El demonio totalitarista

Danilo Kiš critica la intolerancia en una obra erudita y lúcida. «Lección de anatomía». Danilo Kiš. acantilado. 384 páginas, 26 euros

Danilo Kiš es un escritor que resulta tan moderno como inclasificable. Capaz de componer una obra tan inusual como es «Enciclopedia de los muertos», o de rastrear la historia de Europa Central a través de breves y potentes relatos. El escritor yugoslavo sufrió en carne propia los embates del comunismo después de la publicación de «Una tumba para Boris Davidovich», un libro que en el momento de su publicación le pareció intolerable a las personas que componían el gobierno de su país, que terminó montando una campaña de desprestigio en su contra y de la cual el autor de «Circo familiar» y de «Laúd y cicatrices» se defendió con esta diatriba demoledora.

«Libro de la redención», llamó Kiš en 1978 a esta «Lección de anatomía», compuesta como una perfecta metáfora completa y en la que disecciona las curiosas y complejas relaciones que a menudo se tejen entre el arte, el poder y, también, el poder del arte. Una manera, en cualquier caso, de responder con un texto soberbio y sagaz al estado de delirio y persecusión que marcó el pulso de los totalitarismos europeos a largo del convulso y bélico siglo XX.

Una crítica soterrada

Sea como fuere, el «affaire Kiš» había comenzado en el año 1976, cuando la Unión de Escritores de Yugoslavia le acusó de plagio por haber incluido testimonios de Steiner y Kravtchenko en «Una tumba para Boris Davidovich». A pesar de que en el libro ninguno de sus personajes eran yugoslavos, las autoridades creyeron (acaso con razón), que detrás de esta obra maestra de la modernidad que, según el poeta y premio Nobel de Literatura Joseph Brodsky, «dota a sus moribundas metamorfosis de una belleza adicional», se escondía una crítica soterrada y terrible, por lo acertado, hacia los mecanismos que conducen al hombre, y a las sociedades, hacia el fanatismo y la intolerancia, dos enfermedades que nos han arrastrado hacia algunas de las peores atrocidades que hemos cometido.

Exiliado desde entonces en Francia, en concreto en París, Danilo Kiš, que se sentaba a «escribir cuando un dilema y una duda intelectual, moral o lírica, han crecido dentro de mí hasta tales proporciones que siento la necesidad de comunicárselo a alguien», se defendió escribiendo este libro en el que se dan cita la erudición elegante, la inteligencia sutil y un análisis pormenorizado de la historia del arte y de la posición del ser humano ante el poder y el sentido estético. De ese modo, «Lección de anatomía» es mucho más que una invectiva perspicaz; es, de alguna manera, un tratado sobre la banalidad, la sinrazón y el oscurantismo que se esconde detrás de toda ideología totalitaria, uno de los demonios que ha atormenado al hombre en el siglo XX.