Humberto Rivas, la foto somos todos

La Fundación Mapfre recupera su figura y su obra en una completa retrospectiva que reúne 180 fotografías, la mayor parte «vintage».

Rivas trabajó el retrato desde la cercanía, la proximidad de lo personal, como sucede en «María», de 1978
Rivas trabajó el retrato desde la cercanía, la proximidad de lo personal, como sucede en «María», de 1978

La Fundación Mapfre recupera su figura y su obra en una completa retrospectiva que reúne 180 fotografías, la mayor parte «vintage».

Humberto Rivas llega a la fotografía desde puertos cercanos, los de la pintura, el diseño,el dibujo, las artes. Desemboca así en una estética visual muy aleccionada en composición, en el encuadre y la manera de tratar los colores y los distintos monocromos de negros y blancos. La Fundación Mapfre le dedica una retrospectiva y lo hace a partir de las imágenes «vintage», de aquellas que él mismo reveló, porque Humberto Rivas, un barcelonés de Argentina, esto es un argentino que supo echar raíces en la Ciudad Condal, arrastraba una conciencia despierta de lo que es una obra y, sobre todo, de cómo debía ser la suya. «Poseía una perspectiva del futuro para sus imágenes. No todos los artistas tienen una visión tan clara de lo que quieren generar, de lo que debe ser su trabajo. Él sabía perfectamente lo que no quería que fuera su legado», comentó Pep Benlloch, comisario de la muestra, durante su presentación. Dividido en cuatro secciones –«Argentina/norte», «Barcelona». «Inicio del color» y «Un proyecto de vida»–, el montaje supone un completo recorrido por un creador que combatió por darle la distinción de arte a la fotografía y que irrumpió en España una generación antes de que en nuestro español se impulsara definitivamente esta expresión. «Sus enormes conocimientos de arte le dieron una enorme superioridad en la organización de los encuadres», comenta Benlloch, que no elude, tampoco, la influencia y «la maestría que ejerció sobre los fotógrafos españoles».

«Violeta la Burra»

Humberto Rivas se convirtió en un excelente anatomista del retrato, un creador que renunció a las prisas y que parecía captar el fondo de sus modelos con la luz. «Conocía con anterioridad a la mayor parte de las personas a las que fotografió. Establecía una relación personal con ellas y solo luego las retrataba. No repetía casi nunca, salvo en el caso especial de “Violeta la Burra”», explica Benlloch. Violeta la Burra era un transexual que entabló una sincera amistad con Humberto Rivas. El artista le dedicó varias series, algo que nunca sucedía. un catálogo de instantáneas que hoy en día forma parte del recorrido más clásico y esencial de su trayectoria. Pero Rivas poseía una mirada múltiple, capaz de ver en el jardín de lo habitado el mundo de las personas, pero, también, de captar la tristeza de lo deshabitado, esas franjas suburbiales de edificios, de barrios y periferias industriales que parecen desprovistos de vida humana y donde las arquitecturas respiran un cierto halo fantasmal. Aquí, como en su habilidad para trabajar las gamas de los grises y de profundizar en las distintas oscuridades del negro, es donde sobresalió su talento, al igual que sus composiciones fotográficas en cruz, que suponen su culminación.