Juncker: «Nuestro éxito se basa en el Estado de Derecho»

El Rey Felipe VI posa junto al presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, y el presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker
El Rey Felipe VI posa junto al presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, y el presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker

El presidente de la Comisión Europea (CE), Jean Claude Juncker, ha asegurado hoy que la fuerza de la UE y su "poder suave"se fundamenta "en la regla del Derecho", que permite construir un espacio en el que sentirse protegido y que sus ciudadanos vivan juntos "en una convivencia armoniosa y respetando todas las diferencias".

Comenzaba el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, su intervención con un castellano poco fluido para mostrar su agradecimiento, en nombre de la Unión, que bien le vino para usarlo de metáfora: «Igual que puedo progresar con mi español, Europa también», bromeaba en el tramo inicial de sus palabras. Pronto cambió el político a un francés natal en el que, ya más cómodo, entró a valorar el Princesa de la Concordia: «Es una palabra evocadora. Me dice muchas cosas que hacen referencia a la intersección y comunicación entre el corazón y la mente». Un término que definió como perfecto para «reflejar la naturaleza» de la Unión Europea, ya que ésta es «una cuestión de espíritu y mente, pero también de corazón». Era el arranque de un discurso en el que se detuvo para valorar su segunda visita a Oviedo: «Es diferente porque he visto banderas españolas por todas las calles y es una visión hermosa».

Continuaba así hablando de una vieja Europa, pero de alma joven y activo. «A veces deprimida, pero alegre gracias a la paz de la que disfrutamos tras largas noches de oscuridad. Una conquista de todos los días y que, demasiado a menudo, olvidamos que es fruto de aquellas biografías rotas de las generaciones de nuestros padres y abuelos».

Fundamentó el presidente de la Comisión el éxito de la nación de naciones en «reposar en la norma del Derecho». La misma que «construye un espacio que nos protege y nos permite vivir y respirar juntos en una convivencia armoniosa y respetuosa (...) Europa es la mejor fortificación contra los dramas del pasado. Nos da un hombro en el que descansar. Abre sus brazos y aporta serenidad». Reconociendo que «no todo es perfecto», pero que de la mano, con paciencia y determinación –como «las grandes rutas y ambiciones», puntualizaba– se puede conseguir el objetivo.

Trasladó el luxemburgués sus palabras, de nuevo, hacia España, «que ha conocido todos los tormentos y dificultades que han marcado el ritmo de la Unión». Para referirse a nuestro país como «fuerza motriz y corazón del proyecto común»: «Sin España, Europa sería más pobre», sentenció. Y más allá de naciones, quiso destacar un nombre por encima de todos, el de Juan Carlos I, quien «ha vinculado su destino al de la democracia» y cuya herencia ha sido recogida de forma acertada por Don Felipe en la actualidad, decía Juncker: «De chico en prácticas a un gran Rey».