Aquellos indios de plástico

El reciente Premio Málaga de Novela ha sido otorgado, con todo merecimiento, a «Sol poniente», del periodista cultural, crítico literario y ya reconocido narrador –«De hombre a hombre» (1997), «El perdón de los pecados» (2003), «Plano detallado del infierno» (2007), «Hostal Parisién» (2003)– Antonio Fontana (Málaga, 1964). Es el suyo un estilo realista, de tenue lirismo, personajes de excelente construcción psicológica, logrado planteamiento de los conflictos argumentales, acertado retrato de ambientes costumbristas y cuidada prosa clásica.

Sus temas habituales son el paso del tiempo, el descubrimiento del amor, la función del recuerdo, el entorno de amigos y parientes, o las inciertas expectativas del porvenir. Arranca la novela premiada «siendo el olor de las higueras de las tardes de mi infancia» lo que lleva al narrador-protagonista, algo proustianamente, a una íntima evocación del pasado, a su incipiente adolescencia, donde fluyen intensas peripecias familiares que nos remiten a la Málaga de principios de los pasados setenta.

Singular comedia humana

Hallamos aquí las figuras de la protectora madre y el desnortado padre; los hermanos, uno en particular, con una deficiencia mental de nacimiento y en cuyo diagnóstico clínico se especifica la particularidad de sus «ojos en sol poniente»; la fuerte personalidad de la abuela, de sabia sentenciosidad y aquilatada experiencia vital; sus excéntricas amigas, la Perruna –ceremoniosa pitonisa– y la impenetrable Top Secret; sin olvidar a los chicos del barrio, sus profesores, la vecindad... una singular comedia humana de punzante emotividad y sensible desarrollo.

Característicos objetos, simbólicos referentes de época, edifican un imaginario colectivo de acentuada sentimentalidad: fotografías de bordes dentados, ajados adornos navideños, figurillas de indios y vaqueros de plástico; o el frecuente visiteo parental, y las domingueras, familiares excursiones a la playa en el atiborrado vehículo utilitario de turno. Y todo ello, con pautado humorismo, entre los vaivenes del despertar sexual, la formación de la personalidad, la lucha contra los complejos, y las inquietudes del incierto futuro. El cine, a través de emblemáticas películas como «El mago de Oz» o «Lo que el viento se llevó», supone el complemento a una educación sentimental forjada también con los modelos éticos y los héroes imaginarios que viven en la pantalla. Sostenía Miguel Delibes que en una novela no podían faltar «Un hombre, un paisaje y una pasión»·, ingredientes que habitan sobradamente las páginas de este libro intenso y conmovedor.