Los "Campeones"de los Goya

"Campeones"con tres galardones, incluido el de Mejor Película y "El Reino"con siete premios, entre ellos al Mejor Director y Mejor Actor, las protagonistas de la noche.

El equipo de "Campeones"
El equipo de "Campeones"

"Campeones"con tres galardones, incluido el de Mejor Película y "El Reino"con siete premios, entre ellos al Mejor Director y Mejor Actor, las protagonistas de la noche.

En la era de los «ofendiditos», de los límites del humor y el no toque usted ese tema que me enciendo, Javier Fesser, que tiene ojo para esto de la risa, se planteó el no va más del descaro humorístico: hacer una comedia sobre un grupo de chicos con discapacidad mental que fuese al mismo tiempo un reírse de ellos y con ellos sin ofender a nadie y buscando al cabo la empatía. El público, que bien podría haber entendido lo contrario (que así de volátiles están los días), comprendió el mensaje de Fesser. Y así se redondeó el pelotazo: «Campeones», la película española más vista del año, con casi 20 millones de espectadores. Después de llenar salas a rabiar, de viajar (hasta la primera parada solo) a los Oscar y convertir a los rostros del equipo de baloncesto Amigos (la decena de personas con discapacidades que lo integran en la ficción) en familiares para los españoles, solo quedaba una canasta, triple para más señas, y obrar el milagro de conjugar el premio a Mejor Película de los Goya con la cinta más taquillera del año, algo que no ocurría desde hace tres lustros con «Mar adentro». Ayer, «Campeones» encestó a lo grande, demostró que el «mainstream» se abre hueco en la idea de los académicos y que el gusto de la mayoría no les produce alergia.

Quizá tenga no poco que ver la principal característica de esta cinta: su canto a la integración en una época que busca remediar la mala conciencia de un pecado indeterminado. Fesser ha sabido leer de dónde sopla el viento y exponerlo de la mejor manera en la cinta que ayer se llevó el premio a Mejor Película en la 33º edición de los Goya, celebrada en Sevilla: «Tengo la enorme felicidad de notar que se ha acuñado un nuevo término para estas personas: “campeones”, pues son capaces de luchar por lo que aman y creen; gracias por incluirnos en vuestro maravilloso mundo, que sale del corazón y no tanto de la cabeza», manifestó el director. Jesús Vidal, Goya al Actor Revelación, esgrimió tres palabras en su discurso: «Inclusión, diversidad y visibilidad». Y posteriormente se dirigió a sus compañeros: «Sin vuestra frescura, espontaneidad y talento esto no hubiera sido posible». «Campeones» abrió la gala con todo su plantel en el escenario para entregar el primer galardón. Y «Campeones» cerró la gala descorchando el champán. Y, entre medias, «El reino» ejerció su poder sobre el resto de los premios, entre ellos, el de Mejor Guión y Director para Sorogoyen y (aquí viene la que podría ser en realidad la gran noticia) Actor Protagonista para Antonio de la Torre. ¡Por fin! Tras seis nominaciones y otras tantas de reparto, el intérprete logró finalmente ayer su primer y merecido premio en un papel principal: «Este Goya se queda en esta tierra de pasión y talento que se llama Andalucía, pueblo multicultural que abraza siempre al que viene de fuera», señaló el malagueño en el escenario. Hasta los 64 años ha tenido que esperar Susi Sánchez, protagonista de «La enfermedad del domingo», para tener una nominación, que se materializó en un Goya. Y, además, Susi llegó a tiempo para recogerlo. Lo explicamos: la actriz fue la primera en posar ante las cámaras en la alfombra roja, a eso de las 18:30, para irse inmediatamente después a, ojo, trabajar. Tenía función en el Teatro Central de Sevilla. «Espero que me de tiempo a llegar al premio. Me lo tiene que dar», comentaba. Y sucedió ambas cosas. Llegó, vio y venció.

Andreu Buenafuente y Silvia Abril, conductores de la gala, supieron acertar allá donde sus predecesores, Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes, fracasaron: en el dominio de los tiempos televisivos y en su actitud inteligente a la hora de ir al ataque donde todos esperaban una defensa: hubo humor sobre la propia crisis del humor, guiños políticos dosificados y no cargantes y, básicamente, no acapararon el protagonismo por una gestión cuestionable de la gala más difícil de este país. Por lo demás, los Goya fueron una oda constante a la diversidad: desde el amor de las dos gitanas de «Carmen y Lola», que le valió el premio a Dirección Novel a Arantxa Echevarría y motivó un discurso a favor de los colectivos LGTBI y contra la exclusión, a las demandas de más papeles y presencia de mujeres. A pesar de que los abanicos rojos volvieron a inundar la gala, la realidad es que solo el 26% de las nominaciones fueron a parar a mujeres. Una de ellas, Eva Llorach, Mejor Actriz Revelación por «Quién te cantará» incluso se hizo «un Frances McDormand» poniendo en pie a sus compañeras en el auditorio para clamar por una mayor visibilidad.

Por primera vez Sevilla acogió los Goya, en la segunda salida en la historia de los premios (la primera fue en Barcelona en el año 2000), con una mayor presencia de fans en hoteles y a las puertas del Palacio de Congresos. La música de Rosalía y el piano de James Rhodes dieron la nota musical en un evento que, si se cumplen las perspectivas del presidente de la Academia, Mariano Barroso, podría cambiar muy mucho de formato el año que viene con la inclusión de categoría para series de televisión. Queda un año para verlo.

«El cine no va a desaparecer nunca»

«Hasta siempre, Yvonne». Así empezó su escueto discurso Mariano Barroso, presidente de la Academia de Cine, con un recuerdo a su antecesora, que falleció el pasado verano. Aludió a la positiva cosecha y a las películas que no habían sido nominadas, «que se han quedado fuera aunque son muy buenas». Nuestro cine es diverso y sigue generando riqueza. Contribuye también a que nuestro cine se conozca», dijo, y aludió a la «excelente taquilla» que ha hecho «Jurassic World. El reino caído», de Bayona, y a «Madre», corto nominado al Oscar de Sorogoyen.

Llegaron las cifras: «17,5 millones de personas han visto este año películas españolas que han tenido que sortear un bosque espeso de pantallas de todos los tamaños que han transformado la manera que tenemos hoy de ver el cine», y aquí vino la parte mollar: «Un cine que no puede mantenerse ajeno a los cambios que se están dando y que tiene que dar respuesta a este momento», e insistió en que «no deben de convertirse en enemigos del cine», sino convivir con él, «porque el cine no va a desaparecer. Solo está buscando permanentemente nuevas formas. Gracias a quienes ven producción audiovisual española y se emocionan con ella, en nuestro país y en todo el mundo, en cualquiera de sus formatos. Exportamos toneladas de emoción y somos contadores de historias», añadió. Historias que hablan sobre «exclusión, corrupción, superación y memoria», apuntó. «Quizá ha llegado el momento de que cuando una chica diga en su casa que quiere ser directora, o guionista, o actriz... sus padres no sientan un escalofrío de miedo. Quizá deberían sentir más bien un escalofrío de orgullo, porque su hija quiere tener una profesión digna. Porque quiere ser parte de la explosión internacional del audiovisual español», añadió.