Halston, el diseñador que vistió a Studio 54

Con su glamour sofisticado y minimalista, este chico de Iowa despidió a la bohemia hippie e inauguró la era del disco.

Una imagen del documental sobre Halston que Frederic Tchen presentó este año en Sundance
Una imagen del documental sobre Halston que Frederic Tchen presentó este año en Sundance

Con su glamour sofisticado y minimalista, este chico de Iowa despidió a la bohemia hippie e inauguró la era del disco.

Fue prácticamente miembro fundador de Studio 54, donde coincidía con sus íntimos Liza Minnelli, Andy Warhol y Elizabeth Taylor, y durante los setenta no había «fashionista» que se preciara que no tuviera uno de sus vestidos camiseros. Pero antes de la fama, la fiesta y las drogas, Roy Halston era sombrerero de Bergdorf Goodmans. Desde allí creó el icónico sombrerito pillbox que lució Jackie Kennedy en la ceremonia de inauguración de la presidencia de su esposo. Años más tarde, en 1969, lanzó por fin su propia firma cuyo lema podría haber sido: «Adiós, bohemios. Bienvenida, elegancia sofisticada». La década de los hippies quedaba atrás y comenzaba la era disco, de la que el estilo Halston fue una pieza clave. Y así como reinventó el glamour se reinventó a sí mismo. Aunque nació y creció en Des Moines, Iowa, donde aprendió a coser gracias a su madre, en 1957 se mudó a Nueva York, se sacudió la imagen de chico de pueblo –que sustituyó por el pelo engominado, gafas oscuras y un cigarrillo perennemente en la boca– y a través de su trabajo con la sombrera Lily Daché conoció a la nata del mundo de la moda.

Pero las que realmente le abrirían las puertas del cielo serían las celebridades que durante una década no vistieron a otro diseñador que a Halston. Entre ellas Liza Minelli, que le adoraba, pero también Lauren Bacall, Bianca Jagger y Elizabeth Taylor. Y las llamadas «Halstonettes» que le acompañaban a todas partes. En 1973 la hija de Judy Garland le acompañó a Francia, donde Halston mostró una colección en el Palacio de Versalles junto a otros cuatro diseñadores americanos y cinco franceses. A pesar de sus ataques de furia durante los ensayos, el espectáculo musical que presentó –con Minelli como estrella– rompió con todas las normas, entre otras cosas porque contrató para la ocasión a una docena de modelos negras. Fue el día que alcanzó la cima.

Una decisión catastrófica

La pasión por las famosas era una de las muchas cosas que compartía con Andy Warhol. Uno las vestía y el otro las retrataba. Y luego se iban todos de fiesta. Así se sucedieron los setenta y el principio de la siguiente década, con Halston como rey y creador de la estética minimalista que devolvió la elegancia a Estados Unidos tras la locura de los sesenta. Pero en 1981 el diseñador tomaría una decisión que resultó catastrófica: se alió con la tienda por departamentos JC Penney para crear una línea de ropa mucho más accesible. Aunque el contrato fue multimillonario, implicó el rechazo de los ricos y famosos. En una demostración de esnobismo, Bergdorf Goodmans, donde hasta entonces vendía sus diseños, canceló su colaboración con Halston.

De ahí en adelante fue una caída libre hasta el olvido a la que pusieron la guinda el desatado vicio de cocaína del diseñador, que para mediados de los ochenta gastaba hasta tres mil dólares semanales en esa droga; su relación tóxica de diez años, entre idas y venidas, con el artista venezolano Víctor Hugo y su carácter cada día más irascible. En 1988 le diagnosticaron VIH, lo que le llevó, entre otras cosas, a aislarse del mundo durante sus últimos dos años de vida.