuerdo–, la lucha contra los turcos, los protestantes, las relaciones con el papado, el destierro de la princesa de Éboli o los desmanes de Antonio Pérez». Por su parte, el académico José Antonio Escudero definió el libro como «complicado y algo raro para el que el autor ha usado fuentes poco conocidas. Destaca el mundo de los embajadores como testigos objetivos y excepcionales. Su obra es un extracto muy valioso, pero resulta muy descriptivo y poco crítico con lo que cuenta, un relato –a su juicio– demasiado aséptico. En una época muy estudiada, aporta algo nuevo y eso es muy difícil». También estuvo presente un descendiente del embajador, Bartolomé Khevenhüller, educado en Madrid, que dio las gracias al autor y a los editores por este libro sobre sus antepasados. Concluyó Alvar sobre el embajador: «Quería ser enterrado en el monasterio de San Jerónimo el Real de Madrid y quiso comprar la sala capitular a los monjes. Esa fue su voluntad última: descansar entre nosotros».