La misión «celestina» del Duque de Alba

Jacobo Fitz-James Stuart, XVII Duque de Alba (1878-1953), padre de la Duquesa Cayetana, fallecida en 2014, era ocho años mayor que su amigo el rey Alfonso XIII, con quien guardaba cierto parecido físico a juzgar por su esbeltez, sus facciones angulosas y su bigote recortado. Desde muy pequeño, el duque Jacobo (Jimmy para sus íntimos) recibió una esmerada educación angloparlante. Vigilado estrechamente por una «nanny» desde su primera infancia, continuó sus estudios en Gran Bretaña, en el Beaumont Collage, reputado centro jesuita conocido como «el Eton católico». En 1888 empezó el Bachillerato en el madrileño Instituto Cisneros, y luego en el de San Isidro, finalizando la enseñanza media en 1894. Más tarde obtuvo la licenciatura en Derecho por la Universidad de San Bernardo, donde coincidió con Gabriel Maura, duque de Maura.

Pipa y trajes a medida

Parecía un «lord» inglés: fumaba en pipa y vestía trajes confeccionados por los mejores sastres londinenses. Su biógrafo, José Luis Sampedro, aseguraba que en 1905, el Duque de Alba y sus hermanos actuaron en una operación de alta política para proveer a España de reina consorte. Eugenia de Teba nada menos, ex emperatriz de los franceses, emparentada con la Casa de Alba, actuó de «celestina». No en vano ella era amiga íntima de la reina Victoria de Inglaterra, abuela de Victoria Eugenia de Battenberg, con quien se desposó Alfonso XIII en 1906. El monarca español guardó así, desde el principio, una deuda de gratitud con su amigo el duque de Alba, a quien concedió el Toisón de Oro, la máxima condecoración de los Borbones españoles.

No satisfecha con eso, la ex emperatriz Eugenia de Teba se propuso casar también lo mejor posible al Duque Jacobo. Pero, entre tanto, éste pensaba más en su propia carrera política que en otra cosa: entre julio de 1903 y mayo de 1905 fue diputado por Pontevedra en el Congreso y, más tarde, senador. En la legislatura de 1922 participó en la comisión que actuó contra el general Berenguer y pronunció un discurso sobre las reformas tributarias.

El duque Jacobo se convirtió así en una rara avis de la época; en un soltero cuarentón al que se le unía sentimentalmente con la norteamericana Linda Lee Thomas, que años después contraería matrimonio con el compositor norteamericano Cole Porter, célebre por sus producciones musicales de la Metro Goldwyn Mayer y autor de canciones tan emblemáticas como «Beguin the Beguine» o «I love Paris». Jacobo, por su parte, se desposaría con Rosario, Totó, de Silva y Gurtubay, marquesa de San Vicente del Barco y veintidós años más joven que él. La boda se celebró en la Embajada de España en Londres el 7 de octubre de 1920, diez días antes de que el duque cumpliese 42 años. Los padrinos fueron, cómo no, los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, representados por el padre de la novia y la hermana del novio. Nada hacía presagiar al recién casado que su joven esposa, siguiendo el triste destino de los consortes de la Casa de Alba, fallecería catorce años después, el 11 de enero de 1934, de una tuberculosis en el Palacio de Liria.

Desde su boda, Jacobo Alba se dedicó con mayor ímpetu al mundo de los negocios, invirtiendo en las obras del Metro madrileño y en las del Stadium Metropolitano. Asumió también las presidencias del Real Automóvil Club de España, de Telefónica y de Standard Eléctrica, promoviendo al mismo tiempo la construcción del campo de golf de Pedreña, en Santander. En 1928, y con un decidido apoyo de Alfonso XIII, se convirtió en presidente de la Compañía del Golfo de Guinea, cuya finalidad era desarrollar la explotación en aquella zona; abandonó el cargo al ser nombrado ministro en el Gobierno Berenguer.

Aventuras empresariales

Entre sus fiascos empresariales se contaba su aventura, emprendida junto con un grupo de hombres de negocios donostiarras, para crear Aceros Lasarte, compañía que acabó siendo un desastre económico. Pero no por ello su fortuna se resintió, pues era uno de los cinco primeros terratenientes de España, con propiedades que sumaban más de 35.000 hectáreas.

Su currículo internacional era impresionante: doctor honoris causa por el Trinity College de Oxford, miembro de la Academia Imperial de Berlín, de la British Academy de Londres, de la Massachussets Historical Society de Boston y de la de Ciencias de Lisboa. La cordial relación con Inglaterra fructificó en la colaboración con la Residencia de Estudiantes para constituir el Comité Hispano-Inglés en 1923, a iniciativa suya, encargado de promover las relaciones intelectuales, artísticas y científicas entre ambos países. Anglófilo por los cuatro costados.

En busca del Stradivarius

El duque Jacobo fue un personaje relevante en el mundo de la cultura. En febrero de 1918 fue elegido numerario de la Real Academia de la Historia, institución que luego dirigió. Dos años después se le nombró académico de número de la de Bellas Artes de San Fernando y presidió el Patronato del Museo de El Prado. Participó también en la construcción de la Ciudad Universitaria madrileña y sugirió a Alfonso XIII que enviase a los infantes Alfonso y Beatriz a Estados Unidos para recaudar fondos con tal fin. En la música se distinguió por ser miembro de la Junta de Patronato del Teatro Real, desde donde organizó funciones de los célebres ballets rusos de Diághilev, acompañando también en 1926 a Alfonso XIII a la casa londinense W. E. Hill&Sons para intentar recuperar la viola de Stradivarius sustraída por los franceses durante la Guerra de la Independencia.

@JMZavalaOficial