Ésta es mi identidad

«Todos, eventualmente, nos convertimos en nuestra ficción». Eso dice Eduardo Halfon en algún momento de su nuevo libro, «Signor Hoffman», donde, a través de seis relatos conectados entre sí, el autor guatemalteco traza el itinerario de un hombre que se ha acostumbrado a vivir entre el nomadismo y la levedad. Un hombre, en este caso un escritor, que es capaz de estar en medio de los cafetales guatemaltecos, en la frontera con Belice, en las calles de Harlem, en un barrio de Polonia, en un antiguo campo de concentración de Calabria o en cualquier punto del mapa porque, allí donde se encuentre, siempre tendrá una historia que contar: la suya propia, que comienza con un abuelo polaco que, tras salvar su vida en Auschwitz gracias a la ayuda de un boxeador, llega a Guatemala huyendo del nazismo y el horror.

Como en algunos de sus otros libros, especialmente en «El boxeador polaco» y «Monasterio», Halfon también se sirve ahora de su corta biografía y de su pasado familiar para indagar en las raíces de su identidad y seguir componiendo una obra cuyos temas parecen girar siempre alrededor de temas como la escritura, el viaje, y la búsqueda de una historia personal que sea, de algún modo, una historia colectiva.

En ese sentido, no es extraño que Halfon, en su nuevo libro, se permita situar sus seis relatos en territorios tan personales y extraños como las zonas rurales de Guatemala (un país con el que no se siente tan estrechamente ligado), las playas del Atlántico o el barrio polaco de Lódz (el primer gueto abierto por los nazis en noviembre de 1939 y donde vivió su abuelo antes de ser enviado a Auschwitz) pues, como señala el propio autor en algún momento de «Signor Hoffman», no importa dónde ocurra nuestra historia. Lo importante, dice Halfon, es simplemente «escribirla, narrarla, dar testimonio». O lo que es lo mismo: poner en palabras la vida entera.