No critiques tanto a Polonia

Polonia se une a la moda policiaca con un nuevo detective: el fiscal Teodor Szacki. Tras «El caso Telak»(2007), se traduce en España la segunda novela de Zygmunt Miloszewski, «La mitad de la verdad» (2011), un confeso seguidor tanto de Mankell como de Larsson. Del primero ha tomado el taciturno carácter de Wallander, antipático y con tendencia al malhumor, y del segundo la crítica política y social que esconde, bajo un manto de encanto provincial, los viejos demonios nacionalista del antisemitismo histórico. El juez Teodor Szacki es un hombre recto, un tanto mujeriego y con una honda herida narcisista que un destierro voluntario en un pueblo de provincias hace que se manifieste de forma tan hiriente como el nihilismo polaco que destila su personaje. El autor lo describe como un sheriff orgulloso y provocativo. Rígido, pragmático y de una seriedad excesiva. Firme en sus convicciones legales, como quien se encuentra en el lugar correcto y todos sus actos sirven al bien y la justicia.

Lo singular de este pétreo personaje es su malestar vital debido a un conflictivo divorcio y un espíritu autocrítico desmesurado, que se anuda a su crítica inmisericorde de Polonia. Por eso Zygmunt Miloszewski ha situado la acción de su segunda novela en una ciudad provinciana, Sandomierz, un microcosmos del nacionalismo polaco acechado por el fantasma del antisemitismo, que el autor desmenuza con saña.

Es en provincias donde mejor se aprecia «el odio antiguo» que se genera día a día en estas ciudades donde todos conocen los secretos íntimos de los demás y acumulan agravios históricos que pueden desembocar, como en esta obra, en unos terribles asesinatos.

Demonios oscuros

Parte de la novela se dedica a investigar tres crímenes en relación con el pasado antisemita de los habitantes de Sandomierz, y las claves que van apareciendo marcadas por el deseo de despertar los demonios oscuros del odio a los judíos –hoy inexistentes–, los pogromos y el recuerdo de la violencia comunista implantada en Polonia tras la II Guerra Mundial. Espectros que enmascaran las intenciones del asesino. El gran acierto de Zygmunt Miloszewski es haber trazado con pulso magistral una novela de ideas con trasfondo histórico en medio de un caso de intriga policíaca convencional: la clásica novela de enigma en un entorno provincial. El autor busca relacionar los sucesos criminales con la cultura polaca, desconocida para los europeos. Un mundo todavía atrapado entre su pasado antisemita y las lacras de más de cuarenta años de comunismo.

En cuanto a la intriga, se resuelve con brillantez. Hay momentos emocionantes y de gran tensión narrativa y una galería de personajes que atrapan al lector de la forma más delicada: entre la emotividad y una paciente construcción literaria digna de un gran escritor. Puede parecer excesivas las críticas al carácter polaco y su mezquindad, pero cuanto se nos cuenta en «La mitad de la verdad» es tan universal que tiene su correlato en cualquier ciudad provinciana de Europa. Añádase un sentido del humor cáustico, un tono narrativo arisco y antipático, paralelo al humor negro del fiscal Szacki, y una exuberante prosa que envuelve al lector con firmeza y podrá decirse que el libro es uno de los más relevantes títulos de esta temporada, que sigue la máxima de Holmes: «Cuando todo aquello que es imposible ha sido eliminado, lo que queda, por muy improbable que parezca, es la verdad».