Fele Martínez: «No hay nada más romántico que esperar una carta»

Fele Martínez llegó al cine sabiendo que actuar era lo suyo. Hoy sigue demostrando que es su pasión, ya sea sobre un escenario o delante y detrás de las cámaras. Entre la gira y el ensayo de la obra «Todas las mujeres» –que vuelve al Teatro Príncipe Gran Vía de Madrid el 5 de septiembre–, nos tomamos una caña en el Café Pavón, en plena ola de calor. Pese a las tablas, sorprende su timidez para posar en una foto. De ahí que no le da vueltas al hecho de que es un icono para muchos españoles.

Gira de «Todas las mujeres», ensayos, dos series en televisión («Estoy vivo» y «La unidad»), también ha dirigido su segundo corto este año... ¿Y las vacaciones «pa' cuándo»?

Cuando uno trabaja en lo que le gusta es como si fueran vacaciones. Luego se tienen días libres de las «vacaciones», cuando tocan. Y esos días se aprovechan un montón, sobre todo si puedes llegar a desconectar, es estupendo.

Si se pierde Fele Martínez, ¿dónde hay que buscarlo?

Suelo estar aquí, en el Café Pavón. O en el Jota, o en el Jota Batela, o en Los Tiernos, ahí tengo mi zona de influencia. ¡Ah! También en el Pata Negra, al lado del río, en el Puente de los Franceses. Es un sitio genial con música en directo...

De hecho, se nota que el Pavón es su sitio, pues la entrevista se interrumpe para que pueda saludar a su amigo y actor Carlos Chamarro, que también está tomando algo...

El segundo corto que ha dirigido, «Tu día de suerte», se ha rodado íntegramente en un ascensor, ¿tiene alguna frase hecha para el momento ascensor?

Entrar en uno no es una situación cómoda, más cuando estás con un desconocido. Estás invadiendo el espacio vital de la otra persona y viceversa. Hay silencios incómodos... En principio, uno lo puede asumir. En el caso del corto, no es así: lo que era un trayecto inocente se convierte en un viaje a los infiernos.

Es que además el corto es impetuoso...

Me hace mucha gracia lo grosero del lenguaje que se usa en él. Vivimos en una época de lo políticamente correcto, en la que hay que cogerlo todo con papel de fumar... En el corto se va a lo opuesto, es muy irreverente y hasta violento. Está recomendado para mayores de 18 años y es solo por el lenguaje.

¿Qué sería de Fele sin «Tesis»?

Ni idea. Para mí, fue como el volantazo definitivo que te pega la vida profesionalmente hablando. Si tuviéramos que establecer algún tipo de patrón, esto hubiera ocurrido unos años más tarde, después de terminar la escuela, hacer muchos castings, mucho teatro, y de repente, ¡boom! suena la flauta y encarnas a algún personajito en la tele y como broche final haces cine. Pero me fue al revés. No sé qué sería de mí sin esa película de Amenábar.

¿Sabe que es un icono para la gente de mi generación? ¿Cómo se siente?

No me he sentado nunca a pensar «soy un icono», ¿cómo me siento? No me lo he planteado nunca. Pero sé que he participado en películas que han tocado mucho a la gente y han sido muy importantes para mí. Me considero afortunado.

En mi época, mis amigas y yo decíamos: «¿Eres de Fele o de Noriega?»

(Risas). No me lo puedo creer. ¡Esto es muy fuerte! Se lo voy a contar a Eduardo. Me hace mucha gracia. ¿Pero esto era en general o solo con tus amigas «freakies»?

Lo pensabas con que vieras cine español a finales de los 90...

Si veíais cine español entonces, erais «freakies». Evidentemente, hay un punto de halago. Aunque no suelo pensar en estas cosas.

¿Pero nunca vio a alguien en el metro con la carpeta forrada con fotos suyas?

Ni de coña. ¡Jamás! ¿Llevábais fotos mías?

No, nosotras, no, pero sí que se veían. ¿Y usted qué llevaba?

Yo sí que era bastante «freakie». «Blade Runner», Freddy Krueger, «Alien», Los Ramones, Metallica, Motorhead... Cine y bandas de rock a tope.

¿Ha llegado a vivir un amor más intenso, bonito y apasionante que el del protagonista de «Los amantes del Círculo Polar»?

Sí.

¿Cómo sería ahora con Whatsapp y con las redes sociales tan inmediatas? ¿No cree que se pierde la magia?

No hay cosa más romántica que esperar una carta de la persona a la que has escrito tú. Eso es maravilloso. Esa espera, esa paciencia, luego nerviosismo porque han pasado cuatro días. Ahora mandas un Whatsapp y estás todo el rato mirando la pantalla para que te conteste. Eso es una mierda. Nos estamos acostumbrando a una velocidad que a veces mata la frescura.

En tu obra, «Todas las mujeres», ¿hay que tener asuntos pendientes?

Depende de qué tipo de asuntos. Hay algunos que pasan factura, otros que se enquistan, otros que están bien dejarlos para luego resolverlos más adelante... En el caso de Nacho, tiene asuntos pendientes pero además de los jodidos, de los que se llevan mal. Él es un tipo que intenta huir de los problemas, pero los problemas van más rápido que él... Además siempre recurre a la gente que tiene cerca para que se los resuelvan. Pero justo, exactamente ante este marrón, las únicas que pueden sacarle de ahí son las mujeres importantes de su vida. Es doblemente torpe. Él utiliza a las personas para conseguir un fin. Pero aquí la jugada le sale rana, porque son cinco mujeres asertivas, empoderadas, con cinco caracteres muy diferentes y con la mosca detrás de la oreja... Y Nacho cada vez se va hundiendo más en el pozo cenagoso...