Irracional populismo

Se ha perdido el «verdadero nombre de las cosas», se quejaba Catón, según Salustio, al denunciar el estado de la política en la gran crisis de la República romana causada por Catilina. Los sofistas no dicen lo que piensan, sino que actúan con descaro e ironía para halagar los oídos de las votantes. La verdad de los hechos, en suma, no corresponde con las palabras que usan los políticos, que prodigan sin racionalidad consignas clave para un público cautivo que parece que quiera ser engañado. ¿Nos suena a estos tiempos de «posverdades» y hechos alternativos? Pues sí, y así lo demuestra este esclarecedor ensayo de Mark Thompson, periodista y presidente de «The New York Times». El libro, titulado originalmente «Enough Said: What’s Gone Wrong with the Language of Politics?», pone sobre el tapete una de las viejas cuestiones, quizá el problema por excelencia, de los regímenes participativos desde su invención en el mundo antiguo: la relación entre lenguaje y política, o bien, cómo la oratoria política condiciona el debate democrático y en qué medida debemos cuidarnos de ejercitar una «buena retórica» –como diría Platón para diferenciarla de la «sofística»– para evitar la crisis y la ruina del sistema participativo.

La palabra es la herramienta con que el representante político se sitúa en el espacio público para el debate indispensable para la democracia: pero cuando es manipulada con argucias sofísticas –o de falsa negación de la retórica por un discurso presuntamente «populista»– y se usa meramente como arma arrojadiza para la lucha de facciones se pueden producir graves disfunciones que pueden acarrear el colapso del sistema. La demagogia griega y el populismo romano son precedentes claros. Pero Thompson, que empieza con Platón y con la Retórica de Aristóteles, el primer autor que habla del «ethos» y el «pathos» como más importantes que el logos para el orador, acaba hablando de Berlusconi, Sarkozy o Trump. La «posverdad» y el discurso agresivo del populismo y el nacionalismo, que divide profundamente a la ciudadanía, es criticado por su rechazo del debate racional y epistémico que ha de significar la democracia. Viejas lecciones en un nuevo, actual y apasionante ensayo. No se lo pierdan.