Gris, el nuevo color del Reina Sofía

El depósito de la Fundación Telefónica convierte al centro de arte en referente de la vanguardia histórica. «Cualquier museo que quiera exponer a Juan Gris tendrá que pasar por este museo», declara su director, Manuel Borja-Villel

El depósito de la Fundación Telefónica convierte al centro de arte en referente de la vanguardia histórica. «Cualquier museo que quiera exponer a Juan Gris tendrá que pasar por este museo», declara su director, Manuel Borja-Villel

Llevaba tiempo negociando el Museo Reina Sofía con la Fundación Telefónica el depósito de su importante colección cubista considerada como una verdadera joya dentro del mundo del arte. Manuel Borja-Villel, director del centro de arte, estaba ayer exultante de que el acuerdo y la rúbrica final se hubieran producido. Se trata de 33 obras fechadas entre 1912 y 1933 de autores como Juan Gris, María Blanchard, Louis Marcoussis, André Lhote, Gleizes, Metzinger, Barradas, Manuel Ángeles Ortiz, Vicente Huidobro y Torres-García, algunos de ellos con una escasa o nula representación en el museo, de ahí que su llegada haya sido doblemente celebrada. El depósito-comodato constituye, junto con la donación, una forma básica de ingreso de fondos en el museo y se define como el contrato por el que el depositante o comodante entrega un bien cultural para que lo use gratuitamente durante un periodo de tiempo (que habitualmente no es inferior a cinco años, como es el caso del de Telefónica), al cabo del cual deberá restituirlo.

Fruto de este acuerdo de colaboración se podrá ver en las salas una de las más importantes colecciones cubistas existentes en España que recorre tanto los años centrales de este movimiento, como experiencias de décadas posteriores y ponen de manifiesto la pluralidad de las propuestas y técnicas a lo largo del tiempo. Para el director del museo, con esta incorporación temporal, que los responsables del centro confían en que se alargue, se refuerza un área que estaba no muy bien representada. «En el caso de Dalí, Miró o Picasso y esa parte del arte inconsciente, no hay lagunas, pero en la vertiente que no es la del sueño o lo onírico nos hallábamos con un elemento más débil y es ahora cuando podemos decir que se ha subsanado. Es la vertiente, por otra parte, del cubismo internacional la que ahora nos llega en forma de obras de Lothe, Gleizes o Metzinger, nombres importantísimos que vamos a poder exponer. Y aquí sí que hablamos de salto cualitativo, de un gran avance en la colección. Lo importante es que el visitante va a poder verla reunida», explica Borja-Villel con orgullo. Hablar del valor económico de la colección, única, por otra parte, está de más. «Son obras que no están disponibles, piezas únicas, y el depósito temporal significa una manera de tenerlas. Cada autor es importante, claro, pero lo que hace de esta colección algo único es el conjunto. Eso es lo grande», enfatiza el director del Reina Sofía, que añade que se trata de una selección «irrepetible y de las mejores de sus características».

El peso de Juan Gris resulta a todas luces incuestionable en la colección cubista de Telefónica. De hecho, se fueron adquiriendo las obras del artista y fue posteriormente cuando se compraron de otros creadores, pero teniendo en cuenta siempre que el centro, el eje, lo marcaba el pintor. «Efectivamente el peso que tiene es inmenso. Podemos decir que ahora, cualquier museo internacional que desee montar una exposición de Gris debe de pasar por el Reina Sofía».

w ventana ondulante

José Victoriano González-Pérez, es decir, Juan Gris, está hoy en boca de todos, de muchos. Su manera de pintar, su cubismo ondulante, como el que se observa en «Ventana con colinas», es apabullante. Nació en Madrid, pero hizo prácticamente toda su carrera en París. Su fuerza y la solidez de su trazo están implícitas ya en sus obras tempranas. Es uno de los referentes incuestionables del cubismo, sobre todo de esa nueva manera de hacer que se desarrolló entre 1916 y 1923, en la que también estuvieron inmersos los citados Huidobro, Gleizes, Metzinger, Lothe y Blanchard. Según la nota remitida ayer por la institución museística, «las obras objeto de este depósito han formado parte de la exposición “La Colección Cubista de Telefónica”, que en los últimos años ha estado viajando por numerosas ciudades dentro y fuera de España y ha alcanzado la cifra de más de 800.000 visitantes. Tras este acuerdo, son ya un total de 60 obras de indudable relevancia las que Telefónica y Fundación Telefónica dejan en el Museo ya que, fruto de un acuerdo firmado en 2002, 27 obras ya están depositadas en el Reina Sofía». Tras la última itinerancia, el centro de arte ya les ha adjudicado una fecha en el calendario, y no cualquiera. «Estamos buscando, aunque ya sabemos que será en mayo de 2017 porque primero tendremos, el 4 de abril, ‘‘Picasso alrededor del Guernica’’, una de las grandes muestra que vertebrará el próximo año. Será una primavera especial. Y la alojaremos en la segunda planta, donde está representado el cubismo».

Si le preguntamos por una selección de al menos seis obras de este depósito histórico, Borja-Villel tiene muy fresca en la cabeza la media docena. Se decanta por dos títulos de Juan Gris, uno fechado en 1923, el óleo «La ventana», y otro realizado con la misma técnica de 1918, un «Arlequín». Menciona también a Barradas, con un «Bodegón vibracionista» de 1919. No falta «Minuit», delicatessen en negro de Vicente Huidobro fechada entre 19120 y 1921, un maravilloso experimento. Cierra con «El escolar» (1925) de Albert Gleizes y «El bote rojo» (1917), que lleva la firma de André Lothe. De valor incalculable, repetimos, la colección está cubierta por la garantía del Estado, a lo que se añade un seguro propio suscrito por Telefónica.

No es éste el único depósito realizado en el museo en los últimos años. El director del Reina Sofía quiere destacar «tres muy importantes por su caracter de permanencia»: la colección de Patricia Phelps de Cisneros, compuesta por 35 obras de arte latinoamericano de una de las coleccionistas más renombradas; el depósito procedente de la Foundation Gandur pour l’Art, con 15 obras excepcionales y que atesora una de las colecciones internacionales más prestigiosas de arte europeo de posguerra y especializada en el periodo 1945-1962, y ésta de Telefónica, que pronto recalará en el inmenso museo. Si miramos a los realizados por coleccionistas particulares no se puede pasar por alto el conjunto de la colección de Soledad Lorenzo, formada por 400 obras de 90 artistas y en la que el director del Reina Sofía está trabajando personalmente para poder exponerla lo antes posible. Quizá no sea este año, pero seguro que podrá verse como se merece el que viene.

Mientras llega la colección cubista de la Fundación Telefónica, los responsables del museo trabajan en la presentación de la colección de arte contemporáneo, que abarca desde los años noventa hasta 2007. Se verá en octubre y ocupará una planta entera.

La hazaña cubista de Picasso

Sotehby’s necesitaba un récord como respirar. de ahí que cuando se anunció que salía al martillo un cuadro de Picasso en la casa saltaran todas alarmas. El martes Helena Newman, la segunda mujer que dirigía en la historia una subasta en sesión de tarde (la primera lo hizo en 1990), fue la encargada de cerrar la venta de «la pintura cubista más cara vendida en una subasta». El pintor malagueño, que jamás se ha apeado del trono, volvía de nuevo a primera línea del mercado, si es que alguna vez se había ido. «Mujer sentada» (en la imagen) se vendía por 56,3 millones de euros y en la casa inglesa avanzaban que se trataba nada menos que de «la pieza de arte más cara a la que se le ha dado salida durante los últimos cinco años en la capital británica». En cuanto precios desorbitados, el artista no tiene competidor posible. «Mujeres de Alger» se vendió en marzo de 2015 por 160,8 millones de euros y se coronaba como la obra más cara jamás subastada. El trono, tras un breve reinado de Lucien Freud, volvía a manos del español. «Desnudo, hojas verdes y busto» también forma parte del selecto club de las diez obras que han alcanzado cifras astronómicas, lo mismo que «Retrato de Dora Maar», vendida por 79 millones, y «Muchacho con pipa», cuya venta se cerró por 72 millones.